domingo, 19 de marzo de 2017

Mensajero Mutante Nivel Diablo.

Es todo aquel mensajero que le pongan donde le pongan, cae de pie y saca la ruta. De esos he tenido a mi lado a varios y a un par ejerciendo de Maestros, enseñándome a manejar el rabo y los cuernos. Hace tiempo se fue Víctor a otra empresa y esta semana, Iván me dejó huérfano; tenerle a mano era una red de seguridad y contar con su ayuda, incluso hasta el último momento, era oxígeno vital, me daba tiempo del que siempre vamos deficitarios.
Cuando empecé y les vi trabajar, me asusté pues lo que hacían era evidentemente complicado, de un grado de exigencia mental muy grande; además había que ser piloto, saber cubicar una furgoneta, ser organizado, responsable y ser capaz de manejar mientras escribís en la agenda electrónica o atendes llamadas a la misma que no entran por bluetooth y estas atento a los mensajes que te llegan al teléfono; incluso escribir la información que te pasen en una llamada mientras pisas el acelerador, se trabaja contra reloj.                                                                        De eso van a cumplirse dos años; en este tiempo me he ido descubriendo copiándoles tácticas y estrategias e incluso, desarrollando nuevas que al comentarlas con alguno de ellos les sorprendió pues no son propias de un novato, son atribuibles a los Mensajeros Mutantes de Nivel Diablo y para redondear, las adoptaron carcajeándose; no hay nada como ayudar a un perejil a convertirse en alguien efectivo, eficaz y si se arrima a ser uno más de la exclusiva categoría de los Diablos, mejor que mejor.
Saberte respetado por esos que despuntan, te ayuda a aguantar todo lo que se debe soportar para llegar a poder sacar adelante una ruta como mensajero: máxime si la que te ha tocado es para que la haga un Diablo y no un novato, más perejil que otra cosa. Ese detalle no se les escapa; solidarios te tienen paciencia y te ayudan, saben que nadas en excrementos y te ven pelearla con coraje desmedido a diario sin entregarte jamás, sin aflojarle ni sacarle el culo a la jeringa. Te observan y saben que no tenes ni idea de que esa ruta que te dieron es para que la encare alguien experimentado tirando a Diablo, ahí empiezan a respetarte las ganas y a darte información vital para poder manejarla; alguno siempre la conoce y te pasa los datos que son fundamentales, te ayuda a cortar camino. O directamente te saca paquetes para que puedas parara a morder algo a mediodía; o hacen todo eso y más.
La tardecita que le mostras un truco tuyo, propio, que nadie te enseño, te lo inventaste, a uno de ellos y percibís que no solo le gusta, lo hace suyo pues es una genialidad propia de un Diablo; caes en la cuenta de que te estas convirtiendo en uno de ellos; cuando el truco es adoptado por todos, sabes que estás en el camino correcto. Kilómetro a kilómetro, entrega a entrega, vas acercándote a ser como ellos y solo es cuestión de tiempo que estés a su altura; percepción que se afirma cuando despidiéndote del ahora amigo, los otros Diablos opinan que ya sos uno de ellos, un Mensajero Mutante de Nivel Diablo.                                                                         
Me falta, me falta, no soy un Diablo, pero lo seré antes o después, no hay ninguna duda, no las tengo; no hay nada como tener buenos Maestros de quienes aprender, así es todo mucho más fácil; además hago trampas, jejejejejejejej, dado que recurro a las enseñanzas obtenidas en el estudio del Judo; las aplico descaradamente en busca de conseguir sacar adelante el trabajo por aquello de que el Judo no empieza ni termina en el tatami, y sus principios son aplicables a cualquier aspecto de la vida. Un Diablo no sigue el camino que le marcan, inventa uno propio; hace lo que le sale de los cuernos pues si sigue los protocolos, la ruta no sale… en ese aspecto ya soy un Diablo.

¡Gracias Iván! ¡Nos vemos en el asfalto!                                                 

sábado, 18 de marzo de 2017

Saber elegir entre Ortodoxia y Efectividad.


El Judo es un Arte Marcial. Lo más cerca que nos ponemos de una situación real, de un combate a muerte son los Shiai, tanto en clase como en campeonatos; es altamente improbable que nos veamos inmersos en una pelea (combate) fuera de los Dojos o de un tatami donde nos enfrentemos a otros Budokas o a Luchadores que no sean Budokas y por axioma básico, no usamos lo que aprendemos en el Dojo fuera de este salvo rigurosas excepciones lo que nos facilita olvidar que estamos aprendiendo a COMBATIR cuando estudiamos Judo, entre otras muchas cosas.
Si, combatir, pelear, luchar, fajarse, etc.
Disfrazamos al Judo de deporte civilizado, tanto que perdemos de vista la fuerza, la efectividad y la capacidad de ser letal que nos proporciona; no pensamos que aprendemos a matar y no sabemos que cada Ippon simboliza la muerte de quien fue proyectado o se rindió. Si, cada vez que te rendiste o fuiste proyectado, moriste simbólicamente, te superaron, te ganaron, te mataron. Y está bien conseguido, espectacularmente conseguido; entiendo que es una de las mejores cosas que posee el Judo, puede pasar por ser dócil, civilizado e inocuo; algo muy positivo de cara a formar a los jóvenes que para cuando saben el poder que han adquirido, han absorbido el marco filosófico para administrarlo y eso es absolutamente genial.
Para transmitir, enseñar adecuadamente, se debe ser ortodoxo e insistimos tanto en eso que llevamos a quienes practican a creer, pensar que siempre deben ejecutar las técnicas de esa manera, pero al hacerlo les limitamos pues no siempre resulta adecuado, estando inmersos en un combate.         
¿Cuántas veces nos han superado pues han agarrado sutilmente diferente? ¿O radicalmente? ¿O sencillamente nos hicieron algo que no está en ningún lado reflejado? Yo puedo decir que cientos de veces y que soy uno de esos que guardan la ortodoxia técnica para el examen o para enseñar, trasmitir pues considero que atarse en un combate es condenarse a ser derrotado. La ortodoxia te hace previsible y ese es un lujo que ante un Judoka, Budoka o Luchador de la clase que sea no te podés permitir. Ni siquiera en la clase frente a los compañeros que despuntan, aquellos que están entrenados y van muy finos; los fuertes, rápidos…los técnicos o los veteranos que no parece que tengan nada en sus Judoguis con lo que amenazarte y resulta que son letales cuando les das medio segundo para prepararte la emboscada.
Donde más lo veo en el suelo, en Ne Waza pues muchas veces se les escapa la oportunidad por querer agarrar como si fuera un examen. Cambian la postura, se mueven para hacerlo generando una oportunidad que el compañero aprovecha para escapar e incluso les contra llevándoles a rendirse; pasando de una situación ideal para imponerse a una derrota.                                                    

Resulta complicado hacerles ver la diferencia y la sutileza que esconde; es contradictorio lo que lo hace engorroso. Para alguien con experiencia resulta natural, pasa de un modo al otro sin pensarlo, sin pararse a considerar lo que hace o el motivo, salvo que sabe por experiencia que necesita cambiar para superar al compañero y simplemente lo usa.                        
Cuando estas con un compañero que sabe tanto o más que tú, ganará quien sorprenda; quien más haya trabajado, quien más veces haya repetido el movimiento, la técnica hasta pulirla y hacerla efectiva. Lo hacemos habitualmente, sin pensarlo; buscamos engañarle; recurrimos a amagues, combinaciones y todo tipo de estrategias que solo buscan esconderle el ataque que será definitivo y estacionamos la ortodoxia con alevosía para conseguirlo.

No quiere decir que la ortodoxia no sea efectiva, no; pero cuando solo somos ortodoxos perdemos efectividad al no tener el factor sorpresa-engaño de nuestra parte pues el compañero-adversario sabe perfectamente que vamos a hacer y así es mucho más difícil ganarle.Y lo más importante: primero se aprende la base, la ortodoxia y después se pasa a ser un artista que crea sobre la marcha según necesidades puntuales del momento sea Randori o Shiai.          
Sin Ortodoxia no hay nada que construir, es la base desde la cual nos proyectamos, pero llega un punto en el que debemos abandonarla siempre que sea necesario en harás de ser efectivos; hacer que se entienda lleva tiempo; ni siquiera sé cuándo lo entendí o quien me lo hizo ver; simplemente me descubrí no siendo ortodoxo y nadie me llamó la atención al respecto, me dejaron ser creativo con una sonrisa ladina que recién hoy comprendo cabalmente; esa sonrisa del Sensei que solo suelta cuando ve a un alumno que por fin entiende las enseñanzas dándole esperanzas de que no es estéril tanto trabajo, tantas explicaciones, tantas horas quemadas sin ver resultados pero sin abandonar jamás la convicción respecto a lo que otros le enseñaron y él procura perpetuar.                                                                                             
Créanme si les digo que esa sonrisa no es patrimonio de un solo Sensei, se la he visto a varios en el transcurso de mi periplo aprendiendo Judo; todos apretan con la ortodoxia y todos apuestan a que sepas elegir un día cuando toca usarla y cuando no, fíjate que como mucho te dirán que en un campeonato eso que acabas de hacer no vale pero que es perfectamente válido si hablamos de Judo.

La ortodoxia es efectiva, sin ninguna duda pero se llega a un estadio en el que nos limita, entenderlo, saberlo y actuar en consecuencia nos liberará de ataduras haciéndonos más efectivos que es de lo que se trata estando inmersos en un Randori o ni hablar en un Shiai.

viernes, 17 de marzo de 2017

¿Aprender a caer o hacer pesas?



Desde el momento en el que entras a una clase de Judo por primera vez hasta que dejes de entrenar o mueras, estarás aprendiendo; quemando etapas, superándote de muchas maneras.                                                             
Al principio todo es nuevo y solo aprender a caer se antoja difícil; es la base, saber caer te abre el amplio abanico de técnicas que conforman el Judo; miras a los compañeros de la clase y pensas que no lo conseguirás, hacen cosas que se te antojan imposibles; te resulta evidente la complicación técnica que enraban y no te ves consiguiéndolo. Si ni siquiera les aguantas el calentamiento, la gimnasia previa ya es exigente, demoledora cuando empezas; no atinas ni a meter suficiente oxígeno en los pulmones como para pensar en saltar sobre tres compañeros, volar y hacer una caída.
He notado que, por regla general, cualquier aspirante entiende las normas bastante rápido y las observa, pero también que no suelen escuchar a quienes llevan años de ventaja y tienen experiencia, ya han pasado por esas etapas, han pagado un peaje, han obviado los consejos, han sido cabezones y porfiados; solo quieren evitarte tantos rodeos e intentan aconsejarte, mostrarte el camino, la dirección por la cual deberías ir.                             
Todos hemos pensado que necesitábamos más fuerza cuando empezábamos y veíamos que nos vapuleaban con extremada facilidad; todos caímos en la trampa de creer que se trata de fuerza, la propia pues no teníamos cómo saber qué es la suma de las fuerzas de ambos; fundamento que lleva tiempo asimilar y más todavía llegar a dominar. Se puede resumir así: si tiran de ti, avanza empujando sutilmente, si te empujan, retrocede tirando.                                              

Claro que se escribe fácil y se lee de igual manera, llegar a entenderlo ya no lo es tanto y dominarlo costará años de arduo trabajo pues no es tan simple como lo escribí si bien es un buen resumen. Lo primero que hacemos es meternos en la sala de pesas y trabajar la musculatura, generalmente antes de la clase de Judo con lo cual estamos reventados antes de terminar de calentar y se resiente la calidad del trabajo que hacemos en la clase.
Invariablemente te recomendarán que dejes las pesas y hagas caídas, que las pulas por aburridas e inicuas que te parezcan; te insistirán en eso mucho y generalmente no harás caso; seguirás con las pesas, convencido.         
Es notable que hagamos caso en infinidad de cosas, pero se nos atragante eso de las caídas y nos metamos en la sala de pesas e incluso preparemos en el patio de casa un circuito que nos debería fortalecer para que no nos muevan tan fácilmente en la clase, perdiendo la perspectiva de que quienes lo hacen, llevan mucho tiempo entrenando, han adquirido técnicas, conocimientos que les proporcionan ventaja y algo fundamental: ¡dominan las caídas! Al despreocuparse de ser proyectados pues no es un problema, se enfocan en proyectar; en buscar una combinación que se resiste o simplemente ir practicando diferentes técnicas o variantes ante un desarbolado aspirante que nota con la facilidad que lo llevan de un lado al otro y lo sacan volando o le levantan del tatami siempre que quieren.

Todo sin apretar a fondo el acelerador y cuidándonos, es tan evidente que solo hay que verles cuando se ponen con otros que tienen nivel, entonces te percatas de que contigo están en modo juguetón; esas entradas que les ves hacer son letales y esas caídas tienen que doleeerrrrr; o deberían, pero se levantan de un salto y vuelven a enzarzarse. Alguno incluso ríe abiertamente, disfrutando de ser derribado violentamente pues a todas luces, si te sacan por encima de la cabeza, hay un metro y medio largo hasta el tatami y te impulsan haciéndote ganar velocidad, la caída tiene que ser dura por fuerza por más que parezca que no les pasa nada.
Cuando dejas de ser un aspirante, un Kyu y llegas a Sho Dan, el anhelado Cinturón Negro haces aquellas cosas que se antojaban imposibles y tratas de mostrarles el camino a los que vienen a aprender Judo y ¡te sentís como quienes trataban de hacerte entender que es más importante mejorar las caídas que hacer pesas!   
Bueno, ahora soy yo quien pide que hagan caídas y explica que hacer pesas no es necesario, no en esa etapa, más adelante igual si o no pero nunca antes de ser un experto cayendo; nunca antes de dominarlas perfectamente.                                                                            

Nadie puede recorrer el Camino por nosotros y aunque traten de facilitarnos la tarea, hay etapas insoslayables que debemos atravesar antes de poder avanzar; entenderlo y aceptarlo es necesario siempre que pretendas enseñarle a un aspirante que ser un experto haciendo caídas es anterior a encarar circuitos de pesas para fortalecerte. Hay que tener paciencia, mucha e insistir; tal y como hicieran conmigo en su día.

Por si alguien no entendió: primero caídas, caídas, caídas; saber caer es lo que primero que debemos trabajar.

domingo, 12 de marzo de 2017

Vínculos y daños colaterales.

La niña que llegó con 9 años al gimnasio y se ha plantado en los 13, está enojada con el universo, no le hace caso a nadie y nadie es casi nadie; aparece discutiendo con la madre que viene frenética, completamente sacada y pretende, la adolescente, lo intenta, hacerse la loca conmigo.          
Esgrime argumentos para justificar que deja el Judo, la verdad que subyace es que ha pasado a entrenar con la clase de los adultos cada viernes, preparando el salto que en nada deberá afrontar y en la misma, no hay niñas ni niños, de adolescente para arriba y es mucho más duro. En los campeonatos se topa con adolescentes que le superan en algún apartado, ya no gana fácilmente y eso se le hace cuesta arriba como a todos. La escucho con atención, no voy a darle una sola oportunidad, cuando retruque le desarbolare cada uno de sus argumentos y conseguiré que siga haciendo Judo o que se anote en cualquier deporte, tres veces por semana, dos horas.

Con 9 años me busco para hacer Randori, llegaba temprano al borde del tatami, con el Judogui puesto, preparado y les observaba, aprendía la fortaleza y las debilidades de quienes en el futuro estarían con nosotros en la clase; ganaba tiempo, preparaba estrategias y me iba ganando su confianza y su respeto. Es mi manera de tejer un vínculo poderoso, vinculo en Judo, mucho antes de lo previsto que me proporciona ventaja estratégica, táctica, humana…despreciable actitud a la que no le pongo excusas, es una guerra sucia contra la deserción y el abandono; si se trata de ser creativo y de peleas, las que sean, yo no guardo para mañana, puedo ser derrotado hoy, lo mejor es tener bien atado todo por si eso pasa.      

Cuando un niño o niña quedaba sin pareja para hacer Randori, yo entraba y me ponía con quien había quedado solo. No les dejaba elegir, no habrían aceptado, pero tras probar, todos querían ponerse conmigo, si la entrada que me hacían era buena, yo caía y ellos volaban para todos lados, soportaban caídas dulces, controladas, de esas que no parecen una caída. Esa niña vino a buscarme sería, convencida, le sobraba coraje y no media más de un metro ni pesaba 40 kilos; su padre observaba junto al resto de progenitores que podían estar presentes a pesar de sus obligaciones.

Lleva algo así como 4 años haciendo Randori conmigo, hemos ido subiendo la intensidad; me ha estrangulado, luxado, inmovilizado y proyectado; a cambio ha entregado un coraje y pundonor encomiables; tiene capacidad física, espiritual, emocional, mental y madurez por encima de su edad y es inteligente para captar los trucos, los detalles lo que la hace disfrutar de la ventaja que proporciona ponerse con un Sho Dan tres veces por semana cuando se para frente a la gente de su edad.
Me hace caso, no me falta jamás el respeto, no me deja hablando solo y no me hace llamarla tres veces, sobra con una. Hay un nexo, el vínculo que he generado es profundo con ella y con sus padres que han visto que, a mí, me escucha y obedece, un milagro a tener en cuenta.
- ¿Qué pasa?
- Dejo de entrenar.
- Dejas de venir a Judo, te anotas en cualquier actividad física, tres veces por semana, dos horas. En casa dando guerra no podés estar, necesitas desahogarte, para controlar ese carácter y estas acostumbrada a hacer ejercicios intensos, si te quedas en casa, sufrirás. Para un desarrollo correcto tenes que hacer ejercicio.
- ¿No te importa?
Los ojos como platos, la sorpresa es máxima, esperaba otra respuesta, ya la he sacado de su estrategia, ya es mía, solo hay que jugar duro, aprovechar el vínculo.
- Claro que sí pero primero estas vos y lo que necesitas. Lo que yo quiera o me guste no tiene ningún peso. Nunca lo ha tenido y nunca lo tendrá, lo que importa es tu bienestar y si en Judo no lo conseguís, que sea en otra actividad.
Muda de asombro me observa, algo no le cuadra, algo chirría, jamás de los jamases espero que yo le dijera así de fácil que se lo dejara; se preparó para el combate dialéctico, no sospeso que sería Shiai y olvido a quien se enfrentaría, subestimar al adversario es letal.
- Deja Judo, pero te pones a hacer un deporte, tres veces por semana, dos horas por sesión y entrenando de verdad, buscando los límites. Lo necesitas para desarrollarte en óptimas condiciones y para controlar ese carácter tan jodido que tenes, necesitas desahogarte y los dos lo sabemos. Si te vas, tu lugar vacío me recordara que no fuimos capaces de darte lo que necesitabas. Si es para que te sientas mejor y seas feliz, sos libre de dejar de venir. Ahora ponete el Judogui y hace tu mejor clase; que tus compañeros no noten tus dudas ni que manejas irte y no sueltes lagrimitas, soy inmune. Si hay otra clase después de hoy, búscame para hacer Randori, si tengo que buscarte, será Shiai. Anda a cambiarte, se hace tarde.

En silencio la observamos entrar al vestuario, la madre lloraba mansamente, inevitablemente teníamos un vínculo tan fuerte como el mío con su niña y necesitaba calmarse.
- No se lo va a dejar, hoy no ni por estas razones, quédate tranquila. Voy a cambiarme y pararme junto al tatami, si me pide para hacer Randori sabremos que ha decidido quedarse.  
- Es muy cabezona.
- No más que yo a su edad.
Y es rigurosamente cierto.

Me pidió ese Randori un poco mosca, probablemente empezaba a entender la clase de emboscada que le había tendido, fue agarrarme y notar que algo había cambiado, me miro puro ojos, en los míos leyó que la cosa se ponía un poco más sería y debería esforzarse de verdad. Lo acepto sin más y soportó las caídas estoicamente, ese Randori no encontró la manera de atacarme, solo caía y ocupada en tratar de evitarlo, olvido razones, motivos, excusas y se dejó llenar de Judo.
No fue necesario tener otra charla, ella me buscaba en cada clase y hacíamos Randoris intensos; un lenguaje común que nos permitía expresarnos mejor que con palabras pues estoy cerca de dominarlo o eso espero y ella entendía mejor que los sermones.

Han pasado los años, algo así como 15, sigue haciendo Judo, ya no estoy yo en su clase; no la veo y no importa, lo que importa es que se mantuvo, mantiene, en Judo y capeo el temporal con valentía y coraje sin dejar de estudiar y tratando de ayudar a la madre.
Y ahora es ella la que se para frente a niñas y niños con la responsabilidad de no fallarles y encontrar para cada uno las respuestas que necesitan.

Los padres de la niña rebelde, me saludan con afecto y charlamos unos minutos, cuando nos encontramos; la última vez estaba la niña devenida en hermosa jovencita con varias amigas, le costó venir a abrazarme, como la conozco mucho, solo la mire y espere, vino sola.
- Nunca te di las gracias.
- Cada semana, martes y jueves, a las 17oo, lo haces de la única manera que es adecuada.
- ¿Lo sabías?
- Alguien se ocupó de hacérmelo saber, me dijo que sos una suerte de versión en femenino de mí, disfrutaba mucho al contármelo.
- ¿Eso es malo?
-  Que lo decidan esos niños dentro de 20 años.
- Falta mucho para eso.
- Menos de lo que imaginas. ¿Cómo van los estudios?
- Podrían ir mejor.
- ¿En casa?
- Podría ser mejor.
- ¿Necesitas que te haga reconsiderar tus prioridades?
- No, no gracias.
-  Hace lo que debes, pero ahora por vos misma. Por qué es lo que toca y nada más que por eso.
- Lo intentare.
- No, no me sirve, solo ponete y hacelo, conseguilo. Chau familia, llego tarde, un placer verles.
- No vas a saber si lo hago o no.
- Pero vos sabrás si me fallaste o no. Si te fallaste o no. Yo no te falle nunca.
- Eso no es justo.
-  No, es Judo.
- Eso es todavía menos justo Rafa.
- Nunca te dije que fuera a serlo o parecerlo; nunca te prometí que te trataría diferente por ser una niña y ahora una jovencita. Ya no estoy en tu tatami, ya no soy nadie si queres que no lo sea o soy el mismo de siempre, si queres que lo sea y si es así, es Judo para todo. Mejora los estudios y en casa y déjate de joder, te sobra capacidad. Me tengo que ir.
- Nadie ve al Judo así.
- Error, nadie que tú conozcas, alguien me tuvo que enseñar.
- En la prehistoria.
- Cierto y me he asegurado de que esos dinosaurios vivan en ti. Me dicen que sacas de los niños más de lo que suele ser habitual, que tenes una conexión especial con ellos y que los padres están encantados con tu manera de enseñarles a ser personas de bien.
- ¡Como pasaba contigo!
- ¿Ves que la prehistoria no lo es tanto? Chau linda, hace lo que tu corazón y tu mente acuerden.


Aquella noche pude perderla, pero eso no paso pues tenía al Judo de mi parte y lo use descaradamente, con alevosía y premeditadamente; de paso le proporcione a una adolescente un marco de referencia al que agarrarse, en el que sostenerse.                
Que sea buena enseñando a los enanos va de yapa; que propague aquello que en la prehistoria otros me enseñaron, es un bienvenido daño colateral.

domingo, 5 de marzo de 2017

¿A qué venís a la clase de Judo?

La pregunta se me formuló el martes de esta semana, la hizo una mamá que tiene a dos niñas en el tatami, aprendiendo Judo. Es canadiense, habla poco español, yo hablo inglés básico que usamos para comunicarnos y explicarle un poco que hacen sus hijas; llegó al Dojo con más de una hora de margen, estoy preparado con 40 minutos de antelación y espero observando al Sensei, aprendiendo al hacerlo detalles, variaciones o directamente cosas nuevas que podre usar en el futuro si se cuadra que deba volver a dar una clase de Judo de manera sistemática. La mamá observa a sus hijas y al resto de la clase, le despejó dudas, le ayudó a entender, la hago sentir tan integrada como lo están ellas que no dominan el español.
Es Judo, sigue siendo Judo y este no empieza ni termina en el tatami; llevo el Judogui, me identifica como alguien que en teoría sabe algo de Judo y una madre necesita información, entender qué pasa con sus hijas; el Sensei está ocupado y no domina el inglés, no hace falta que pidan ayuda, intervengo y resuelvo la situación hablando con ella. Judo en su máxima expresión.
La mamá sabe que no soy monitor ni profesor y que no estoy a cargo de la clase, ya le expliqué que soy un alumno; estos meses me ha observado y ha percibido que no actuó como un aprendiz, no le parezco un alumno. Mis explicaciones y observaciones sobre sus hijas le cazan perfectamente y se cumplen mis vaticinios, evidentemente nota que no acabo de llegar al Judo y finalmente formula la pregunta con una carga de curiosidad inmensa.
“Vengo a seguir aprendiendo, en cada clase lo hago, en todas vemos algo nuevo” Le contestó. Es rigurosamente cierto, detalles, variaciones o cosas que no vi antes. Cada clase tiene una perla, con no faltar la tengo asegurada. Me escucha y se sorprende. 
Y le redondeo: “No solo vengo a seguir aprendiendo, también es mi terapia, mi cura. Soy Bipolar, he conseguido con el Judo no tomar medicación alguna, nada. Lo que vivo en el tatami tiene una carga emocional, espiritual y física que no consigo en ningún otro lado. Me centra, da equilibrio y me mantiene cuerdo. Disfruto como no soy capaz de describir, venir vale cualquier sacrificio. Enumerar todos los beneficios que he obtenido del Judo, nos llevaría horas, sería contarte toda mi historia desde los 13 años.”
Giró la cara hacia el tatami, sus hijas se arreglaban el Judogui, la clase terminaba e iban a saludar, volvió a mirarme y preguntó.
- ¿Y cuándo terminarás de aprender para poder enseñar? -
- A los niños, a tus hijas ya podría enseñarles lo básico; a cualquiera que llegue al Dojo sin saber nada, también podría introducirlo en el Judo, para enseñar de verdad, para parecerme al Sensei todavía me falta. El Judo no se termina, siempre estaré aprendiendo. -
- Pero ya sabes mucho, a mí me lo parece. -
- No es suficiente. -
- ¿Quién decide cuándo lo es? -
- Los alumnos, tus compañeros y los Senseis, estos últimos principalmente. -
Llegan las niñas, besan a la madre, felicito a la chiquita que ya se pone una camiseta bajo el Judogui, hace un par de meses no quería ponérsela y le explique a la madre que cuanto antes lo hiciera, antes se acostumbraría, a la larga tendría que usarla, con seis años no era primordial, pero había que conseguir que se pusiera una.                                                                                                                                   
Saludan, se van y saludo para entrar al tatami donde me pongo a enseñar a cinturones amarillos y blancos como mejorar sus caídas mientras esperamos que sea la hora de empezar la clase, el Sensei se demora y un compañero me pide que empiece la clase así que saludamos y empezamos; él Sensei debe atender a padres, madres y niños, no siempre puede estar a tiempo de empezar la clase; un segundo antes de sumergirme de pleno en el Judo, me digo que para cualquiera que observe desde fuera del tatami, no puedo parecer de ninguna manera un simple alumno, sonrió pues hace tiempo que eso es así, puede que esté transitando el camino para llegar a ser un día Sensei y empiezo a dar las órdenes como si lo fuera; mis compañeros obedecen con docilidad, una regla olvidada frecuentemente es que cuando frente a la clase no está el Sensei y se pone un compañero, se le obedece prestamente y se le ayuda a que la clase vaya como la seda; son excelentes Judokas lo que hace fácil guiarles.
Cualquiera que me vea al frente de la clase, no pensara que soy un alumno, me digo pidiendo un cambio, la clase no me ve como uno más, me hacen caso y se esfuerzan; me pregunto qué le pasó a Tony que no ha venido, se le habrá complicado en el trabajo, me muerdo la lengua con dos potrillos que están hablando, observo atento a las dos incorporaciones nuevas para frenarles antes de que se mueran, a los que ya pueden seguir el ritmo sin problemas, al veterano que se regula y va a su ritmo, pido un cambio y me dejo de dar vueltas a las cosas, entró de lleno en la clase, me sumerjo en el Judo, empieza el disfrute más salvaje que conozco: la adrenalina al máximo, el corazón desbocado, los pulmones exigidos, los músculos y tendones chillando amargamente, ríos de sudor empapan el Judogui, el Universo pasa a ser ese Dojo, ese tatami, es ahí, es eso y absolutamente nada más, estoy en el único lugar que conozco donde todo deja de ser importante, todo es relativo…incluso el tiempo, la clase termina antes, mucho antes de lo que me gustaría, como se alargue 10 minutos me sacan en ambulancia, termino agotado. ¡Feliz!

También por eso voy a Judo, para sentirme feliz. 

miércoles, 1 de marzo de 2017

Preparar exámenes de Judo: Afianzar conocimientos y sumar nuevos.


Crecí escuchando a los Senseis afirmar que se debe pasar de grado, hay que ir a los exámenes a buscar la nota máxima posible y para conseguirlo, se preparan a fondo, hasta la extenuación. Desembarcar en un grado y quedarse en él eternamente es permanecer en una zona de confort, esto lo afirmo yo, es de mi cosecha; ya lo intenté siendo un potrillo y por diferentes circunstancias han pasado unos trece años desde la última vez que me pare frente a una mesa de examen, esta vuelta no lo buscaba, no directamente, pero a la larga, es lo mismo: eludía mis responsabilidades y no actuaba conforme a como se me enseño y se espera de mí. (Han esperado siempre mucho y por lapsos de tiempo prolongados; me han tenido paciencia, mucha. Hoy que soy un veterano de muchas cosas, no olvido al potrillo ni a quienes sobre el trabajaron para darle una alternativa o más de una para sus circunstancias.)
Me habría quedado en mi zona de confort, estoy cómodo, eternamente; a estas alturas Sensei Marcelo Erlich no puede amenazarme con prohibirme la entrada a su Dojo en el caso de que no encare y me presente a examen. Nadie puede obligarme a hacer algo que no quiero y si me pongo en modo porfiado, ni el mismo Diablo intenta que cambie de opinión, no se consigue. Tengo, tenía excusas muy válidas para mí y en las que sigo creyendo que no han cambiado, pero hay razones de peso que me han llevado a replanteármelo: no tengo diploma de Monitor. ¡Exacto! Mucho menos de Profesor. Eso está mal, no refleja aquello que me enseñaron ni refleja al joven que en su día no acepto enseñar sin estar titulado y para remediarlo se presentó a Ni Dan, requisito indispensable para poder pedir la mesa de examen de Profesor; ya no soy joven y hoy no estoy frente a una clase de Judo pero eso es meramente anecdótico.                                                                                                                                                 
En España puedo hacer el curso de Monitor, fecha prevista del 1 al 9 de Julio 2017, ya tengo libre esos días pues los tramite con mi Jefa pero para ser Entrenador Nacional es requisito indispensable ser San Dan. Puestas así las cosas y decidido a tener el Titulo de Entrenador Nacional, he empezado a preparar el Ni Dan. Si, estacione mis excusas, razones o como quieran enunciarlas y me puse manos a la obra.
Acurrucados en un rincón del tatami, en un rincón cualquiera del mismo, estaban los fantasmas de mis Senseis: Luis Ángel Firpo y Marcelo Erlich; esperaban con paciencia que este nabo cayera de la parra y se avivara de que entrar en Modo Preparar Examen, en Modo Kata es reavivar conocimientos, obtener nuevos y vislumbrar otros. Había olvidado las sensaciones que se tienen preparando un examen de Judo, una equivocación garrafal que no tiene perdón.                                                                                                                                                 
Es ahí, cuando el Sensei está en Modo Preparar Examen, cuando no hay margen ni te lo permiten, apretan y apretan; te enseñan, te recuerdan, te hacen ver detalles que son fantásticos por miles de motivos, te ayudan a asomarte a la profundidad del Judo, validando a mis Senseis (Es una manera de decir, ellos nunca han necesitado que nadie les valide nada, fueron bien enseñados y mejor preparados por sus respectivos Senseis) que han esperado décadas para que este nabo entienda porque hay que preparar exámenes sin escurrir el bulto. Al hacerlo, afianzas conocimientos, recordas cosas, aprendes otras y reavivas las bases, los fundamentos del Judo que normalmente se estacionan a un lado para intentar imponerse a los compañeros o adversarios por cualquier medio en Randoris o Shiais.

No era Sho Dan y el Sensei Marcelo Erlich me ofreció como uke para un examen de San Dan. Quien lo tenga a mano puede preguntarle cómo demonios se le ocurrió semejante disparate, pues lo era, me lo sigue pareciendo hoy; pero en su calidad de Sensei, veía lo que nadie más podía, mucho menos yo. La mesa me pregunto si era capaz de hacer los katas como tori, jejejejejejejej: ¡Claro que podía! O somos serios o no lo somos y él es serio al punto de sacar de este payaso un uke para aquel examen, ¡entonces! Ese verano me regalo la experiencia de asomarte a preparar un examen y el valor que tiene en sí mismo hacerlo, encarar. Y por mucho tiempo he obviado esa experiencia, como en todo, me señalaba el camino, la dirección hacia donde debía encaminarme solo que estaba demasiado verde para entenderlo, para calibrar la profundidad de la enseñanza.     

Reconocerlo, acá, ahora, no me redime ni ante mí mismo, metí la pata y punto, pero si le sirve a cualquiera para no olvidarlo y tenerlo presente, entonces habrá servido para algo; si les lleva a encarar y ponerse a preparar ese examen que hace tiempo debieron afrontar tras leerme, asumiré que solo por eso vale la pena contarlo.