sábado, 15 de abril de 2017

Deserciones anticipadas.Visitas esperadas.

En los Dojos siempre hay deserciones, y quienes llevan tiempo aprendiendo Judo lo saben, los Senseis simplemente lo sufren.
Estudios, trabajo, una novia, una mudanza, una lesión larga que te desengancha y la lista podría seguir, pero hay una que duele mucho más que ninguna y es la que se produce por cambiar de Dojo. Las razones tienen que ver con la competición y la búsqueda de mejores condiciones para entrenar y generalmente por buscar una cantidad superior de compañeros que puedan ayudarte a mejorar; en el Judo tus logros pueden parecer individuales, pero detrás de ti hay compañeros que te han posibilitado llegar hasta ahí amén del Sensei que dedicó años a formarte y cuando finalmente podría recibir un retorno con tu presencia y aporte en cada clase, te vas.
El hueco que dejas, dejan, pesa en el ánimo de todos, él Sensei finge que todo está bien y se esfuerza por disimular la pérdida, se alegra si conseguís resultados y sufre en silencio cuando no es así; jamás te impedirá ni pondrá obstáculos para que inicies una nueva singladura; característica del Judo y de quienes lo enseñan. 
Suple con ingenio tu ausencia, no es fácil enseñar a los potrillos sin un alumno aventajado que ha explotado y tiene un Judo de calidad que costó años conseguir, está en una edad cercana a los potrillos, es un espejo en el que es fácil, natural, para ellos mirarse. Los cinturones superiores saben lo que pasa y también se esfuerzan por ayudarle a seguir adelante, nadie dice ni media palabra, pero tu sombra planea sobre el tatami; tu ausencia es patente, indisimulable.

Formar un Sho Dan lleva tiempo, pongámosle entre siete y diez años; si además destaca por su calidad humana y técnica, por su mano con los potrillos, entonces la magnitud de la pérdida es inmensa; habrá que seguir trabajando en la formación de los demás con la esperanza de a que alguno llegue a su nivel o si es posible, le supere; de que este, el nivel de la clase no decaiga mermado por las deserciones y probablemente, en determinado momento: ¡también se ira! El Sensei lo sabe y a pesar de eso se vuelca con todos y cada uno como si nunca hubiese perdido a un alumno que al momento de irse es más hijo que otra cosa; si es el primero que pierde no es algo que le agarre desprevenido, hace tiempo que sabe que lo perderá, lo ha visto pasar antes y a pesar de saberlo, no dejó de enseñarle, no le escondió nada, siguió siendo generoso hasta el final pues es un Sensei de Judo.

Si, si, una locura total. Por eso siempre es bienvenida la visita de un Cinturón Negro, siempre. Por esporádica que sea, que la clase pueda disfrutar de otro Cinturón Negro es positivo; haya sido formado en ese Dojo o no. Sensei Firpo me explico en su día que podés o que debes irte a otro Dojo, se puede entender lo que no se puede perdonar es que no vayas a una clase del que fuera tu Dojo, una vez al mes o cada dos si seguís en la ciudad o cada vez que vuelvas a la misma de visita.

-No estas obligado y lo estás, no es negociable, debes hacerlo. -

Contundente, convencido como con todo lo que enseñaba referido al Judo, fuese algo que se entendía de inmediato, algo que te llevaría un rato masticar o una semilla que plantaba para un futuro incierto pero que podía ser y por eso, sembraba.
Así remató aquella lección que hoy reflejo en esta entrada. Entonces, va para treinta años, no termine de entender eso de no obligación y de que no pudiera negociarse, hoy que he visto como sucede cada vez más seguido, se hace normal y norma; llegando a la perversión de que existan gimnasios, no son Dojos que viven de captar Judokas formados por otros; viendo la desolación de los Senseis, entendiendo como pesa la pérdida en la clase por haberlo sufrido como miembro de la misma; comprendo cabalmente lo que intentaba decirme.
Las formas en el Judo se están perdiendo rápidamente, sus códigos, su etiqueta, todo; y también aquella costumbre de visitar el que fuera tu Dojo para aportar con tu sola presencia un sinfín de intangibles que no tienen cómo ser cuantificados ni se les puede poner precio; de paso mimas un poco al Sensei que posibilitó que tuvieras las puertas abiertas de otros Dojos o de esos gimnasios; sin él, no sabrías Judo, no tendría tanta calidad y sin esos compañeros que dejaste atrás, tampoco.

                                                                

domingo, 2 de abril de 2017

Coraje… Lujos y Necesidad.


Por necesidad aguante casi dos años trabajando para Tour Line Express. Necesitaba trabajar tras más de tres años parado; necesitaba volver al mercado tras una situación delicada de salud; necesitaba descubrir si seguía pudiendo encarar el sacar una tarea adelante cada día. Necesitaba ingresos, los sigo necesitando; un trabajador sin trabajo no es nada, no es nadie.                                                                                                    

Me hice mensajero, a puro huevo; constate que podía afrontar la locura diaria de correr contra el segundero y soporte el ninguneo sistemático que Tour Line Express le regala a todos los que tenemos la mala suerte de trabajar con ellos, simulando una aceptación que no era real, fingiendo que soy pusilánime, manejable y que se me puede extorsionar con la sempiterna amenaza de irte a la calle.

Recurrí al Judo para contrarrestar lo negativo de la jornada laboral; enfocándome en lo importante: trabajar, generar ingresos y estar activo. Estacione lo demás en un segundo plano, la necesidad es mala cosa y cuando estás en situación precaria, lo mejor bajo mi punto de vista es no darle vueltas, no desperdiciar energías que no te sobran.                 

Durante siete meses no pude ir a Judo, terminaba sobre las 2130 y llegaba a mi casa a las 2200, habiendo salido a las 0550; fueron los peores meses, dormía poco, descansaba mal y me entraba mucho sueño cuando volvía por la autovía y anochecía; no podía darme el lujo de pensar en los riesgos que asumía ni en el ninguneo sistemático del que entonces era el jefe y de Tour Line Express.

La necesidad tiene eso, te condiciona llevándote a situaciones con demasiada carga negativa y riesgos para la salud que en mi caso ya era precaria; muchas veces sentí ganas de mandarles a freír espárragos, pero no lo hice, necesitaba seguir trabajando y no salía nada mejor. Aguante siendo perfectamente consciente de lo que me jugaba, la necesidad es muy mala.
La cosa mejoro cuando pude volver a Judo y a medida que fui haciéndome con la maldita ruta que tenía asignada pude ganar una hora para comer y descansar al mediodía. Mejoro, sí, pero se mantuvo lejos de parecerse a algo normal; siguieron tratándome peor que a un perro y yo seguí fingiendo que no me afectaba, poniéndole freno a mi carácter, dominándome para no mandarles a la mierda. 
Sigo necesitando trabajar y me he dado el lujo de dejar de hacerlo pues para esa empresa no pienso volver a trabajar bajo ninguna modalidad, no me merecen ni yo merezco ser ninguneado y tratado como un esclavo. Tengo necesidad, necesidades, pero se ha acumulado el cansancio ante tanta injusticia y falta de respeto.

Hace falta coraje para plantarse y dejar de hocicar; llega un punto de no retorno, es el momento exacto en que dejas de engañarte y aceptas que para esa gente no sos más que un esclavo problemático pues te cuesta agachar la cabeza. ¿Derechos? ¿Eso qué es? Los hemos perdido o nos los han robado, puede que sean ambas.
Por lealtad a quienes tras la huida sin afrontar las deudas del que era nuestro jefe, se han hecho cargo de nosotros, aguante hasta este viernes, momento en el que podía dejarlo sin afectarles negativamente. La Jefa actual siempre me trató con respeto, poco podía hacer para mejorar las condiciones que Tour Line Express nos imponía y jamás, jamás de los jamases me hizo sentir desprotegido; no podía hacer nada, pero no me presiono en absoluto, me dejo a mi libre albedrio, eso le honra.                          

Me he dado el lujo de rechazar dos ofertas de trabajo en la misma tarde, eran trabajando para Tour Line Express; una comiendo en mi casa y llegando a Judo; lo que cualquiera desea: comer en casa cada día y no acepte. Lujo y necesidad no conviven, son antagónicos, excluyentes, ciertamente que sí, a menos que te llames Rafa y te hayan llevado al límite, tanto como para que te hagan dudar de si es digno trabajar o llamar trabajo a algo que te expone sistemáticamente a ser destratado, ninguneado; donde no se te respeta ni siquiera como persona, no ya como trabajador que es una condición posterior.                                                                                                      

¿El Ministerio? Al igual que los sindicatos y el gobierno, duermen la siesta o miran para otro lado, hay tantas cosas más importantes que atender qué hacer cumplir las leyes a la que deberían estar sometidos los trabajadores que no pueden permitirse hacer que se cumplan. Últimamente hay demasiadas cosas más importantes que hacer cumplir las leyes que tanto costó conseguir, es tendencia.   

No se puede vivir con miedo, arrodillado; entiendo que quienes pasen necesidad deban hacerlo y yo mismo lo hice, pero no más tiempo del estrictamente necesario y si tengo que elegir entre no saber si comeré dentro de un mes o si podré pagarme el alquiler o seguir aguantando esas nefastas condiciones de trabajo, doy un paso al costado.
Vivir requiere coraje, igual que ser coherente, consecuente. He debido aceptar el bajo pecio de la necesidad y vivir tragándome las ganas de mandarles a freír espárragos…el tiempo justo que me llevó llegar a sentir que no podía estar más tiempo haciéndolo sin perder la dignidad; corriendo el riesgo de pasar a ser un esclavo completo, resignarme y no reconocerme en el espejo cada madrugada.

Hay lujos que no podés darte por mucha necesidad que tengas, por muchas incertidumbres que se generen que se sumaran a las ya existentes…corría el riesgo de aceptar ser tratado como a un esclavo y verlo normal; de creerme un esclavo, ese sí que es un lujo que no puedo permitirme y no hubo necesidad que pusiera dique ni freno posible a mis ganas de ser libre, de ser, por lo menos sentirme hombre y no esclavo.