domingo, 28 de mayo de 2017

Estudiando el Nague No Kata.

Está costando. Mucho. Son innumerables los detalles que tenemos que pulir, prácticamente tienden al infinito. Sé cómo se debe hacer, lo prepare para examinarme dos veces; lo enseñe en varias ocasiones a otros para que fueran a examen y obtuvieron excelentes notas…pero le falta trabajo, horas y horas para llegar a un nivel aceptable para pararnos frente a un tribunal.                       
Con mi compañero vamos a los cursos que se imparten para perfeccionar dicho Kata; contar con varios Senseis especialistas en Katas ayuda a ir corrigiendo dichos detalles; así fue como ayer fuimos a un curso impartido por los hermanos Camacho que vienen compitiendo en campeonatos de Nague No Kata desde hace más de dos décadas.
Es evidente que llevan miles de horas trabajándolo, estudiándolo e incluso han ido varias veces al Kodokan; lo hacen fácil y lo explican, desmenuzándolo, de igual manera. Insistieron en que hacerlo bien, perfecto, es bastante difícil y que siempre se puede mejorar. Viéndoles parece complicado llegar a hacerlo de manera que salga parecido o se acerque al resultado que ellos obtienen.                                                     

Tres horas intensas que pasaron volando; suficiente para captar algunas claves y ciertos detalles que en caso de conseguir incorporarlos harán que el Nague No Kata que conseguimos hacer gane en calidad y se parezca más a un Kata; poco tiempo, se podría estar una semana, dos o más de un mes viéndoles y escuchándoles y todavía quedarían cosas para corregir.
Llegando al final, piden voluntarios para hacer frente a todos los presentes, un grupo del Nague No Kata. No se mueve nadie. Absolutamente todos se han quedado helados. Giró la cabeza y miro a mi compañero que niega con la cabeza casi desesperadamente; no le gusta nada eso de que le miren, pararse frente a gente se le hace cuesta arriba y niega firme. Nadie se mueve. No hay voluntarios. Espere unos segundos y avance ofreciéndome como Uke. Solito me pare frente a los presentes y mi compañero asumió que le había metido en un lío y salió también. Así me lo explico en el coche volviendo a Valencia; dijo que sabía que yo saldría, lo sabía perfectamente y que al hacerlo le obligue a él a salir. Le recordé nuestros problemas con la caída de Uki Otoshi y que me ofrecí como Uke, disipándolas en parte, eso le provocó risas; evidentemente yo había pensado en todo, en esos escasos segundos decidí muchas cosas, cubrí posiciones y salve el obstáculo más complicado. Todas las demás técnicas y caídas nos salen aceptables, por descontado son mejorables, pero Uki Otoshi no sale para nada. Soy mejor de Uke que de Tori y si tengo que hacer el Kata con alguien con quien no hemos practicado el mismo, mi mejor aporte será de Uke sin lugar a dudas, pero si salía él, había evitado el escarnio, el más que probable desastre: Beneficio y prosperidad mutuos. Piensa en los demás y no solo en ti mismo,  generoso. No busques lucirte ni quedar bien, busca disimular en la medida de lo posible las carencias, propias y ajenas, pero no te pongas por encima de nadie y si hay que sacrificar a alguien, que seas tú antes que un compañero. Piensa el peor escenario imaginable y prepárate para afrontarlo con unas garantías mínimas sin buscar beneficiarte a costa de otros. En esos segundos fui Judo. Y recién ahora caigo en que fue así.
Primer Grupo. Me equivoque en el saludo, no caí bien, mientras lo hacía era consciente de todo lo que necesitaba ser mejorado y de que pasara lo que pasara, no debía parar ni dudar, solo intentar que saliera lo mejor posible. Un aplauso cerrado puso el broche.                
Esperaba mil correcciones, solo nos dijeron que siguiéramos trabajando y nos dieron las gracias por salir delante de todos; recalcaron lo difícil que era; algo que mi compañero tenía muy claro y que en mi caso solo se trata de seguir el ejemplo que aquellos a quienes observaba cuando era un aspirante y tiempo después, cuando ya casi podía decirse que parecía que sería un Judoka; la Vieja Guardia siempre se ofrecía voluntaria, no se paraba a pensar que podían decir o qué dirían; salían y hacían lo que se pedía: Un Kata, una técnica, una combinación o participar en un randori o shiai.
Varios Senseis nos felicitaron, un par recalcaron la valentía requerida para pararse frente a todos los presentes y uno nos invitó a visitar su Dojo, su casa tenía las puertas abiertas para nosotros. Probablemente habría sido bien recibido en ese Dojo sin haber hecho el Primer Grupo del Nague No Kata; ahora la invitación es firme; esperan que les visite. Demasiado premio teniendo en cuenta el pobre nivel demostrado; lo destacable es como a un océano de distancia, rigen los mismos códigos y se valoran las mismas cosas.                                                                                                                         
No premiaron nuestra habilidad, tan escasa, reconocieron la humildad necesaria para aceptar lo que falta trabajar, aprender y/o mejorar y aun así exponerse; mostrar públicamente dichas carencias es un acto que requiere muchas cosas y todas son deseables en un Judoka.           
Sin alharacas y fuera de los focos nos dijeron los errores más graves; con mimo, con respeto; la clase de respeto que solo se consigue haciendo Judo, siendo honesto; mostrándote tal y como eres; la clase de respeto que se guarda para cuando tratas con iguales. No soy Sensei, pero intento ser un Judoka; mi compañero también y si caminas como Judoka, respiras como Judoka, transpiras como Judoka, trabajas como un Judoka…pueden confundirte con uno y serás tratado con el respeto y la consideración que implica; más vale que de alguna manera tengas los mínimos necesarios para estar a la altura pues no es fácil engañar mucho tiempo a los Senseis y si, como en mi caso, todavía falta trabajo y quedan ingentes cantidades de cosas que aprender y/o mejorar, con transpirar el Judogui honestamente estarás en el camino de conseguir mantener ese respeto y hacerlo crecer.                              



viernes, 26 de mayo de 2017

Dejo de ser un niño.

Caminar  por  las  calles oscuras, con los niños  era  una  costumbre…  de  tanto  hacerlo.  La  mujer,  rubia  de  pelo  largo hasta la cintura,  caminaba  despacito,  en  cada  mano  un  niño  chico,  por  delante,   otros dos,  un  poco  más  grandes.  El  mayor  de   8  años,  el  segundo  de  6  años  y  los  chicos de  3  años.  La  mujer  sabe  que,  algo  no  está  bien,  porque  ninguno  de  los  perros,  ha  salido  a  recibirles.  Eso  significa  que  están  muertos.  Les  han  robado  o  lo  están  haciendo,  tan  seguro  como  que,  sola  con  cuatro  niños,  poco  puede  hacer,  excepto  confiar  en  que,  ya  se  hayan  ido. Reza a su Dios, por esquivo que sea, le implora ayuda.  Duda  ante  la  puerta,  la  casa  la  mira  muda,  siniestra,  como  retándola  a  animarse  a  entrar.  Los  niños  y  ella  están  muy  cansados,  demasiado.  Juntando  un  valor  que,  no  sabe  de  dónde  lo  saca,  entra  aferrando  a  un  niño  chico  en  cada  mano  y  los  más  grandes  detrás.  Mueve  un  interruptor  y  no  pasa  nada,  haciéndole  acordar  que,  le  han  cortado  la  luz,  debe  tres  meses  y  no  sabe  cuándo  podrá  pagar.  En  la  cocina  hay  velas  y  fósforos,  con  una  vela,  en  alto  y  los  dos  niños,  agarraditos  de  la  otra  mano;  recorre  la  casa,  humilde,  donde  no  hay  nada  que,  robar  y  respira  antes  de  entrar  a  los  dormitorios para constatar que han entrado, los armarios están vacios y la miran burlones  ¡Les  han  robado  toda  la  ropa!  ¡Toda!  No  han  dejado  nada…..no  tienen  ropa  para  cambiarse,  deberá  irse  a  trabajar mañana con lo que tiene puesto  y también  los  nenes deberán ir a la escuela con la ropa que llevan puesta.  Prende  el  fuego  en  la  estufa,  el  baño  de  los  niños  acaba  de  ser  suspendido,  calienta  comida  que  sobró  al  mediodía,  no saldrán  cinco  platos,  reparte  el  contenido  de  la  olla  en  cuatro  platos,  dos  con  menos  para  los  chicos  y  les  sirve  en  la  mesa.  No  tiene  un  mal  huevo  para  hacerse  un  Omelette,  es  27  de  Octubre,  no  cobrará  hasta  dentro  de  unos  días  y  no  sabe  cómo  les  va  a  dar  de  comer  a  sus  hijos.  Un  sueldo  de  secretaria,  no  alcanza  para  cinco  bocas  y  un  marido  trabajando  afuera,  sin  fecha  para  aparecer,  resuelve  solo,  cuando  llega,  nunca  antes.  Mira  a  los  chicos  comer  hambrientos  y  al  mediano  atacar  las  lentejas  con  decisión;  el  mayor  no  come  y  la  mira.
La  orden  de  que  coma  muere  en  la  garganta,  tiene  esa  mirada  que  le  da  pavor.  Es  intensa,  fría,  descarnada,  llena  de  una  violencia  descomunal,  la  promesa  de  una  violencia  atroz  pero  a  su  vez  está  cargada  de  amor  y  ternura,  en  una  mezcla  que,  jamás  habría  creído  posible,  hasta  que  la  descubrió  en  su  hijo.  Las  lágrimas   amagan  a  escaparse  y  un  leve  gesto  de  negación de  su  hijo mayor,  la  disuade,  tiene  razón,  mamá  no  llora.  Verle  empujar,  el  plato,  hacia  ella,  la  destroza,  más  allá,  de  cualquier  cordura.  Come  mirándolo,  pidiéndole  perdón  y  ve  en  sus  pupilas  crecer  la  furia  más  salvaje  que,  jamás  haya  conocido,  curiosamente,  no  se  siente  amenazada,  su  hijo  reacciona  así,  cuando  la  siente  herida,  es  como  un  instinto  y  va  dirigido  contra  el  mundo,  nunca contra  ella  o  los  hermanos;  contra  el  mundo  entero,  sin  importar  absolutamente  nada  que  pueda implicar  eso.  Come  la  mitad  y  tímida,  empuja  el  plato  hacia  su  hijo,  es  la  madre  pero  no  manda, no  cuando  su  hijo destila  el  veneno  de  la ira  y  lo  sabe.
Acuesta  a  los  tres  chicos,  el  grande  no  se  meterá  en  su  cama  hasta  sentirla  tranquila,  relajada  y  lo  hará  conservando  esa  mirada,  puede  que,  se  levante  con  ella  atormentándole  los  ojos  pues  sin  duda  le  hace añicos  el  alma,  nunca  es  fácil  adivinarlo.  Fuma  un  cigarro  tras  otro,  mirándole  a  los  ojos.  Es  un  diálogo  mudo  donde  ella  saca  poco  en  limpio,  ignora  que  ve  su  hijo  en  sus  ojos,  espera  que,  no  sea  capaz  de  interpretárselos  y es  pensarlo  y  verle  contraer  las  pupilas,  dos  puntitos  rojos  titilan en  el  fondo  de  estas  y  de  alguna  manera  sabe  que,  su  hijo  adivina  y  entiende  cada  uno  de  sus  pensamientos,  le  da  vergüenza  y  antes  de  conseguir  romper  el  hechizo  y  bajar  los  ojos,  ve  las  lágrimas  fluir  en  los  ojos  de  su  hijo.  También  ella  llora,  en  su  caso  sin  control.  No  le  siente  moverse  ni  acercarse,  el  beso  en  la  coronilla,  es  de  un  padre  no  de  un  hijo,  cualquier  atisbo  de  control,  desaparece  bajo  tanta  angustia  y  desesperación. 

Con  los  ojos  nublados  de  lágrimas,  mira  la  espalda,  de  su  hijo,  yéndose  a  acostar.  Será  la  primera  vez  que,  lo  sienta  como  un  lugarteniente.  En  el  tendrá  apoyo,  mucho;  su  hijo  acaba  de  tirar  la  infancia  a  la  cuneta,  no  está  sola,  nunca  lo  estará,  no  hasta  que  sean  grandes  y  se  valgan  por  sí  mismos,  bueno,  los  otros,  este  ya  es  adulto  y  la  magnitud  de  tal  hecho,  vuelve  a  provocarle  un  llanto  descontrolado.  Por  injusto,  por  inadecuado  y  porque  la  hace  sentir  fracasada.             

En  su  cama,  el  niño  no  duerme,  de  alguna  manera  sabe  que  dejó  de  ser  un  niño,  ahora  es  otra  cosa;  no  un  hombre, otra cosa.  Tiene  hambre  y  mañana  no  habrá  desayuno,  queda  leche  para  tres  vasos  y  galletas  para  dos  que  se  repartirá  en  tres.  Y  por  primera  vez,  en  su  vida  piensa  en  que  sobrevivirá,  sin  atisbo  de  duda  y  ahora  la  mueca  que,  le  adorna  la  cara  es  simplemente  feroz  y  desafiante;  hará  lo  que  sea  necesario,  para  sobrevivir,  lo  que  sea  necesario y que el Diablo reparta condenas…e indultos.

domingo, 14 de mayo de 2017

Tener memoria.

Fui un joven complicado, di trabajo y jamás me permito olvidarlo u obviarlo. Maestras, Profesoras, algún Profesor, eran minoría, los Senseis y los alumnos aventajados; absolutamente todos trabajaron activamente, duramente tratando de conseguir sacar algo de este payaso. Cada uno en su parcela, cada cual, recurriendo a sus armas, todos volcados en salvar al adolescente de sí mismo. La que más luchó fue sin duda mi madre, La Vieja; fue una verdadera leona; revolucionaria, adelantada a su época y con las ideas clara; era su retoño, era su responsabilidad y trabajo para corregir ciertos aspectos que era menester cambiar. En conjunto, trabajaron para sacar algo positivo; tenían una fe ciega en mí; hoy puedo intuir lo que veían que les llevaba a alentar expectativas, como educadores estaban adiestrados en detectar esos detalles que te hacen saber quién tiene posibilidades y quien no merece nada pues no está dispuesto a dejarse ayudar.
¿Cómo pagas esa deuda? ¿Cómo podrías devolver semejante esfuerzo? Entiendo que solo hay una manera: ayudar a los jóvenes a encontrar su camino.                                   
El día que me vi frente a una clase de niños que me miraban puro ojo gracias al Sensei que creyó oportuno ponerme al frente de la misma; empecé a colaborar con los padres a guiar a sus hijos. Simplemente paso y ya no he dejado de hacerlo; había descubierto la manera de pagar y quería, quiero hacerlo.                                                                                                                                           

Hoy no estoy al frente de una clase ni soy el segundo de a bordo ni nada, soy un alumno más, pero aquella deuda persiste pues tiene intereses combinados que significa que jamás podré amortizarla. Ni quiero. Por eso hablo con quienes llegan al tatami, les explico cosas, les exijo otras; muchas veces generó risas de quienes llevan años en el Dojo al verme en acción ante las respuestas de esos jóvenes ante mis requerimientos. Soy muy plomo, muy pesado, muy exigente.
Va un ejemplo: Un cinturón blanco está desparramado en el tatami, las piernas estiradas, la espalda apoyada en la pared mientras el Sensei explica el próximo ejercicio. Le veo y voy hacía él que al verme pega un salto y se para recto, provocando las sonrisas y risas de los alumnos que llevan tiempo aprendiendo Judo que menean la cabeza. Sabía perfectamente que no debe estar así; se le ha explicado y de ahí su reacción. Di media vuelta y volví a mi lugar. No hace falta absolutamente nada más. Sobra una mirada cuando el estudiante sabe que debe y que no debe hacer; extrapolando, sobra una mirada cuando está por cagarla o una charla breve si la cosa lo amerita. No sirve de nada enseñar a combatir si se olvida enseñar el marco para administrar dicho poder que pasa por ser personas con criterio, valores, responsabilidad, compromiso y ganas de hacer las cosas lo mejor que puedan; entre otras.
No hay guerras en las que estemos inmersos. no directamente; ya no vamos a la batalla y eso implica que más que nunca debamos ser estables, tener autocontrol, educación, paciencia...un guerrero tiene que convivir en paz con sus semejantes cuando no va a guerrear. Un Judoka es un guerrero adiestrado en el arte del combate sin armas externas, tiene un cerebro, un cuerpo, un espíritu y una formación que le pone por encima de quienes no hayan estudiado ningún Arte Marcial o sistema de combate sin armas; no podemos permitirnos el lujo de no enseñarle a administrar dicho poder en beneficio de la sociedad.
Cuando una candidata o candidato a ser atendido especialmente llega al tatami les digo que se tienen que ganar el derecho a que les cuente mi historia, dentro de cinco años a partir de ese momento. Para que eso ocurra tienen que empezar desde ese instante a portarse mejor en casa y deben subir las notas; y por supuesto: deberán aprender Judo. No es negociable.                                                                                                                                                                                                                                 Madres y padres valoran positivamente mis maneras, ese plus que le pongo y como consigo respuesta de sus retoños. Salvar a todos no es viable, tienen que querer y poner de su parte; inevitablemente algunos no alcanzan el objetivo pues abandonan el estudio del Judo al poco de empezar y dejo de tener influencia sobre ellos; los que persisten consiguen mejoras notables a todo nivel; es lo que tiene el Judo, hace parecer fácil lo difícil. Acá estoy yo para demostrarlo; no pintaba nada bien.
Hay varios que ya han cumplido el tiempo, ninguno ha querido saber más de lo que fueron descubriendo clase a clase; dejó de importar quién fui, valoran quien soy; sus padres lo que consigo de sus hijos y yo voy tratando de devolver un cachito de lo recibido. Encontrarme con unos y otros es espectacular, saber que te agradecen sinceramente el aporte me llena de satisfacción; haber colaborado para ayudarles a encontrarse es hermoso; ser abrazado con esa intensidad reconforta; ser querido y respetado por dicha colaboración es un plus que atesoro. Saber que les ayudaste, pues te lo dicen claramente, hace que cada día sienta que es algo que debo hacer.                                                

Todos ganamos: Beneficio y prosperidad mutuos. Para quienes no lo saben y para quienes lo han olvidado: uno de los Principios del Judo. Como siempre recalcaban cuando era joven: El Judo ni empieza ni termina en el tatami.                                                                       


sábado, 13 de mayo de 2017

Dos cuestiones.

Primero -  Va pasando el tiempo y voy percatándome o simplemente en algún momento caigo en la cuenta de que el fundador del Judo, Jigoro Kano, consiguió algo excepcional. Aunando, amalgamando distintos estilos de Jiu Jitsu, tras haber aprendido en diferentes escuelas con distintos Maestros; proceso durante el que fue retirando las técnicas que eran peligrosas y solían generar lesiones de manera sistemática o con frecuencia, llegó a lo que es su legado: El Judo; que pueden aprenderlo y/o practicarlo los niños desde una edad temprana sin que se lastimen y es normal ver clases de niños a rebosar. Resulta un espectáculo digno de ser disfrutado y verles trabajar y progresar es una maravilla. No es baladí que la UNESCO lo recomiende para los niños por los beneficios que les aporta su práctica. 
Todos podemos aprender Judo y si se hacen las cosas bien: no hay lesiones. El Judo no excluye a nadie, está disponible para cualquiera. Por fuerza, Jigoro Kano debió ser un hombre excepcional pues su legado lo es. Por fuerza quienes lo pervierten están alejados del Espíritu del Judo y no honran la memoria de su fundador.                   

Segundo.-  Desde siempre nos ha costado trabajar los aspectos ortodoxos. Preocupados y/o ocupados, distraídos en la vertiente competitiva, deformamos nuestro Judo y descuidamos los Katas al punto de abandonarlos e ignorarlos; asimismo a la correcta ejecución de las técnicas y cuando llega la hora de preparar un examen, tenemos que hacer un esfuerzo para conseguir hacer las cosas bien. Es radicalmente diferente demostrar un dominio técnico que proyectar a quien no está por la labor de permitírtelo; o de conseguir estrangularlo, por dar un par de ejemplos y en la persecución de ser efectivos introducimos cambios en las técnicas que no son válidas para un examen donde nos van a exigir la correcta ejecución de cada una.                  
Por otra parte, es necesario enseñar las bases y como se deben hacer las cosas; de ahí la insistencia en que se haga debidamente y la necesidad de los exámenes.                                                                       
Estoy en el proceso de revertir eso pues pretendo presentarme a examen de Ni Dan en España y me han llamado la atención: me paro como un competidor y me muevo como tal, entre otras observaciones. Tendré que esforzarme para desterrar esos vicios y acercarme a lo que debe ser un aspirante a pasar un examen con la máxima nota posible. Siendo que ya lo hice en el año 1998; sé que puedo, pero ya no tengo 28 años y también se nota. Además, he estado desde el 2004 sin hacer un Kata y deformando cada técnica que utilizo, carburando como las puedo modificar para que, a pesar de mis limitaciones, consiga mantener cierta efectividad. Y la verdad es que no hay excusas, siempre se puede encontrar un hueco para los Katas, basta con tener ganas y recordar su importancia.              
Definitivamente no caeré en el mismo error y procurare no descuidar los Katas en adelante que por otra parte mientras los estudias y aprendes entendes aspectos que de otra manera se te escapan.

Boomerang.

Este jueves perdí un paquete, un sobre chico. Cuando llegue a la dirección del mismo no lo tenía, tras revisar la camioneta a fondo llame a la oficina para reportarlo; lo había tenido en mis manos a primera hora y estaba en el listado por lo tanto debería estar en la camioneta y si no era así, lo había perdido. No apareció en el transcurso de la tarde y se confirmó que no lo tenía.
Llegue a la base tras terminar la ruta, revise tres veces la camioneta, la última con uno de los encargados y nada. La sospecha de que sos un ladrón se dispara inmediatamente; el malestar que sentía no era tanto por eso, básicamente nacía en que no se pueden perder paquetes o no se deberían perder, pero pasa y yo me lo tomo muy en serio para que a mí no me pase, cuestión de honor, de orgullo, de responsabilidad y de reputación.                                                                                             

Si sos honesto y derecho cuando pase algo y necesites que te crean honesto o directamente te consideren como tal, será más fácil que te den crédito y cierto margen mientras se dilucida que ha pasado. El problema son los que no se pierden pues se los queda el mensajero y/o cualquiera que se hace pasar por el destinatario; pasa, pasa más seguido de lo que se pueden imaginar y en ambos casos repercute en todos aquellos que cada mañanita salimos con una camioneta a reventar de mercadería que se nos confía y que en la mayoría de los casos sube a varios miles de euros; que no robamos pero no estamos exentos de entregar mal un envió y que parezca que lo robamos aunque se suele aclarar en cada caso que paso, puede tardar un día, una semana o un mes pero al final aflora la verdad. Llevamos GPS, algunos paquetes tienen chicharra, son señuelos y otros van destinados a personas que hacen de contralor a las que no tenes identificadas; si robas, antes o después te cazan; probablemente antes. Los departamentos de seguridad tienen personal y medios; los clientes llaman a las oficinas para quejarse o informar, no sé si para felicitar por el servicio o agradecer las ganas del mensajero que termina por hacer una entrega difícil tras varios intentos y llamadas, mientras corre contra reloj para cumplir con todo el reparto asignado más lo que le van metiendo sobre la marcha; todo redunda en un control efectivo y es muy difícil que algo se pierda a tal punto de que no se sepa perfectamente qué ha pasado.
No apareció y me fui a casa molesto. Tuvo que caerse en el estacionamiento del centro comercial, fue imperativo vaciar la camioneta para organizar la carga y separar lo que se tenía que entregar en ese punto, era eso o que se me fuera pegado a otro sobre, es algo que se da pues el plástico húmedo tiene tendencia a pegarse a otra superficie plástica; es algo con lo que hay que tener cuidado. El caso era que había perdido un paquete y no estaba para nada contento.
El viernes estacione en el centro de L'eliana tras terminar el centro comercial, en un excelente lugar que está a mano de todo, hago las entregas caminando, me llevo seis o siete paquetes en una bolsa y voy entregándolos por zonas, no voy corriendo pero casi. Si son grandes o pesados llamó al destinatario antes de bajarlos y pegarme la paliza con el carro por veredas atestadas de gente, si confirmo la presencia de alguien para asegurar la entrega, salgo con la carga. Eran las 1022, tengo que salir de la zona, teniéndola finiquitada lo antes posible, las 1200 es mi hora vertical, si la rebasó estoy completamente muerto pues quedan recogidas con hora límite las 1300 o 1330 y entregas de antes de las 1400 desparramadas por las urbanizaciones.                                                                       
Un flaco, mensajero pues llevaba un carrito con un paquete pasa por mi lado, mira la carga y se frena.
- ¿ASM?
-Si.
- ¿No perdiste algo ayer?
-Un sobre, dirección Paseo Leman 34. Para Enrique Tercero López.
-Lo tengo. Se fue un coche del Osito (Centro Comercial) cuando yo llegaba y lo vi, vamos a mi furgo y te lo doy.
Le acompañe, estaba estacionada a escasos treinta metros. Hay que destacar que no voy uniformado de ASM, llevo una camiseta de GLS y la camioneta es blanca, sin serigrafiar; Dani estaba buscándome activamente, fijándose en la carga de las camionetas o lo que los mensajeros llevaban en las manos o carros; quería encontrarme y lo consiguió; eso le da más valor a su gesto, reafirma su honestidad, tuvo que dedicar tiempo a encontrarme cuando es justo lo que no tenemos.
- ¿De qué empresa sos?
Iba sin uniforme y no veía la etiqueta del paquete.
-Correos Express.
- ¿Ribarroja?
-Si.
-Cuando llegues mañana a la base decile a Ana, tu jefa que me acabas de hacerme este favor, mándale un beso de Rafa, el papá de Luna. ¿Tu nombre?
-Dani. ¿Te conoce?
-Sí, nuestras hijas son amigas. Gracias loco, sabes que me salvaste; siempre piensan que los robamos.
-Si. Ojalá lo hicieran conmigo si me pasa. ¿Vas mal?
-Hoy no tanto, pero se puede complicar en nada. ¿Y vos?
-A tope. Nos vemos.
-Claro, gracias.

Avise inmediatamente a mi Jefa y a la oficina que lo había recuperado. No lo había robado, pero lo había perdido y puede parecer lo mismo, aunque no lo sea ni de cerca. Sabía que no lo había robado y en ese aspecto estaba tranquilo, pero lo había perdido y era mi responsabilidad; fue un alivio tremendo que lo encontrara el compañero, lo guardase intacto y me buscase para devolvérmelo.           
Suerte, destino o los Dioses; lo que sea, pero principalmente la solidaridad de otro mensajero que sabe perfectamente lo que implica perder un paquete y es tan honesto como para guardarlo y buscar a quien lo perdió para devolvérselo.       

En un mundo frío e impersonal donde solo miramos nuestros ombligos y nos preocupamos casi exclusivamente de lo que nos atañe directamente, brilla intensamente semejante gesto.                                                                                                                                                                                          
¡Gracias Dani!                                                   

domingo, 7 de mayo de 2017

Superación.

El Judo me ha dado respuestas, herramientas, un marco con el que administrar mi carácter y también mi temperamento; me posibilito conocer gente excepcional, de una calidad humana superlativa; me otorgo responsabilidades, me hizo aceptar compromisos; me enfrento a mi lado oscuro y trabajo conmigo para empequeñecerlo y hacer que las luces fueran más potentes que las sombras. Queda trabajo por encarar, no solo a nivel técnico, a nivel humano hay que seguir trabajando, ahondar en mis miserias, destrozar el ego, el orgullo la falta de humildad y forjar algo distinto que sea mejor que cuando llegue a un tatami con 13 años. No sirve intentar ser una buena persona, hay que conseguir que quienes te tratan y/o soportan te consideren como alguien que merece respeto y ser querido, alguien a quien quieren tener cerca pues es más lo que suma que lo que resta.
Cuando entrenas con seriedad, los randoris y los shiai se encadenan acumulándose y dándote experiencia; no hay nada como combatir para sacar a la luz tu naturaleza, en un combate no se puede disimular quien sos; se ve perfectamente. Cuando el corazón galopa desbocado, la mente se nubla por la falta de oxígeno y la presión del compañero es abrumadora, más te vale haber entrenado duro, seguir haciéndolo o jamás superarás esa sensación de impotencia, de frustración.                                                                                                                                            
En cada clase tenes que tomar decisiones que afectan directamente tu desempeño; aprendes a equivocarte y vivir con eso; a ser responsable de dichas decisiones y a tener criterio para decidir esto o aquello.
Y hoy, esta mañana, me posibilitó desarmar la computadora y repararla, llevaba dos semanas rota y mis arcas están temblando; afrontar un gasto extra haciéndola reparar o comprar una nueva me habrían dejado en una situación realmente desesperada.                                                                 ¿Comoooooooooooooooo? ¿Qué tiene que ver con el Judo? Se preguntarán. Convertí mi problema en un Shiai, lo plantee como una mala situación, muy al límite, desesperada en la que ya había perdido; no soy informático, no sé nada de estos bichos, pero tengo un cerebro adiestrado en tomar decisiones, en buscar respuestas rápidamente; el punto suicida viene de fábrica; no es valiente quien se mueve obligado por las circunstancias, solo está desesperado pero aún en esa situación, hay que mantener la cabeza fría y tener criterio; recurrir al Judo, a sus maneras, a su esencia me resulta tan natural como respirar o caminar. En el Judo hay que ser inteligente, un estratega, elegir tácticas, no sirve de nada dejarse abrumar por mal que este la cosa y si es un combate, si vas perdiendo o notas que no hay nada que funcione, no hay que tirar la toalla, hay que seguir buscando algo que te permita capear la situación, hay que perseguir el Ippon con todas tus energías.                                

Recurrí a internet, busque respuestas, vi tutoriales, evalué los riesgos y tome una decisión: lo abriría e intentaría arreglarlo.
El susto era de los grandes, entraba de lleno en territorio hostil, desconocido; solo contaba con un tutorial, poca cosa, aunque fue de una facilidad pasmosa; el tutorial contenía la información precisa, exacta. Empuñando el destornillador, tratando de desentrañar cómo se sacaba la tapa, descubrí que la concentración era máxima, no había nada más en el universo que la computadora y yo; perdería o ganaría y no importaba, lo que quedaría para siempre era que destripaba mi computadora con una convicción firme, decidido a dar lo mejor que tuviera por escaso que fuese. Estaba rota, ya no funcionaba, iba a tener que gastar arreglándola o comprando otra; ya había perdido…salvo que no me entregase, excepto que fuese tan descarado como para intentar arreglarla apoyado en un tutorial y en la convicción de que podía conseguirlo, salvo si actuaba como un Judoka.
La computadora arrancó cuando la enchufe, un milagro inexplicable. Tanto como esos combates que gane y estaban perdidos; como hacerme ambidiestro por sentir que de derecha no era para nada peligroso; como volver una y otra vez a un tatami a regarlo con mi sudor a pesar de todos los obstáculos que se alían para tratar de impedirlo. Cómo escribir y que me lean.


El Judo es una búsqueda permanente de respuestas y de superación…lo he vuelto a constatar, fue un buen Shiai que no olvidaré.