sábado, 16 de septiembre de 2017

Consciencia.



Ser consciente de que estas consiguiendo el objetivo, el único importante, el definitivo, no es fácil cuando aparentemente no te cuesta alcanzarlo y mantenerlo.
Y no te cuesta  pues haces todo enfocando, enfocandote en conseguirlo. Te han dicho, te han enseñando y has aprendido lo que tenes que hacer y lo haces sin planteamientos futiles; es lo que debes hacer si queres llegar a superar  el desafío sin permitir que nada te distraiga o desvíe. Nada.

Tanto éxito, medido en más de un lustro puede, podría hablandarte, volverte perezoso, dejado, hacerte perder perspectiva; la perspectiva que necesitas para ser consciente de cual es el objetivo y lo que hay en juego, evitando asi caer en la tentación de olvidarte del desafío, cayendo en la trampa que genera la normalidad.
Trampa por cotidianidad, por normalidad; la temida y temible rutina. Esa que tantas cosas devora, fagocita y que muchas veces no sabemos como enfrentar ni mucho menos que estrategias usar para contrarrestar.
La excepcionalidad, aquello que esta fuera del gráfico, permanece en tal condición el tiempo justo en que se disfraza de normalidad para embaucarte y hacerte meter la pata hasta el fondo; entonces es tarde. Perdiste la perspectiva. No fuiste consciente del peligro, del riesgo por lo que dejaste de hacer lo que debías en aras de conseguir llegar al objetivo y mantenerte en él.

A mi no me pasa. No respecto a la bipolaridad, esa amenaza permanente, el enemigo que convive conmigo, parasitandome. En otras cuestiones no tengo tamaña capacidad, ni de cerca; en esta no hay un solo átomo de mi ser que se permita desfallecer, dudar, bajar los brazos; todos trabajan para evitar una recaída; tanto y tan efectivamente que llegó a no pensar en mi peligrosa situación, en los riesgos que corro y/o asumo, no estoy pensando en ella pero trabajo constantemente para mantenerla a raya.

Duermo, me obligo a dormir pues es parte de la estrategia o es una del conjunto de las mismas, una importante. Sigo alejado de las drogas; nunca creí que pudiera hacerles frente con garantias y serían letales para mi en mi nueva condición.
Y lo mas difícil: no proyectó, no pienso en el futuro. Vivo hoy, aca, ahora. Evito preocuparme para que la presión no aumente, es negativa, perjudicial. Eso me cuesta horrores; aprendo a hacerlo día a día.

Por último voy a Judo. Entreno con ganas, me entregó; empapo el judogui. Pare dos meses, tense la cuerda al máximo sabiendo que no solo me la jugaba, además no cumplía con el trato establecido con mi psiquiatra. Que ella no lo sepa es anecdótico pues yo lo se y con eso sobra. Sin medicación estandar, limpio de drogas, me trato con Judo. A mi me funciona y mientras lo haga, sera lo que use como medicación. Algún día no bastará, cuándo no pueda entrenar dando todo lo que tenga en cada clase, entonces aceptaré medicarme, solo entonces.

Hay mucho de mi en esta estrategia que uso; hay una historia de vida que la sustenta, hay un todo de Rafita trabajando por y para Rafita. Hay un amor inmenso; hay una entrega mutua sublime y sin condiciones: Dame toda tu energia, cada gota de sudor en cada clase, a cambio te hare fuerte, flexible, adaptable, te ayudare a luchar con tus demonios, haremos que ese ego se vaya achicando, que el orgullo no te ciegue y te proporcionate una red de contencion que abarcara cada aspecto de la vida. No podre hacer que ganes todas tus batallas, pero te ayudare a evitar algunas. Te proporcionare maestros, compañeros que se haran amigos y lugares donde la tranquilidad espiritual, la paz y el respeto seran la norma. Me llaman Judo y tengo casi todas las respuestas que te atormentan; estudiame con honestidad, regalame tu sudor y nunca te abandonare.

Consciente, conscientemente recurro a las estrategias que me pueden ayudar a no terminar internado en Psiquiatría; otra ves. Hay periodos de tiempo en que no tengo consciencia de lo eficaz que estoy consiguiendo ser; la normalidad disfraza cualquier gesta de simple rutina camuflandola perfectamente y propiciando que te olvides de la excepcionalidad de tu realidad asi como de  tus logros.




domingo, 10 de septiembre de 2017

Un Dojo. Todos los Dojos

Por cuestiones laborales estoy viviendo en Madrid y me he buscado un lugar donde entrenar; parar julio y agosto ya era mucho; así he llegado a Bushido, en Canillejas.
Si, Bushido, como Bushido de Lagomar, Canelones, Uruguay; el Dojo donde empezó mi periplo por los tatamis en los que procuran enseñarme Judo…donde he tratado de aprender un poco…sigo intentándolo.
Me han recibido y abierto las puertas de su casa gracias a lo que otros Senseis en infinidad de Dojos me han enseñado; puede que yo tenga algo que ver, puede, pero eso es posterior, es el trabajo de ellos, los Senseis el que pesa, el que soporta cualquier escrutinio y pasa el análisis que ojos nuevos hacen del Judo que atesoro; por poco que sea: ven que se saludar, ven como me ato el cinturón y lo bajo que lo llevo, ven como caigo, como agarro, como me levanto…me ven reír, disfrutar sudando a mares.
Se cumple aquello de que no pasare vergüenza en ningún tatami y que los Dojos abrirán sus puertas para recibirme como a un alumno, un hijo más, integrándome fácilmente a las rutinas propias de cada uno; cada Dojo es un universo en sí mismo, pero todos tienen coincidencias, raíces hermanas; fue un vaticino, una premonición del Sensei Firpo; pareciera que hace unos 18 años supiese que pasaría por muchos Dojos; yo no lo había pensado ni imaginado y se ha cumplido, se está cumpliendo; por algo es Sensei, no se ejerce de Sensei durante décadas en balde.                                                 Corriendo el riesgo de repetirme y ser un plomazo voy a dar las gracias a los Senseis que me han tenido a su cargo y agregare a mis compañeros que han debido soportarme y sufrirme; sin unos y otros, no sabría caer ni saludar, no sabría nada de Judo y le doy las gracias a Luis, el Sensei que por lo menos durante septiembre trabajará para intentar que aprenda algo más que a saludar y caer. Todos se vuelcan, todos te dan lo mejor de si mismos y aunque sea repetitivo, creo que debo dejar constancia de que es así; sin importar que esa es la manera como debe ser y que se haga sistemáticamente: ¡Gracias Senseis!

Si están en o por Madrid, llevan tiempo queriendo acercarse al Judo o tratando de volver, no duden en pasar por Bushido; un Dojo a la antigua, de esos que se van perdiendo, con un Sensei y sus alumnos de diferentes niveles trabajando para que el Judo perviva.               
Pero si no es el caso y viven en otra ciudad, país o continente, busquen un Dojo, acérquense y descubran de qué escribo, porque lo hago, atrévanse a ser parte de la tribu, del Clan Judoka.       

domingo, 27 de agosto de 2017

Veintidós segundos.



Es el tiempo que queda para que termine el Randori. Somos impares por lo tanto queda un compañero libre que entra con quien es proyectado, el ganador descansa, yo estoy descansando. Un compañero proyecta, quedan veintidós segundos que serán menos de veinte tras los saludos; llevamos nueve minutos con treinta y ocho segundos de Randori sin parar, solo respira quien proyecta, he podido respirar, pero no he recuperado, la edad pesa lo suyo; no tengo mucho más que dar, pero vaciare lo que quede buscando conseguir un Ippon. Es lo que se debe hacer.
Un ejercicio que me enseñaron hace décadas, este tiene la variante de que no se descansa a menos que proyectes y de que según lo consigas te vas poniendo con otros compañeros, no hay tiempo para especular ni que perder. Antaño, no había reloj en la pared, el Sensei decía que quedaban quince segundos o diez y tenías que apretar, quien proyectaba había ganado el Randori, aunque hubiese caído en el transcurso del mismo, una o más veces; se le consideraba vencedor. Otro juego de Judokas solo apto para Judokas, tenemos muchos, todos intensos, todos exigentes y absolutamente todos son divertidos.                                                                                                                       

La idea es que consigas superar al otro en ese lapso breve de tiempo, que aprendas a arriesgar y revertir una situación adversa o a conseguir imponerte si vas empatado o perdiendo y participas de un campeonato. Porque al arriesgarte con el otro sabiendo que lo vas a intentar y que prepara a su vez su estrategia, te pones en la posibilidad de cometer un error y verte proyectado. Todo a máxima velocidad, no hay tiempo.
Veo cómo proyecta un compañero, ya sé quién me toca, respiro hondo y avanzó para estar situado cerca en cuanto saluden, saludar y aprovechar esos menos de veinte segundos que tendré. Es joven, en etapa de competición, superándose, ganando técnica, fuerza, velocidad, fortaleza mental y seguridad en sí mismo y en sus posibilidades en cada semana, en cada clase. No le doy tiempo a que haga nada, le gano el agarre y lo sacó limpiamente, quedan ocho segundos como constató arreglándome el Judogui mientras el Sensei sonríe ante mi temeridad, mis ganas y esa estrategia suicida que he usado al ir sin reparos a buscarle, convencido de que no solo no había tiempo, tampoco tenía que darle facilidades.
El potrillo acaba de descubrir que el veterano saca fuerzas de donde se supone que no hay, malas ideas me sobran siempre, y combinaciones, amagues, mucho humo, le engañe vilmente pues nunca hago eso con ese agarre, esperaba mi ataque favorito y eso le condeno; amen de no ir él mismo a buscar un Ippon.
Por mi parte sé que en menos de un año él me cuidara o no durare un minuto en un Randori juntos; en ese lapso de tiempo le seguiré mostrando las retorcidas artes de un luchador veterano, de un Judoka que jamás muestra debilidad ni excesiva fortaleza y después trabajaremos juntos para que aprenda que en veinte segundos caben más de un Ippon; que el agarre de siempre muestra un camino y da demasiada información al compañero y que dependiendo de cómo use esa herramienta, será a su favor o en contra.

Conseguir engañar al otro es prácticamente ganarle, hacerle creer que vas a atacarle con A y que le metas H, es cazarlo completamente vendido en una reacción anti A que era justamente lo que pretendías. Si sos capaz de tener combinaciones trabajadas y no dejarle respirar y mucho menos pensar, le proyectaras con seguridad, aunque consiga pararte el primer ataque.                                                                         

Llegar hasta ese punto del juego lleva tiempo, décadas me ha insumido a mí; ver que quedan veintidós segundos y que te sobren ocho para proyectar tras haber saludado te lleva a pensar en cuando tú eras quien salía volando, incapaz de parar al ataque del veterano que no parecía tener nada de resto pero que sacaba fuerzas de algún recóndito lugar de su ser para estamparte incontestablemente.                                                       
El círculo se cierra, cada pieza va encajando perfectamente en su lugar, de alguna manera devolves aquello que te dieron, que te regalaron con generosidad espléndida y con una esperanza: que tras décadas de trabajo fueras capaz de trasmitírselo a otros de la única manera que puede hacerse, con un Judogui, sobre un tatami, en un Dojo.         

Se les enseña a todos y se tiene esperanza en que algunos lleguen a ser capaces de regalárselo a los que recién desembarcan en esto que llamamos Judo para asegurar la herencia y que perdure.
Busco oxígeno, camino arreglándome el Judogui y evoco a un querido Sensei que nunca se consideró como tal pero que siempre lo fue: Alfredo Melera. Dedicó cientos de horas al joven e irreverente que supe ser, me proyecto innumerables veces, me desarmo en Ne Waza en cada Randori; se recontra calentó conmigo infinidad de veces y jamás se permitió abandonar, dejar de sumar con él Sensei para ver si me llevaban al Camino y me mantenían en él. No le nombro, no le gusta pero estoy en fase travieso.

¡Gracias Alfredo Melera!

martes, 1 de agosto de 2017

Muerto en vida.


Hace  poco  confirme,  de  forma  independiente,  que  alguien  que  fuera  mi  amigo,  muchísimos  años,  tiene  muchos  problemas,  derivados  de  su  consumo  de  drogas,  principalmente  cocaína.  Tiene  el  cerebro  quemado,  según  me  han  dicho,  y  como  ya  son  tres,  las  campanas,  lo  doy  por  confirmado.  No  me  sorprende,  era  de  los  que  sostenían  que  no  pasaba  nada  y  periódicamente,  compraba  cocaína y  la  consumía.  Lo  hablamos  miles  de  veces,  mi  postura  era  de  rechazo  e  intransigencia  absoluta  y  eso  le  provocaba  risa.  Había  vivido  en  USA un  tiempo,  recorrido  más  mundo  que  esa  miserable  aldea  que  era  nuestro  barrio  y  creía  que  había  aprendido  a  dominar  y  amaestrar  demonios; otro querido amigo que  nunca  salió  del  barrio  más  que  para  pagar  la  condena  de cárcel  por posesión, opinaba  parecido  y  si  me  ve  no  me  reconoce, no  sabe  quien  soy  pero si  me  escucha, algo  reverbera  en  su  interior,  me  abraza  y  llora. Firmemente  lo  creían,  sin  ninguna  duda: coquetearian  con las drogas y  no  sucumbirian  ni  a  la denigracion  ni  a  la  muerte.                                                                                          
Hoy  yo  también  me  asome  al  mundo  y  vi,  como  supongo  que  vio  él,  como  se  consumen  las  drogas,  con  inusitada  alegría.  Aunque  me  cuentan  que  hoy,  en  Uruguay,  también  se  consume  con  alegría  y  no  solo  maría  o  cocaína,  pasta  base,  pegamento,  speed,  mdma  y  a  saber,  que  mas.  Sigo  opinando  igual,  las  drogas,  usadas  por  hedonismo,  son  venenosas  y  tan  tóxicas,  que  te  destrozaran  e  incluso,  te  asesinaran.  Usadas  como  medicamento,  ayudan  a  quienes  están enfermos,  a  vivir  o  curarse  y  aunque  sean  adictos,  no  es  lo  mismo,  como  leí  por  ahí,  ni  cerca.                                                          
Ese  era  su  problema,  quería  una  vida  placentera  a  tiempo  completo  y  compraba  el  polvo  blanco,  que  le  proporcionaba  un  sucedáneo,  una  mentira;  confundiendo  el  camino.  Y  confundiendo,  como  todos  los  que  creen  que  una  raya,  un  porro  o  una  jeringa  te  darán  algo  más  que,  un  espejismo,  una  mentira; la  realidad  con  un  viaje  de  corta  duración  por  el  que  pagarán,  inevitablemente, un  precio  descomunal.                                                                        
Nunca  lo  imaginé,  muerto  por  sobredosis  ni  como  está  ahora,  siempre  mantuve  la  esperanza  de  que  se  saliera  de  esa  espiral,  mentirosa  y  autodestructiva;  sólo  porque  era  mi  amigo  o  supimos  serlo,  nada  racional,  sólo  el  deseo  de  verle  bien,  saberle  sano  y  pleno,  tal  y  como  lo  recuerdo. 
Como  otros  tantos  deseos,   no  se  plasmara,  pero  este  es,  de  los  que  debió,  hacerse  cruda  realidad.  Él,  como  tantos,  coqueteaba  con  la  muerte,  despreciándose  a    mismos;  buscando  excusas  para  envenenarse  y  matarse;  pero  sin  ponerse  razones  para  vivir,  sin  esforzarse  por  vivir;  como  si  buscaran,  morir.  
Estás  muerto  amigo,  no  lo  sabes,  tu  cerebro  no  te  aviso;  espero  que  haya  valido  la  pena  y  que  ahora,  no  sufras.     
La  respuesta  es  no,  sigo  sin  probarlas,  yo  soy  valiente  de  verdad  como  te  dije en 1989, 22 de diciembre. Seguro  no  te  acordas  y  a  estas  alturas  poco  importa, poco...salvo  que sigo  pensando  que  me  sobran  huevos  y  que  la  estabas  cagando mal. Cuidate.


domingo, 30 de julio de 2017

Desengaño, otro a sumar. Y Revancha, Rafa siempre gana.

Finalmente salió a la luz la verdad sin máscaras. Emergió poco a poco o yo no quise verla de entrada, podrían ser ambas, a la hora de prometer o hacerte creer que se te pagará con arreglo a tu trabajo, siempre están dispuestos a embaucarte, pero rara vez se traduce en ingresos. Rara vez y siempre están llorando y quejándose de que no hay trabajadores que den la talla, pero la verdad descarnada es que no pagan como para tenerlos y si de casualidad los tienen, llegar a mantenerlos.                                                                                                        
A estas alturas debería saberlo, imaginármelo y no caer nuevamente en la emboscada… no aprendo y no quiero hacerlo, no quiero cambiar mi manera de ser y de trabajar; la forma cómo encaro el día a día en el trabajo, en cómo me relaciono con mis compañeros y con los desgraciados que suelo tener de jefes. Se imaginan como empresarios y son meros aficionados que todavía no han caído en la cuenta de que, sin empleados, sin trabajadores que te defiendan la empresa, la marca, no hay negocio posible.                                
Muchos estudios o pocos, masters; experiencia variada y el mismo resultado: ceguera total.

Ya sea una constructora con presencia internacional, una distribuidora de bebidas local, un bar de barrio, un restaurante de lujo, una empresa dedicada a la fontanería o una empresa dedicada a la mensajería, da igual, siguen las mismas líneas de explotación y ninguneo sistemáticos. Fingen escuchar, fingen ser muy humanos y legales, pero solo miran por su bolsillo, desdeñando la posibilidad de facturar bastante más y ahorrar en costes operativos, aumentando las ganancias reales; pero claro: ¿Qué sabrán los empleados?     

Estos pseudo empresarios no cumplen la legislación vigente que establece mínimos a los que no llegan y se preguntan, asombrados, que pasa que no funcionan las cosas. Si resultas incapaz de escuchar a quienes trabajan cada día para sacarte la empresa adelante, si perdes la perspectiva o no tenes la menor idea de donde te metiste, el resultado es catastrófico: subfacturación, costes por encima de la media, aumento de pérdidas, carencia de personal cualificado y cabreo monumental del que permanece trabajando con la consiguiente pérdida de producción, bajada de la calidad y poca satisfacción que se traduce en baja o nula implicación.  

Evidentemente esquilman al trabajador para sacar ganancias, si cumpliesen los mínimos legales, tendrían que cerrar, no llegarían a poder cubrir los gastos y ni hablemos de sacar beneficios.
En la última aventura, mi puesto ha sido cubierto en una ruta por tres mensajeros en un caso y por dos o uno y medio en la última ruta que hacía. En la primera, la empresa que me pagaba o la que la contrataba se ahorraba entre 3500 y 7000 euros por mes, así durante 18 meses. Yo cobraba por debajo del convenio, no me pagaban horas extras, viático, nada, apenas 895 euros por mes con jornadas de entre 12 y 15 horas de lunes a viernes y trabajando un sábado cada tres. En la otra estuve poco tiempo, un par de meses; me subieron a 930 euros por mes, siempre con las pagas extras incluidas y no hice los números como con la que estoy desglosando. ¡Una subida descomunal! Pero muy por debajo no ya de mis expectativas, de la realidad que dice que no hay mensajeros buenos, Mensajeros Diablos para contratar no hay; y estos, los Diablos, no valen como los que se pueden contratar, valen bastante más.
Siempre llorando que no podían pagar más. Alguien ganaba, alguien era muy listo y alguien, además de yo, muy tonto. Pero donde quiero incidir es en que mi puesto fue cubierto por tres trabajadores y uno y medio; el récord lo tengo en cuatro que fue en la constructora, mi amigo Oscar que era gruista me llamaba y se cagaba de la risa: “¡Uruguayo, eres una puta maquina! Cuatro tíos y no lo hacen ni cerca como tú.” Esa medalla es mía, no da para comer, pero sustenta el espíritu que si ayuda a aguantar tanto basureo. A la constructora poco le importó cuadriplicar gastos y bajar sensiblemente la calidad en harás de vaya unos a saber qué política, cualquier cosa antes de pagar a un trabajador con arreglo a su trabajo e implicación.                                                               

A la empresa de mensajería le da lo mismo que hagas el trabajo de tres, de uno y medio o de menos de medio, paga a todos por igual. Es bastante surrealista, lo sé, pero pueden creerme que vale para ellos lo mismo un trabajador que saca tres rutas y las tiene mansas como un mar sin viento o uno que no llega a hacer ni el 25% de una ruta.

Siempre igualan hacia abajo y no cesan de llorar que no hay personal válido. Les falta un master en gestión de recursos humanos y avivarse de que ese es el desafío hoy por hoy en cualquier emprendimiento: el recurso humano. Sin personal que defienda los intereses de la empresa no llegarás lejos y desde luego no alcanzaras el éxito. No tendrás clientes ante los que bajarte los pantalones, ni hablar de clientes de verdad, de esos que pagan por tus servicios y asumen que los extras, se pagan aparte.
Me quedé en la calle en cuanto me puse a reclamar lo que se me había prometido, apenas empecé; no me lo invento, hubo una reunión muy linda y todo, pero como siempre fue humo, puro teatro; subir de 895 a 930 es más que una subida un insulto, hice algunas llamadas y empecé a hacer entrevistas, a hablar con unos y otros hasta que recibí una llamada que me resolvió el problema de no tener trabajo. Pase de ganar 3,80 la hora con pagas incluidas a 9,70 con una salvedad: ¡trabajo solo 15 días al mes! Sin correr, parando a comer, a desayunar, ambos yantares pagados por la empresa que además me suministra agua a espuertas y ropa de trabajo desde el primer día con lo que se puede decir que cobro más de 9,70 la hora.                                     

Puede que me den una patada en el culo, puede claro que sí, pero yo no aflojo, trabajo como siempre: dando lo mejor de mí. Nunca sabes quién te está mirando, nunca sabes quién te puede dar o dará una oportunidad de mejora; de momento tengo tres ofertas de trabajo, una conseguida por una querida amiga y dos generadas trabajando; me han visto trabajar y me quieren contratar.
Hasta el 31 de agosto di mi palabra de que contaban conmigo en el trabajo donde estoy actualmente, hasta el 1 de septiembre no tomaré una decisión; hay un amigo de por medio, me recomendó y si hay algo que aprendí hace mucho, es a no dejar a nadie con el culo al aire cuando me recomiendan; ya sea para ser portero en una discoteca, trabajar de camarero, fontanero, peón de obra o mensajero, entre otras actividades; sigo en mi línea, esa es mi revancha; mantener los valores y códigos que son mi bandera sin importar la clase de desgraciados para los que he trabajado.                                                                                                                                                                                                                                  

jueves, 20 de julio de 2017

La Familia Grande.

Tener gente que te quiera, te respete y se juegue por ti una y mil veces es lo que hace la diferencia en tiempos difíciles. No voy a poner nombres, cada uno sabe si es o no es parte de mi familia, la grande, la que no es de sangre, pero vincula tanto como aquella. O más, les he cosechado por el camino; no vienen de fábrica.          
Porque en los tiempos buenos (a saber, cuáles son o han sido) es todo fácil…alguien me ha recordado que en sus tiempos malos yo estuve firme a su lado; que mis tiempos malos son los buenos de otras gentes y así va la cosa.
Amistad. Hay quien dice que sobran dedos de una mano para contabilizar a los amigos, los polenta, los de acero templado, los que no se borran ni desaparecen cuando te das la costalada madre y quedas titiritando de pánico, dolor, incertidumbre; las dudas te quieren congelar en él suelo y solo te levantas porque has hecho de eso una filosofía de vida, una actitud ante la adversidad. No es mi caso, necesito muchas manos para hacer el inventario y considero que esa es mi riqueza, siempre lo ha sido: son mí tesoro.
Clavar las manos en el suelo, después una rodilla; respiran hondo y levantarse mirando lo que sea de frente; exactamente igual que cuando eras un guacho y no había Dioses capaces de tumbarte. Pero claro, siempre es más fácil si hay gente amiga apoyándote, haciendo de palenque o directamente apuntalándote; en aquella época no había mucha, recién empezaba a vivir y no había tenido tiempo de sembrar; y comprendí que solo no sos nada, nadie; todos necesitamos ayuda y apoyo a lo largo de la vida, de una manera u otra; ayudar a quienes te rodean, generar vínculos que prosperaran más o menos te enriquece y de paso a la sociedad, es fácil lamentarse de lo mal que funciona todo y ser incapaces de saludar a quien se mete en el ascensor contigo o no ayudar a la señora cargada con un niño de pecho o ignorar al compañero de trabajo nuevo y no darle una mano o mil para que se adapte.
Llegue a esa conclusión de rebote, pero la hice parte de mis códigos racionalmente, cuidar a tu entorno es cuidarte; proteger a la gente es protegerte y nuevamente la Vieja Furcia me demuestra que no me equivoque, en esto no. Es una maravilla vivirlo, disfrutarlo; constatar que a pesar de todos mis defectos hay gente que se juega por mí, unos sin decir nada, como si hubiera en juego cosas que no se dicen, no se nombran, pero están presentes y otros recordando cosas que hice o dije antaño, cosas que olvide, pero no cayeron en el olvido pues hay quien no olvido, no quiere hacerlo o no se lo permite, atesoran el recuerdo.                                                                                                                                      
Hay privilegios que no se heredan, no se compran ni venden; se ganan siendo o intentando ser coherente; derechos adquiridos, bulas; por tener y mantener una actitud a lo largo de los años, de las décadas…esto me convierte en un privilegiado.

¡Gracias a toda mi gente! Los de acá y los allende el océano más los que la Vieja Furcia y el viento desparramaron por el planeta. Son legión, una verdadera maravilla.

sábado, 3 de junio de 2017

Tokui Waza: Hidari Sumi Gaeshi.

Hoy por hoy es mi Tokui Waza, mi técnica favorita. Es la única que tengo con la que me siento capaz de ejecutarla con buenos resultados en la mayoría de los intentos. Además, consigo Ippones claros al usarla sin importar el tamaño de quien esté haciendo Randori conmigo. Según el Sensei, lo comento nuevamente el jueves próximo pasado tras verme usarla; la hago fluida, parece fácil viéndome, se nota trabajada observando toda la previa, todo el trabajo que despliego hasta lograr el agarre y la posición desde la que ataco y que la he adaptado a mis condiciones físicas, emocionales y espirituales; mis compañeros la sufren estoicos.                                        
He perseguido varias técnicas a lo largo del tiempo que llevo aprendiendo Judo y las sigo buscando: Uchi Mata, Hanei Goshi, Harai Goshi, Tai Otoshi y Ko uchi gari. Por ambos lados; más técnico por la izquierda; más potente por la derecha. A esas les dedique más tiempo, hay otras que también he trabajado, pero sensiblemente menos. No pensé en Sumi Gaeshi si bien alguna vez la usaba, era un recurso, recurría a ella cómo recurro a Yoko Guruma; si me agarran y bajan mucho, rompiéndome mis esquemas y noto que estoy en un lío, ataco con ellas antes de que me ataquen. La usaba poco y nada; no me llamaba la atención y no entraba en mi horizonte hasta que un desafío se cruzó en mi camino planteándome un problema que me propuse resolver: la solución fue Sumi Gaeshi.
Ya saben: no me digan que no puedo, que no se puede. No desafíen al Rafita más porfiado a ponerse a trabajar persiguiendo cosas difíciles; me hice zurdo en Judo y puedo hacer todas las técnicas por ambos lados siendo que era diestro cerrado.              

Tuve un compañero hace unos 12 años que era pesado, ancho, bajo; su centro de gravedad estaba más cerca del tatami que el mío y me resultaba difícil bajar lo suficiente para que resultara efectivo un ataque. No había manera de proyectarlo, no claramente. Ponerme en Randori con él era sentir que no tenía armas para desarbolarlo. Nada era efectivo. Yo no era efectivo.                         
Llevaba dos décadas largas estudiando, aprendiendo Judo y no tenía nada con que proyectar a ese compañero. Ninguna técnica funcionaba; tenía un problema, un desafío al que hacer frente y ya saben: dejarlo correr no es una opción, perseguir una solución, buscarla, crearla, sí. Eso fue lo que hice; busque y busque Randori tras Randori, entrada tras entrada, fracaso tras fracaso…no anote cuánto tiempo me llevo, meses, años; miles de intentos, cientos con seguridad. Perseguí la quimera con intensidad, ganas y decisión.

Jamás me permití aceptar que no sería capaz, jamás me planteé abandonar. Probablemente por eso llegue hasta Hidari Sumi Gaeshi y hoy es mi arma más fina, la técnica que mejor me sale; la que puedo atacar cuando quiero; a la que puedo llegar en cuanto me lo propongo. Las otras pueden salir, pero no siempre resultan, falló mucho al usarlas; Sumi Gaeshi sale 19 de 20 intentos y es casi siempre Ippon; no me la pueden parar. Además, sigo en Ne Waza y si no fue Ippon, lo será.                                                                                                                                            
Claro que hay que tener en cuenta una cosa que los Senseis repiten incansables: debes, debemos tener variantes, combinaciones, un espectro amplio de posibilidades, hay que engañar, volver loco literalmente al compañero; que no sepa nunca por donde vas a ir. Y si yo puedo atacar con: Hanei Goshi, Harai Goshi, Uchi Mata, Tai Otoshi, Tani Otoshi, Yoko gake, Ko Uchi gari, De Ashí Barai o Sode Tsuri Komi Goshi además de Sumi Gaeshi y alguna otra; entonces no sabes cómo defenderme ni que debes defender. Te toca destrozarme los agarres y evitar a toda costa que te agarre, preocuparte todo el tiempo de eso, dejas de sentirte cómodo y si yo voy por la derecha y por la izquierda, sin aturullarme, estás literalmente perdido, confundido. Los jóvenes potros lo resuelven poniendo el compresor y los dos turbos, moviéndome, haciéndome subir las pulsaciones y evitando mis agarres que también son mentirosos, no dicen nada, no transmiten peligro, no les hace huir aunque ya los conozcan y sufran; los he trabajado a fondo para que sea así, no quiero que sientan el peligro hasta que sea tarde.                    
En cuanto bajan el ritmo o se distraen con esos agarres imposibles y me dejan planear la emboscada están cerca de ser proyectados. Hay quien no me deja agarrar cómodo ni a palos, una buena estrategia para frenarme, pero al final, salvo tres compañeros que lo bordan y se imponen en cada Randori; los demás terminan por cometer un error que les condena a ser proyectados. Tampoco abuso, algunos no sufren más de una caída o dos por Sumi Gaeshi en todo un Randori, intento otras técnicas, sigo puliendolas, no hay que hacerles sentir frustración, no más de la estrictamente necesaria; hay que dejarles crecer y con el tiempo se verá por dónde evolucionan. Cuando estén maduros se les puede apretar, nunca antes de que estén preparados.

Fue una búsqueda intensa, preñada de: intensidad, fe, trabajo, ganas, determinación y convicción. De entrega. Fue un juego, fueron risas cuando fallaba miserablemente, fue disfrute, fue no aceptar que mis limitaciones me superarían, yo les bailaría un malambo a ellas y no al revés; fue Judo en su máxima expresión.                                                    
Pude obviar el desafío, pude, pero ni siquiera me lo planteé. Creo honestamente que la mejor manera de honrar a quienes te enseñaron es hacerles caso e intentar tener fe en lo que te enseñaron, en lo que decían que es posible, viable, aunque no lo veas ni lo imagines y puede que ni siquiera te creas capaz. Si los Senseis dicen que se puede, inténtalo de verdad, da lo mejor que tengas y sorpréndete con los resultados. Sorpréndeles a ellos, haceles ver que superaste sus expectativas más ambiciosas para contigo; haceles saber que te enseñaron tanto y tan bien que has podido alcanzar un nivel que de otra manera estaba fuera de tu rango…haceles sentir que sos su embajador dondequiera que acaricies un tatami, sea con los pies, las manos, las rodillas o toda la espalda.
Ninguna técnica resultaba, no había manera. Clase tras clase, Randori tras Randori era incapaz de proyectarle y fue así que me puse en modo porfiado total, solté al Rafita menos cuerdo, al menos racional, al pasional que no tiene freno ni lo conoce, el que no cree que haya límites al trabajo, al sacrificio, a transpirar, a ponerle ganas, intensidad porque otros le dijeron que era posible pero solo si estacionamos en la cuneta las dudas y te enfocas en el problema que en este caso era proyectar a Charlie. Pero no valía hacerlo de cualquier manera, no señor, tenía que ser claro, incontestable. Si llegaba tenía que ser cuasi perfecto, un poema con altos estándares de calidad técnica, un poema que le alegrase la vista a los Senseis, si pudieran verlo o al Sensei que hoy por hoy me tiene en su Dojo.                                                                          

Semanas, meses, años…buscando incansable. Cada entrada, cada intento fallido era motivación extra; tiene que existir algo que sea efectivo, que yo no pueda verlo no implica que no exista, solo quiere decir que estoy verde y me falta estudiar más, solamente eso, pensaba.

Es el Everest, el K2 o el Cerro Montevideo. Es tu límite, el que sea. Cuando alguien trabaja de esa manera en la clase, nadie es ajeno, a nadie se le escapa; todos ven que cuesta, todos ven que no abandonas; que no te frustras, que no te obsesionas; que no le das importancia a los fallos ni al tiempo que te lleva; que no abandonas la ardua tarea de superarte. Probablemente no entiendan que te impulsa, pero les quedará grabado que se puede; quizás algún día sean ellos los que persigan una quimera con esa intensidad y constancia; solo por eso vale la pena intentarlo; aunque no consigas atraparla, si diste lo mejor y no llegaste a la cima, quédate con el camino que recorriste y lo que al hacerlo aprendiste sobre ti mismo, sobre limitaciones, mentalidad, motivación y sobre el Judo.

Entonces, pasados los años que no he contabilizado, creo que fueron un par o tres, ni idea, ataque con Hidari Sumi Gaeshi y conseguí un Ippon. Un verdadero milagro. Charlie reía con toda la boca, su homenaje a este loco; no le costó nada asumir que se le había terminado la veda, no le pareció importante. Debo dejar bien claro que, sin él, yo no tendría a Sumi Gaeshi como arma efectiva. Es su regalo a mi Judo, su contribución desinteresada y generosa para que yo creciese. El trabajo el mismo tiempo que yo para que pudiera llegar, se esforzó tanto o más que yo; supo en todo momento que, si lo conseguía, le proyectaría sin piedad, con cortesía, pero sin pizca de piedad y aun siendo consciente, me permitió trabajar, colaboró activamente en mi búsqueda, participó de la misma. Judo, puro Judo.                                                                                             
Esa clase, con esa entrada, empezó otra búsqueda, más íntima, más personal; había llegado a un buen punto, ahora se trataba de ampliar, desarrollarla y mejorarla; desde entonces la voy puliendo, mejoro las adaptaciones que le hice; la hago más efectiva, más imparable; tanto como para que el Sensei me felicite dos por tres cuando me ve hacerla y proyectar a mis compañeros. Dice que es Rafa Gaeshi, es Sumi Gaeshi sin lugar a dudas y es mi manera particular de interpretarlo, de ahí que la llame Rafa Gaeshi.

Pero repito que es así de efectiva por todo el arsenal que puedo usar combinado con esa técnica; sin todo el trabajo previo de agarres y posibles ataques o combinaciones no resultaría tan efectiva, se leería fácilmente y podrían pararla sin mayores problemas. Sin el agarre mentiroso que uso, mentiroso porque no transmite nada de peligro, aunque hagas Randori conmigo meses y sepas que voy a usar Sumi Gaeshi, no te parece que vaya a ser capaz de proyectarte, no sentís que haya peligro y esa es una porción del secreto que es más amplio. Incluso cuando la estoy ejecutando, hasta el final, no parece que vaya a salir; mis compañeros creen hasta el día de hoy que pueden o podrán pararla y me dejan, permiten entrarla pues no sienten que haya nada de peligro y cuando quieren reaccionar, están volando completamente desarbolados. Sin quejas asumen que esa técnica y yo compartimos algo mágico, un intangible y aunque les desvelo el secreto, no lo interpretan como para desactivarla. Tienen tiempo y alguno llegara a dar con el antídoto, solo hay que trabajar y tener paciencia.

Dicho secreto es que entro mi pierna izquierda buscando apoyar mi pie izquierdo en su tobillo izquierdo, cuando mi espalda toca el tatami con mis caderas bien profundas, entonces deslizo mi pie hacia su ingle y la estiro de golpe, hasta ese instante creen que apoyando los brazos o dejándose caer sobre mí me pararan, pero les proyecto pues la pierna hace de catapulta y no la han tenido en cuenta pues no estaba bien situada. Mi mano izquierda agarra pasando por encima de su brazo derecho, justo sobre el omóplato, más alta que baja; jamás buscó el cinturón, ese agarre les hace reaccionar negativamente para mis intereses, mi mano derecha agarra su manga izquierda a la altura de su muñeca, con el máximo control posible; en cuanto separan un poco los pies y/o se agachan un poco, les atacó.

Poco más de seis renglones para resumirlo, años trabajándola, puliendola y agregándole cosas, sumándole detalles. Estoy con una versión en la que ataco incluso sin tener mi mano derecha agarrada, si llego a tener la izquierda bien situada, entro a fondo y uso mi muslo izquierdo para levantarles; como si fuera el muslo en Uchi Mata, pero sin buscar amplitud, no quiero que tengan oportunidad de girarse; mi mano derecha agarra su manga izquierda donde puedo con la técnica ya en ejecución. Sale solo si ataco desde lejos y entro convencido. La sensación con esa versión, mientras estoy proyectando es de ligereza, de facilidad pasmosa; no me cuesta nada, no tengo que hacer esfuerzo, parece que mis compañeros se dejaran proyectar. 

Me insumió décadas tener una técnica tan efectiva; no descarto conseguir que otras se le sumen; vale la pena cada gota de sudor invertido; la sensación de que no cuesta nada, mientras la ejecutas, paga sobradamente el trabajo, el camino que recorrí para llegar a tenerla. Los Senseis tenían razón cuando me decían que solo se trataba de trabajar; la sensación viéndoles o al hacer Randori con ellos de que habían trabajado mucho para tener esa calidad técnica se ha confirmado: lleva años de honesta dedicación.                                                                 

domingo, 28 de mayo de 2017

Estudiando el Nague No Kata.

Está costando. Mucho. Son innumerables los detalles que tenemos que pulir, prácticamente tienden al infinito. Sé cómo se debe hacer, lo prepare para examinarme dos veces; lo enseñe en varias ocasiones a otros para que fueran a examen y obtuvieron excelentes notas…pero le falta trabajo, horas y horas para llegar a un nivel aceptable para pararnos frente a un tribunal.                       
Con mi compañero vamos a los cursos que se imparten para perfeccionar dicho Kata; contar con varios Senseis especialistas en Katas ayuda a ir corrigiendo dichos detalles; así fue como ayer fuimos a un curso impartido por los hermanos Camacho que vienen compitiendo en campeonatos de Nague No Kata desde hace más de dos décadas.
Es evidente que llevan miles de horas trabajándolo, estudiándolo e incluso han ido varias veces al Kodokan; lo hacen fácil y lo explican, desmenuzándolo, de igual manera. Insistieron en que hacerlo bien, perfecto, es bastante difícil y que siempre se puede mejorar. Viéndoles parece complicado llegar a hacerlo de manera que salga parecido o se acerque al resultado que ellos obtienen.                                                     

Tres horas intensas que pasaron volando; suficiente para captar algunas claves y ciertos detalles que en caso de conseguir incorporarlos harán que el Nague No Kata que conseguimos hacer gane en calidad y se parezca más a un Kata; poco tiempo, se podría estar una semana, dos o más de un mes viéndoles y escuchándoles y todavía quedarían cosas para corregir.
Llegando al final, piden voluntarios para hacer frente a todos los presentes, un grupo del Nague No Kata. No se mueve nadie. Absolutamente todos se han quedado helados. Giró la cabeza y miro a mi compañero que niega con la cabeza casi desesperadamente; no le gusta nada eso de que le miren, pararse frente a gente se le hace cuesta arriba y niega firme. Nadie se mueve. No hay voluntarios. Espere unos segundos y avance ofreciéndome como Uke. Solito me pare frente a los presentes y mi compañero asumió que le había metido en un lío y salió también. Así me lo explico en el coche volviendo a Valencia; dijo que sabía que yo saldría, lo sabía perfectamente y que al hacerlo le obligue a él a salir. Le recordé nuestros problemas con la caída de Uki Otoshi y que me ofrecí como Uke, disipándolas en parte, eso le provocó risas; evidentemente yo había pensado en todo, en esos escasos segundos decidí muchas cosas, cubrí posiciones y salve el obstáculo más complicado. Todas las demás técnicas y caídas nos salen aceptables, por descontado son mejorables, pero Uki Otoshi no sale para nada. Soy mejor de Uke que de Tori y si tengo que hacer el Kata con alguien con quien no hemos practicado el mismo, mi mejor aporte será de Uke sin lugar a dudas, pero si salía él, había evitado el escarnio, el más que probable desastre: Beneficio y prosperidad mutuos. Piensa en los demás y no solo en ti mismo,  generoso. No busques lucirte ni quedar bien, busca disimular en la medida de lo posible las carencias, propias y ajenas, pero no te pongas por encima de nadie y si hay que sacrificar a alguien, que seas tú antes que un compañero. Piensa el peor escenario imaginable y prepárate para afrontarlo con unas garantías mínimas sin buscar beneficiarte a costa de otros. En esos segundos fui Judo. Y recién ahora caigo en que fue así.
Primer Grupo. Me equivoque en el saludo, no caí bien, mientras lo hacía era consciente de todo lo que necesitaba ser mejorado y de que pasara lo que pasara, no debía parar ni dudar, solo intentar que saliera lo mejor posible. Un aplauso cerrado puso el broche.                
Esperaba mil correcciones, solo nos dijeron que siguiéramos trabajando y nos dieron las gracias por salir delante de todos; recalcaron lo difícil que era; algo que mi compañero tenía muy claro y que en mi caso solo se trata de seguir el ejemplo que aquellos a quienes observaba cuando era un aspirante y tiempo después, cuando ya casi podía decirse que parecía que sería un Judoka; la Vieja Guardia siempre se ofrecía voluntaria, no se paraba a pensar que podían decir o qué dirían; salían y hacían lo que se pedía: Un Kata, una técnica, una combinación o participar en un randori o shiai.
Varios Senseis nos felicitaron, un par recalcaron la valentía requerida para pararse frente a todos los presentes y uno nos invitó a visitar su Dojo, su casa tenía las puertas abiertas para nosotros. Probablemente habría sido bien recibido en ese Dojo sin haber hecho el Primer Grupo del Nague No Kata; ahora la invitación es firme; esperan que les visite. Demasiado premio teniendo en cuenta el pobre nivel demostrado; lo destacable es como a un océano de distancia, rigen los mismos códigos y se valoran las mismas cosas.                                                                                                                         
No premiaron nuestra habilidad, tan escasa, reconocieron la humildad necesaria para aceptar lo que falta trabajar, aprender y/o mejorar y aun así exponerse; mostrar públicamente dichas carencias es un acto que requiere muchas cosas y todas son deseables en un Judoka.           
Sin alharacas y fuera de los focos nos dijeron los errores más graves; con mimo, con respeto; la clase de respeto que solo se consigue haciendo Judo, siendo honesto; mostrándote tal y como eres; la clase de respeto que se guarda para cuando tratas con iguales. No soy Sensei, pero intento ser un Judoka; mi compañero también y si caminas como Judoka, respiras como Judoka, transpiras como Judoka, trabajas como un Judoka…pueden confundirte con uno y serás tratado con el respeto y la consideración que implica; más vale que de alguna manera tengas los mínimos necesarios para estar a la altura pues no es fácil engañar mucho tiempo a los Senseis y si, como en mi caso, todavía falta trabajo y quedan ingentes cantidades de cosas que aprender y/o mejorar, con transpirar el Judogui honestamente estarás en el camino de conseguir mantener ese respeto y hacerlo crecer.                              



viernes, 26 de mayo de 2017

Dejo de ser un niño.

Caminar  por  las  calles oscuras, con los niños  era  una  costumbre…  de  tanto  hacerlo.  La  mujer,  rubia  de  pelo  largo hasta la cintura,  caminaba  despacito,  en  cada  mano  un  niño  chico,  por  delante,   otros dos,  un  poco  más  grandes.  El  mayor  de   8  años,  el  segundo  de  6  años  y  los  chicos de  3  años.  La  mujer  sabe  que,  algo  no  está  bien,  porque  ninguno  de  los  perros,  ha  salido  a  recibirles.  Eso  significa  que  están  muertos.  Les  han  robado  o  lo  están  haciendo,  tan  seguro  como  que,  sola  con  cuatro  niños,  poco  puede  hacer,  excepto  confiar  en  que,  ya  se  hayan  ido. Reza a su Dios, por esquivo que sea, le implora ayuda.  Duda  ante  la  puerta,  la  casa  la  mira  muda,  siniestra,  como  retándola  a  animarse  a  entrar.  Los  niños  y  ella  están  muy  cansados,  demasiado.  Juntando  un  valor  que,  no  sabe  de  dónde  lo  saca,  entra  aferrando  a  un  niño  chico  en  cada  mano  y  los  más  grandes  detrás.  Mueve  un  interruptor  y  no  pasa  nada,  haciéndole  acordar  que,  le  han  cortado  la  luz,  debe  tres  meses  y  no  sabe  cuándo  podrá  pagar.  En  la  cocina  hay  velas  y  fósforos,  con  una  vela,  en  alto  y  los  dos  niños,  agarraditos  de  la  otra  mano;  recorre  la  casa,  humilde,  donde  no  hay  nada  que,  robar  y  respira  antes  de  entrar  a  los  dormitorios para constatar que han entrado, los armarios están vacios y la miran burlones  ¡Les  han  robado  toda  la  ropa!  ¡Toda!  No  han  dejado  nada…..no  tienen  ropa  para  cambiarse,  deberá  irse  a  trabajar mañana con lo que tiene puesto  y también  los  nenes deberán ir a la escuela con la ropa que llevan puesta.  Prende  el  fuego  en  la  estufa,  el  baño  de  los  niños  acaba  de  ser  suspendido,  calienta  comida  que  sobró  al  mediodía,  no saldrán  cinco  platos,  reparte  el  contenido  de  la  olla  en  cuatro  platos,  dos  con  menos  para  los  chicos  y  les  sirve  en  la  mesa.  No  tiene  un  mal  huevo  para  hacerse  un  Omelette,  es  27  de  Octubre,  no  cobrará  hasta  dentro  de  unos  días  y  no  sabe  cómo  les  va  a  dar  de  comer  a  sus  hijos.  Un  sueldo  de  secretaria,  no  alcanza  para  cinco  bocas  y  un  marido  trabajando  afuera,  sin  fecha  para  aparecer,  resuelve  solo,  cuando  llega,  nunca  antes.  Mira  a  los  chicos  comer  hambrientos  y  al  mediano  atacar  las  lentejas  con  decisión;  el  mayor  no  come  y  la  mira.
La  orden  de  que  coma  muere  en  la  garganta,  tiene  esa  mirada  que  le  da  pavor.  Es  intensa,  fría,  descarnada,  llena  de  una  violencia  descomunal,  la  promesa  de  una  violencia  atroz  pero  a  su  vez  está  cargada  de  amor  y  ternura,  en  una  mezcla  que,  jamás  habría  creído  posible,  hasta  que  la  descubrió  en  su  hijo.  Las  lágrimas   amagan  a  escaparse  y  un  leve  gesto  de  negación de  su  hijo mayor,  la  disuade,  tiene  razón,  mamá  no  llora.  Verle  empujar,  el  plato,  hacia  ella,  la  destroza,  más  allá,  de  cualquier  cordura.  Come  mirándolo,  pidiéndole  perdón  y  ve  en  sus  pupilas  crecer  la  furia  más  salvaje  que,  jamás  haya  conocido,  curiosamente,  no  se  siente  amenazada,  su  hijo  reacciona  así,  cuando  la  siente  herida,  es  como  un  instinto  y  va  dirigido  contra  el  mundo,  nunca contra  ella  o  los  hermanos;  contra  el  mundo  entero,  sin  importar  absolutamente  nada  que  pueda implicar  eso.  Come  la  mitad  y  tímida,  empuja  el  plato  hacia  su  hijo,  es  la  madre  pero  no  manda, no  cuando  su  hijo destila  el  veneno  de  la ira  y  lo  sabe.
Acuesta  a  los  tres  chicos,  el  grande  no  se  meterá  en  su  cama  hasta  sentirla  tranquila,  relajada  y  lo  hará  conservando  esa  mirada,  puede  que,  se  levante  con  ella  atormentándole  los  ojos  pues  sin  duda  le  hace añicos  el  alma,  nunca  es  fácil  adivinarlo.  Fuma  un  cigarro  tras  otro,  mirándole  a  los  ojos.  Es  un  diálogo  mudo  donde  ella  saca  poco  en  limpio,  ignora  que  ve  su  hijo  en  sus  ojos,  espera  que,  no  sea  capaz  de  interpretárselos  y es  pensarlo  y  verle  contraer  las  pupilas,  dos  puntitos  rojos  titilan en  el  fondo  de  estas  y  de  alguna  manera  sabe  que,  su  hijo  adivina  y  entiende  cada  uno  de  sus  pensamientos,  le  da  vergüenza  y  antes  de  conseguir  romper  el  hechizo  y  bajar  los  ojos,  ve  las  lágrimas  fluir  en  los  ojos  de  su  hijo.  También  ella  llora,  en  su  caso  sin  control.  No  le  siente  moverse  ni  acercarse,  el  beso  en  la  coronilla,  es  de  un  padre  no  de  un  hijo,  cualquier  atisbo  de  control,  desaparece  bajo  tanta  angustia  y  desesperación. 

Con  los  ojos  nublados  de  lágrimas,  mira  la  espalda,  de  su  hijo,  yéndose  a  acostar.  Será  la  primera  vez  que,  lo  sienta  como  un  lugarteniente.  En  el  tendrá  apoyo,  mucho;  su  hijo  acaba  de  tirar  la  infancia  a  la  cuneta,  no  está  sola,  nunca  lo  estará,  no  hasta  que  sean  grandes  y  se  valgan  por  sí  mismos,  bueno,  los  otros,  este  ya  es  adulto  y  la  magnitud  de  tal  hecho,  vuelve  a  provocarle  un  llanto  descontrolado.  Por  injusto,  por  inadecuado  y  porque  la  hace  sentir  fracasada.             

En  su  cama,  el  niño  no  duerme,  de  alguna  manera  sabe  que  dejó  de  ser  un  niño,  ahora  es  otra  cosa;  no  un  hombre, otra cosa.  Tiene  hambre  y  mañana  no  habrá  desayuno,  queda  leche  para  tres  vasos  y  galletas  para  dos  que  se  repartirá  en  tres.  Y  por  primera  vez,  en  su  vida  piensa  en  que  sobrevivirá,  sin  atisbo  de  duda  y  ahora  la  mueca  que,  le  adorna  la  cara  es  simplemente  feroz  y  desafiante;  hará  lo  que  sea  necesario,  para  sobrevivir,  lo  que  sea  necesario y que el Diablo reparta condenas…e indultos.

domingo, 14 de mayo de 2017

Tener memoria.

Fui un joven complicado, di trabajo y jamás me permito olvidarlo u obviarlo. Maestras, Profesoras, algún Profesor, eran minoría, los Senseis y los alumnos aventajados; absolutamente todos trabajaron activamente, duramente tratando de conseguir sacar algo de este payaso. Cada uno en su parcela, cada cual, recurriendo a sus armas, todos volcados en salvar al adolescente de sí mismo. La que más luchó fue sin duda mi madre, La Vieja; fue una verdadera leona; revolucionaria, adelantada a su época y con las ideas clara; era su retoño, era su responsabilidad y trabajo para corregir ciertos aspectos que era menester cambiar. En conjunto, trabajaron para sacar algo positivo; tenían una fe ciega en mí; hoy puedo intuir lo que veían que les llevaba a alentar expectativas, como educadores estaban adiestrados en detectar esos detalles que te hacen saber quién tiene posibilidades y quien no merece nada pues no está dispuesto a dejarse ayudar.
¿Cómo pagas esa deuda? ¿Cómo podrías devolver semejante esfuerzo? Entiendo que solo hay una manera: ayudar a los jóvenes a encontrar su camino.                                   
El día que me vi frente a una clase de niños que me miraban puro ojo gracias al Sensei que creyó oportuno ponerme al frente de la misma; empecé a colaborar con los padres a guiar a sus hijos. Simplemente paso y ya no he dejado de hacerlo; había descubierto la manera de pagar y quería, quiero hacerlo.                                                                                                                                           

Hoy no estoy al frente de una clase ni soy el segundo de a bordo ni nada, soy un alumno más, pero aquella deuda persiste pues tiene intereses combinados que significa que jamás podré amortizarla. Ni quiero. Por eso hablo con quienes llegan al tatami, les explico cosas, les exijo otras; muchas veces generó risas de quienes llevan años en el Dojo al verme en acción ante las respuestas de esos jóvenes ante mis requerimientos. Soy muy plomo, muy pesado, muy exigente.
Va un ejemplo: Un cinturón blanco está desparramado en el tatami, las piernas estiradas, la espalda apoyada en la pared mientras el Sensei explica el próximo ejercicio. Le veo y voy hacía él que al verme pega un salto y se para recto, provocando las sonrisas y risas de los alumnos que llevan tiempo aprendiendo Judo que menean la cabeza. Sabía perfectamente que no debe estar así; se le ha explicado y de ahí su reacción. Di media vuelta y volví a mi lugar. No hace falta absolutamente nada más. Sobra una mirada cuando el estudiante sabe que debe y que no debe hacer; extrapolando, sobra una mirada cuando está por cagarla o una charla breve si la cosa lo amerita. No sirve de nada enseñar a combatir si se olvida enseñar el marco para administrar dicho poder que pasa por ser personas con criterio, valores, responsabilidad, compromiso y ganas de hacer las cosas lo mejor que puedan; entre otras.
No hay guerras en las que estemos inmersos. no directamente; ya no vamos a la batalla y eso implica que más que nunca debamos ser estables, tener autocontrol, educación, paciencia...un guerrero tiene que convivir en paz con sus semejantes cuando no va a guerrear. Un Judoka es un guerrero adiestrado en el arte del combate sin armas externas, tiene un cerebro, un cuerpo, un espíritu y una formación que le pone por encima de quienes no hayan estudiado ningún Arte Marcial o sistema de combate sin armas; no podemos permitirnos el lujo de no enseñarle a administrar dicho poder en beneficio de la sociedad.
Cuando una candidata o candidato a ser atendido especialmente llega al tatami les digo que se tienen que ganar el derecho a que les cuente mi historia, dentro de cinco años a partir de ese momento. Para que eso ocurra tienen que empezar desde ese instante a portarse mejor en casa y deben subir las notas; y por supuesto: deberán aprender Judo. No es negociable.                                                                                                                                                                                                                                 Madres y padres valoran positivamente mis maneras, ese plus que le pongo y como consigo respuesta de sus retoños. Salvar a todos no es viable, tienen que querer y poner de su parte; inevitablemente algunos no alcanzan el objetivo pues abandonan el estudio del Judo al poco de empezar y dejo de tener influencia sobre ellos; los que persisten consiguen mejoras notables a todo nivel; es lo que tiene el Judo, hace parecer fácil lo difícil. Acá estoy yo para demostrarlo; no pintaba nada bien.
Hay varios que ya han cumplido el tiempo, ninguno ha querido saber más de lo que fueron descubriendo clase a clase; dejó de importar quién fui, valoran quien soy; sus padres lo que consigo de sus hijos y yo voy tratando de devolver un cachito de lo recibido. Encontrarme con unos y otros es espectacular, saber que te agradecen sinceramente el aporte me llena de satisfacción; haber colaborado para ayudarles a encontrarse es hermoso; ser abrazado con esa intensidad reconforta; ser querido y respetado por dicha colaboración es un plus que atesoro. Saber que les ayudaste, pues te lo dicen claramente, hace que cada día sienta que es algo que debo hacer.                                                

Todos ganamos: Beneficio y prosperidad mutuos. Para quienes no lo saben y para quienes lo han olvidado: uno de los Principios del Judo. Como siempre recalcaban cuando era joven: El Judo ni empieza ni termina en el tatami.