domingo, 28 de mayo de 2017

Estudiando el Nague No Kata.

Está costando. Mucho. Son innumerables los detalles que tenemos que pulir, prácticamente tienden al infinito. Sé cómo se debe hacer, lo prepare para examinarme dos veces; lo enseñe en varias ocasiones a otros para que fueran a examen y obtuvieron excelentes notas…pero le falta trabajo, horas y horas para llegar a un nivel aceptable para pararnos frente a un tribunal.                       
Con mi compañero vamos a los cursos que se imparten para perfeccionar dicho Kata; contar con varios Senseis especialistas en Katas ayuda a ir corrigiendo dichos detalles; así fue como ayer fuimos a un curso impartido por los hermanos Camacho que vienen compitiendo en campeonatos de Nague No Kata desde hace más de dos décadas.
Es evidente que llevan miles de horas trabajándolo, estudiándolo e incluso han ido varias veces al Kodokan; lo hacen fácil y lo explican, desmenuzándolo, de igual manera. Insistieron en que hacerlo bien, perfecto, es bastante difícil y que siempre se puede mejorar. Viéndoles parece complicado llegar a hacerlo de manera que salga parecido o se acerque al resultado que ellos obtienen.                                                     

Tres horas intensas que pasaron volando; suficiente para captar algunas claves y ciertos detalles que en caso de conseguir incorporarlos harán que el Nague No Kata que conseguimos hacer gane en calidad y se parezca más a un Kata; poco tiempo, se podría estar una semana, dos o más de un mes viéndoles y escuchándoles y todavía quedarían cosas para corregir.
Llegando al final, piden voluntarios para hacer frente a todos los presentes, un grupo del Nague No Kata. No se mueve nadie. Absolutamente todos se han quedado helados. Giró la cabeza y miro a mi compañero que niega con la cabeza casi desesperadamente; no le gusta nada eso de que le miren, pararse frente a gente se le hace cuesta arriba y niega firme. Nadie se mueve. No hay voluntarios. Espere unos segundos y avance ofreciéndome como Uke. Solito me pare frente a los presentes y mi compañero asumió que le había metido en un lío y salió también. Así me lo explico en el coche volviendo a Valencia; dijo que sabía que yo saldría, lo sabía perfectamente y que al hacerlo le obligue a él a salir. Le recordé nuestros problemas con la caída de Uki Otoshi y que me ofrecí como Uke, disipándolas en parte, eso le provocó risas; evidentemente yo había pensado en todo, en esos escasos segundos decidí muchas cosas, cubrí posiciones y salve el obstáculo más complicado. Todas las demás técnicas y caídas nos salen aceptables, por descontado son mejorables, pero Uki Otoshi no sale para nada. Soy mejor de Uke que de Tori y si tengo que hacer el Kata con alguien con quien no hemos practicado el mismo, mi mejor aporte será de Uke sin lugar a dudas, pero si salía él, había evitado el escarnio, el más que probable desastre: Beneficio y prosperidad mutuos. Piensa en los demás y no solo en ti mismo,  generoso. No busques lucirte ni quedar bien, busca disimular en la medida de lo posible las carencias, propias y ajenas, pero no te pongas por encima de nadie y si hay que sacrificar a alguien, que seas tú antes que un compañero. Piensa el peor escenario imaginable y prepárate para afrontarlo con unas garantías mínimas sin buscar beneficiarte a costa de otros. En esos segundos fui Judo. Y recién ahora caigo en que fue así.
Primer Grupo. Me equivoque en el saludo, no caí bien, mientras lo hacía era consciente de todo lo que necesitaba ser mejorado y de que pasara lo que pasara, no debía parar ni dudar, solo intentar que saliera lo mejor posible. Un aplauso cerrado puso el broche.                
Esperaba mil correcciones, solo nos dijeron que siguiéramos trabajando y nos dieron las gracias por salir delante de todos; recalcaron lo difícil que era; algo que mi compañero tenía muy claro y que en mi caso solo se trata de seguir el ejemplo que aquellos a quienes observaba cuando era un aspirante y tiempo después, cuando ya casi podía decirse que parecía que sería un Judoka; la Vieja Guardia siempre se ofrecía voluntaria, no se paraba a pensar que podían decir o qué dirían; salían y hacían lo que se pedía: Un Kata, una técnica, una combinación o participar en un randori o shiai.
Varios Senseis nos felicitaron, un par recalcaron la valentía requerida para pararse frente a todos los presentes y uno nos invitó a visitar su Dojo, su casa tenía las puertas abiertas para nosotros. Probablemente habría sido bien recibido en ese Dojo sin haber hecho el Primer Grupo del Nague No Kata; ahora la invitación es firme; esperan que les visite. Demasiado premio teniendo en cuenta el pobre nivel demostrado; lo destacable es como a un océano de distancia, rigen los mismos códigos y se valoran las mismas cosas.                                                                                                                         
No premiaron nuestra habilidad, tan escasa, reconocieron la humildad necesaria para aceptar lo que falta trabajar, aprender y/o mejorar y aun así exponerse; mostrar públicamente dichas carencias es un acto que requiere muchas cosas y todas son deseables en un Judoka.           
Sin alharacas y fuera de los focos nos dijeron los errores más graves; con mimo, con respeto; la clase de respeto que solo se consigue haciendo Judo, siendo honesto; mostrándote tal y como eres; la clase de respeto que se guarda para cuando tratas con iguales. No soy Sensei, pero intento ser un Judoka; mi compañero también y si caminas como Judoka, respiras como Judoka, transpiras como Judoka, trabajas como un Judoka…pueden confundirte con uno y serás tratado con el respeto y la consideración que implica; más vale que de alguna manera tengas los mínimos necesarios para estar a la altura pues no es fácil engañar mucho tiempo a los Senseis y si, como en mi caso, todavía falta trabajo y quedan ingentes cantidades de cosas que aprender y/o mejorar, con transpirar el Judogui honestamente estarás en el camino de conseguir mantener ese respeto y hacerlo crecer.                              



viernes, 26 de mayo de 2017

Dejo de ser un niño.

Caminar  por  las  calles oscuras, con los niños  era  una  costumbre…  de  tanto  hacerlo.  La  mujer,  rubia  de  pelo  largo hasta la cintura,  caminaba  despacito,  en  cada  mano  un  niño  chico,  por  delante,   otros dos,  un  poco  más  grandes.  El  mayor  de   8  años,  el  segundo  de  6  años  y  los  chicos de  3  años.  La  mujer  sabe  que,  algo  no  está  bien,  porque  ninguno  de  los  perros,  ha  salido  a  recibirles.  Eso  significa  que  están  muertos.  Les  han  robado  o  lo  están  haciendo,  tan  seguro  como  que,  sola  con  cuatro  niños,  poco  puede  hacer,  excepto  confiar  en  que,  ya  se  hayan  ido. Reza a su Dios, por esquivo que sea, le implora ayuda.  Duda  ante  la  puerta,  la  casa  la  mira  muda,  siniestra,  como  retándola  a  animarse  a  entrar.  Los  niños  y  ella  están  muy  cansados,  demasiado.  Juntando  un  valor  que,  no  sabe  de  dónde  lo  saca,  entra  aferrando  a  un  niño  chico  en  cada  mano  y  los  más  grandes  detrás.  Mueve  un  interruptor  y  no  pasa  nada,  haciéndole  acordar  que,  le  han  cortado  la  luz,  debe  tres  meses  y  no  sabe  cuándo  podrá  pagar.  En  la  cocina  hay  velas  y  fósforos,  con  una  vela,  en  alto  y  los  dos  niños,  agarraditos  de  la  otra  mano;  recorre  la  casa,  humilde,  donde  no  hay  nada  que,  robar  y  respira  antes  de  entrar  a  los  dormitorios para constatar que han entrado, los armarios están vacios y la miran burlones  ¡Les  han  robado  toda  la  ropa!  ¡Toda!  No  han  dejado  nada…..no  tienen  ropa  para  cambiarse,  deberá  irse  a  trabajar mañana con lo que tiene puesto  y también  los  nenes deberán ir a la escuela con la ropa que llevan puesta.  Prende  el  fuego  en  la  estufa,  el  baño  de  los  niños  acaba  de  ser  suspendido,  calienta  comida  que  sobró  al  mediodía,  no saldrán  cinco  platos,  reparte  el  contenido  de  la  olla  en  cuatro  platos,  dos  con  menos  para  los  chicos  y  les  sirve  en  la  mesa.  No  tiene  un  mal  huevo  para  hacerse  un  Omelette,  es  27  de  Octubre,  no  cobrará  hasta  dentro  de  unos  días  y  no  sabe  cómo  les  va  a  dar  de  comer  a  sus  hijos.  Un  sueldo  de  secretaria,  no  alcanza  para  cinco  bocas  y  un  marido  trabajando  afuera,  sin  fecha  para  aparecer,  resuelve  solo,  cuando  llega,  nunca  antes.  Mira  a  los  chicos  comer  hambrientos  y  al  mediano  atacar  las  lentejas  con  decisión;  el  mayor  no  come  y  la  mira.
La  orden  de  que  coma  muere  en  la  garganta,  tiene  esa  mirada  que  le  da  pavor.  Es  intensa,  fría,  descarnada,  llena  de  una  violencia  descomunal,  la  promesa  de  una  violencia  atroz  pero  a  su  vez  está  cargada  de  amor  y  ternura,  en  una  mezcla  que,  jamás  habría  creído  posible,  hasta  que  la  descubrió  en  su  hijo.  Las  lágrimas   amagan  a  escaparse  y  un  leve  gesto  de  negación de  su  hijo mayor,  la  disuade,  tiene  razón,  mamá  no  llora.  Verle  empujar,  el  plato,  hacia  ella,  la  destroza,  más  allá,  de  cualquier  cordura.  Come  mirándolo,  pidiéndole  perdón  y  ve  en  sus  pupilas  crecer  la  furia  más  salvaje  que,  jamás  haya  conocido,  curiosamente,  no  se  siente  amenazada,  su  hijo  reacciona  así,  cuando  la  siente  herida,  es  como  un  instinto  y  va  dirigido  contra  el  mundo,  nunca contra  ella  o  los  hermanos;  contra  el  mundo  entero,  sin  importar  absolutamente  nada  que  pueda implicar  eso.  Come  la  mitad  y  tímida,  empuja  el  plato  hacia  su  hijo,  es  la  madre  pero  no  manda, no  cuando  su  hijo destila  el  veneno  de  la ira  y  lo  sabe.
Acuesta  a  los  tres  chicos,  el  grande  no  se  meterá  en  su  cama  hasta  sentirla  tranquila,  relajada  y  lo  hará  conservando  esa  mirada,  puede  que,  se  levante  con  ella  atormentándole  los  ojos  pues  sin  duda  le  hace añicos  el  alma,  nunca  es  fácil  adivinarlo.  Fuma  un  cigarro  tras  otro,  mirándole  a  los  ojos.  Es  un  diálogo  mudo  donde  ella  saca  poco  en  limpio,  ignora  que  ve  su  hijo  en  sus  ojos,  espera  que,  no  sea  capaz  de  interpretárselos  y es  pensarlo  y  verle  contraer  las  pupilas,  dos  puntitos  rojos  titilan en  el  fondo  de  estas  y  de  alguna  manera  sabe  que,  su  hijo  adivina  y  entiende  cada  uno  de  sus  pensamientos,  le  da  vergüenza  y  antes  de  conseguir  romper  el  hechizo  y  bajar  los  ojos,  ve  las  lágrimas  fluir  en  los  ojos  de  su  hijo.  También  ella  llora,  en  su  caso  sin  control.  No  le  siente  moverse  ni  acercarse,  el  beso  en  la  coronilla,  es  de  un  padre  no  de  un  hijo,  cualquier  atisbo  de  control,  desaparece  bajo  tanta  angustia  y  desesperación. 

Con  los  ojos  nublados  de  lágrimas,  mira  la  espalda,  de  su  hijo,  yéndose  a  acostar.  Será  la  primera  vez  que,  lo  sienta  como  un  lugarteniente.  En  el  tendrá  apoyo,  mucho;  su  hijo  acaba  de  tirar  la  infancia  a  la  cuneta,  no  está  sola,  nunca  lo  estará,  no  hasta  que  sean  grandes  y  se  valgan  por  sí  mismos,  bueno,  los  otros,  este  ya  es  adulto  y  la  magnitud  de  tal  hecho,  vuelve  a  provocarle  un  llanto  descontrolado.  Por  injusto,  por  inadecuado  y  porque  la  hace  sentir  fracasada.             

En  su  cama,  el  niño  no  duerme,  de  alguna  manera  sabe  que  dejó  de  ser  un  niño,  ahora  es  otra  cosa;  no  un  hombre, otra cosa.  Tiene  hambre  y  mañana  no  habrá  desayuno,  queda  leche  para  tres  vasos  y  galletas  para  dos  que  se  repartirá  en  tres.  Y  por  primera  vez,  en  su  vida  piensa  en  que  sobrevivirá,  sin  atisbo  de  duda  y  ahora  la  mueca  que,  le  adorna  la  cara  es  simplemente  feroz  y  desafiante;  hará  lo  que  sea  necesario,  para  sobrevivir,  lo  que  sea  necesario y que el Diablo reparta condenas…e indultos.

domingo, 14 de mayo de 2017

Tener memoria.

Fui un joven complicado, di trabajo y jamás me permito olvidarlo u obviarlo. Maestras, Profesoras, algún Profesor, eran minoría, los Senseis y los alumnos aventajados; absolutamente todos trabajaron activamente, duramente tratando de conseguir sacar algo de este payaso. Cada uno en su parcela, cada cual, recurriendo a sus armas, todos volcados en salvar al adolescente de sí mismo. La que más luchó fue sin duda mi madre, La Vieja; fue una verdadera leona; revolucionaria, adelantada a su época y con las ideas clara; era su retoño, era su responsabilidad y trabajo para corregir ciertos aspectos que era menester cambiar. En conjunto, trabajaron para sacar algo positivo; tenían una fe ciega en mí; hoy puedo intuir lo que veían que les llevaba a alentar expectativas, como educadores estaban adiestrados en detectar esos detalles que te hacen saber quién tiene posibilidades y quien no merece nada pues no está dispuesto a dejarse ayudar.
¿Cómo pagas esa deuda? ¿Cómo podrías devolver semejante esfuerzo? Entiendo que solo hay una manera: ayudar a los jóvenes a encontrar su camino.                                   
El día que me vi frente a una clase de niños que me miraban puro ojo gracias al Sensei que creyó oportuno ponerme al frente de la misma; empecé a colaborar con los padres a guiar a sus hijos. Simplemente paso y ya no he dejado de hacerlo; había descubierto la manera de pagar y quería, quiero hacerlo.                                                                                                                                           

Hoy no estoy al frente de una clase ni soy el segundo de a bordo ni nada, soy un alumno más, pero aquella deuda persiste pues tiene intereses combinados que significa que jamás podré amortizarla. Ni quiero. Por eso hablo con quienes llegan al tatami, les explico cosas, les exijo otras; muchas veces generó risas de quienes llevan años en el Dojo al verme en acción ante las respuestas de esos jóvenes ante mis requerimientos. Soy muy plomo, muy pesado, muy exigente.
Va un ejemplo: Un cinturón blanco está desparramado en el tatami, las piernas estiradas, la espalda apoyada en la pared mientras el Sensei explica el próximo ejercicio. Le veo y voy hacía él que al verme pega un salto y se para recto, provocando las sonrisas y risas de los alumnos que llevan tiempo aprendiendo Judo que menean la cabeza. Sabía perfectamente que no debe estar así; se le ha explicado y de ahí su reacción. Di media vuelta y volví a mi lugar. No hace falta absolutamente nada más. Sobra una mirada cuando el estudiante sabe que debe y que no debe hacer; extrapolando, sobra una mirada cuando está por cagarla o una charla breve si la cosa lo amerita. No sirve de nada enseñar a combatir si se olvida enseñar el marco para administrar dicho poder que pasa por ser personas con criterio, valores, responsabilidad, compromiso y ganas de hacer las cosas lo mejor que puedan; entre otras.
No hay guerras en las que estemos inmersos. no directamente; ya no vamos a la batalla y eso implica que más que nunca debamos ser estables, tener autocontrol, educación, paciencia...un guerrero tiene que convivir en paz con sus semejantes cuando no va a guerrear. Un Judoka es un guerrero adiestrado en el arte del combate sin armas externas, tiene un cerebro, un cuerpo, un espíritu y una formación que le pone por encima de quienes no hayan estudiado ningún Arte Marcial o sistema de combate sin armas; no podemos permitirnos el lujo de no enseñarle a administrar dicho poder en beneficio de la sociedad.
Cuando una candidata o candidato a ser atendido especialmente llega al tatami les digo que se tienen que ganar el derecho a que les cuente mi historia, dentro de cinco años a partir de ese momento. Para que eso ocurra tienen que empezar desde ese instante a portarse mejor en casa y deben subir las notas; y por supuesto: deberán aprender Judo. No es negociable.                                                                                                                                                                                                                                 Madres y padres valoran positivamente mis maneras, ese plus que le pongo y como consigo respuesta de sus retoños. Salvar a todos no es viable, tienen que querer y poner de su parte; inevitablemente algunos no alcanzan el objetivo pues abandonan el estudio del Judo al poco de empezar y dejo de tener influencia sobre ellos; los que persisten consiguen mejoras notables a todo nivel; es lo que tiene el Judo, hace parecer fácil lo difícil. Acá estoy yo para demostrarlo; no pintaba nada bien.
Hay varios que ya han cumplido el tiempo, ninguno ha querido saber más de lo que fueron descubriendo clase a clase; dejó de importar quién fui, valoran quien soy; sus padres lo que consigo de sus hijos y yo voy tratando de devolver un cachito de lo recibido. Encontrarme con unos y otros es espectacular, saber que te agradecen sinceramente el aporte me llena de satisfacción; haber colaborado para ayudarles a encontrarse es hermoso; ser abrazado con esa intensidad reconforta; ser querido y respetado por dicha colaboración es un plus que atesoro. Saber que les ayudaste, pues te lo dicen claramente, hace que cada día sienta que es algo que debo hacer.                                                

Todos ganamos: Beneficio y prosperidad mutuos. Para quienes no lo saben y para quienes lo han olvidado: uno de los Principios del Judo. Como siempre recalcaban cuando era joven: El Judo ni empieza ni termina en el tatami.                                                                       


sábado, 13 de mayo de 2017

Dos cuestiones.

Primero -  Va pasando el tiempo y voy percatándome o simplemente en algún momento caigo en la cuenta de que el fundador del Judo, Jigoro Kano, consiguió algo excepcional. Aunando, amalgamando distintos estilos de Jiu Jitsu, tras haber aprendido en diferentes escuelas con distintos Maestros; proceso durante el que fue retirando las técnicas que eran peligrosas y solían generar lesiones de manera sistemática o con frecuencia, llegó a lo que es su legado: El Judo; que pueden aprenderlo y/o practicarlo los niños desde una edad temprana sin que se lastimen y es normal ver clases de niños a rebosar. Resulta un espectáculo digno de ser disfrutado y verles trabajar y progresar es una maravilla. No es baladí que la UNESCO lo recomiende para los niños por los beneficios que les aporta su práctica. 
Todos podemos aprender Judo y si se hacen las cosas bien: no hay lesiones. El Judo no excluye a nadie, está disponible para cualquiera. Por fuerza, Jigoro Kano debió ser un hombre excepcional pues su legado lo es. Por fuerza quienes lo pervierten están alejados del Espíritu del Judo y no honran la memoria de su fundador.                   

Segundo.-  Desde siempre nos ha costado trabajar los aspectos ortodoxos. Preocupados y/o ocupados, distraídos en la vertiente competitiva, deformamos nuestro Judo y descuidamos los Katas al punto de abandonarlos e ignorarlos; asimismo a la correcta ejecución de las técnicas y cuando llega la hora de preparar un examen, tenemos que hacer un esfuerzo para conseguir hacer las cosas bien. Es radicalmente diferente demostrar un dominio técnico que proyectar a quien no está por la labor de permitírtelo; o de conseguir estrangularlo, por dar un par de ejemplos y en la persecución de ser efectivos introducimos cambios en las técnicas que no son válidas para un examen donde nos van a exigir la correcta ejecución de cada una.                  
Por otra parte, es necesario enseñar las bases y como se deben hacer las cosas; de ahí la insistencia en que se haga debidamente y la necesidad de los exámenes.                                                                       
Estoy en el proceso de revertir eso pues pretendo presentarme a examen de Ni Dan en España y me han llamado la atención: me paro como un competidor y me muevo como tal, entre otras observaciones. Tendré que esforzarme para desterrar esos vicios y acercarme a lo que debe ser un aspirante a pasar un examen con la máxima nota posible. Siendo que ya lo hice en el año 1998; sé que puedo, pero ya no tengo 28 años y también se nota. Además, he estado desde el 2004 sin hacer un Kata y deformando cada técnica que utilizo, carburando como las puedo modificar para que, a pesar de mis limitaciones, consiga mantener cierta efectividad. Y la verdad es que no hay excusas, siempre se puede encontrar un hueco para los Katas, basta con tener ganas y recordar su importancia.              
Definitivamente no caeré en el mismo error y procurare no descuidar los Katas en adelante que por otra parte mientras los estudias y aprendes entendes aspectos que de otra manera se te escapan.

Boomerang.

Este jueves perdí un paquete, un sobre chico. Cuando llegue a la dirección del mismo no lo tenía, tras revisar la camioneta a fondo llame a la oficina para reportarlo; lo había tenido en mis manos a primera hora y estaba en el listado por lo tanto debería estar en la camioneta y si no era así, lo había perdido. No apareció en el transcurso de la tarde y se confirmó que no lo tenía.
Llegue a la base tras terminar la ruta, revise tres veces la camioneta, la última con uno de los encargados y nada. La sospecha de que sos un ladrón se dispara inmediatamente; el malestar que sentía no era tanto por eso, básicamente nacía en que no se pueden perder paquetes o no se deberían perder, pero pasa y yo me lo tomo muy en serio para que a mí no me pase, cuestión de honor, de orgullo, de responsabilidad y de reputación.                                                                                             

Si sos honesto y derecho cuando pase algo y necesites que te crean honesto o directamente te consideren como tal, será más fácil que te den crédito y cierto margen mientras se dilucida que ha pasado. El problema son los que no se pierden pues se los queda el mensajero y/o cualquiera que se hace pasar por el destinatario; pasa, pasa más seguido de lo que se pueden imaginar y en ambos casos repercute en todos aquellos que cada mañanita salimos con una camioneta a reventar de mercadería que se nos confía y que en la mayoría de los casos sube a varios miles de euros; que no robamos pero no estamos exentos de entregar mal un envió y que parezca que lo robamos aunque se suele aclarar en cada caso que paso, puede tardar un día, una semana o un mes pero al final aflora la verdad. Llevamos GPS, algunos paquetes tienen chicharra, son señuelos y otros van destinados a personas que hacen de contralor a las que no tenes identificadas; si robas, antes o después te cazan; probablemente antes. Los departamentos de seguridad tienen personal y medios; los clientes llaman a las oficinas para quejarse o informar, no sé si para felicitar por el servicio o agradecer las ganas del mensajero que termina por hacer una entrega difícil tras varios intentos y llamadas, mientras corre contra reloj para cumplir con todo el reparto asignado más lo que le van metiendo sobre la marcha; todo redunda en un control efectivo y es muy difícil que algo se pierda a tal punto de que no se sepa perfectamente qué ha pasado.
No apareció y me fui a casa molesto. Tuvo que caerse en el estacionamiento del centro comercial, fue imperativo vaciar la camioneta para organizar la carga y separar lo que se tenía que entregar en ese punto, era eso o que se me fuera pegado a otro sobre, es algo que se da pues el plástico húmedo tiene tendencia a pegarse a otra superficie plástica; es algo con lo que hay que tener cuidado. El caso era que había perdido un paquete y no estaba para nada contento.
El viernes estacione en el centro de L'eliana tras terminar el centro comercial, en un excelente lugar que está a mano de todo, hago las entregas caminando, me llevo seis o siete paquetes en una bolsa y voy entregándolos por zonas, no voy corriendo pero casi. Si son grandes o pesados llamó al destinatario antes de bajarlos y pegarme la paliza con el carro por veredas atestadas de gente, si confirmo la presencia de alguien para asegurar la entrega, salgo con la carga. Eran las 1022, tengo que salir de la zona, teniéndola finiquitada lo antes posible, las 1200 es mi hora vertical, si la rebasó estoy completamente muerto pues quedan recogidas con hora límite las 1300 o 1330 y entregas de antes de las 1400 desparramadas por las urbanizaciones.                                                                       
Un flaco, mensajero pues llevaba un carrito con un paquete pasa por mi lado, mira la carga y se frena.
- ¿ASM?
-Si.
- ¿No perdiste algo ayer?
-Un sobre, dirección Paseo Leman 34. Para Enrique Tercero López.
-Lo tengo. Se fue un coche del Osito (Centro Comercial) cuando yo llegaba y lo vi, vamos a mi furgo y te lo doy.
Le acompañe, estaba estacionada a escasos treinta metros. Hay que destacar que no voy uniformado de ASM, llevo una camiseta de GLS y la camioneta es blanca, sin serigrafiar; Dani estaba buscándome activamente, fijándose en la carga de las camionetas o lo que los mensajeros llevaban en las manos o carros; quería encontrarme y lo consiguió; eso le da más valor a su gesto, reafirma su honestidad, tuvo que dedicar tiempo a encontrarme cuando es justo lo que no tenemos.
- ¿De qué empresa sos?
Iba sin uniforme y no veía la etiqueta del paquete.
-Correos Express.
- ¿Ribarroja?
-Si.
-Cuando llegues mañana a la base decile a Ana, tu jefa que me acabas de hacerme este favor, mándale un beso de Rafa, el papá de Luna. ¿Tu nombre?
-Dani. ¿Te conoce?
-Sí, nuestras hijas son amigas. Gracias loco, sabes que me salvaste; siempre piensan que los robamos.
-Si. Ojalá lo hicieran conmigo si me pasa. ¿Vas mal?
-Hoy no tanto, pero se puede complicar en nada. ¿Y vos?
-A tope. Nos vemos.
-Claro, gracias.

Avise inmediatamente a mi Jefa y a la oficina que lo había recuperado. No lo había robado, pero lo había perdido y puede parecer lo mismo, aunque no lo sea ni de cerca. Sabía que no lo había robado y en ese aspecto estaba tranquilo, pero lo había perdido y era mi responsabilidad; fue un alivio tremendo que lo encontrara el compañero, lo guardase intacto y me buscase para devolvérmelo.           
Suerte, destino o los Dioses; lo que sea, pero principalmente la solidaridad de otro mensajero que sabe perfectamente lo que implica perder un paquete y es tan honesto como para guardarlo y buscar a quien lo perdió para devolvérselo.       

En un mundo frío e impersonal donde solo miramos nuestros ombligos y nos preocupamos casi exclusivamente de lo que nos atañe directamente, brilla intensamente semejante gesto.                                                                                                                                                                                          
¡Gracias Dani!                                                   

domingo, 7 de mayo de 2017

Superación.

El Judo me ha dado respuestas, herramientas, un marco con el que administrar mi carácter y también mi temperamento; me posibilito conocer gente excepcional, de una calidad humana superlativa; me otorgo responsabilidades, me hizo aceptar compromisos; me enfrento a mi lado oscuro y trabajo conmigo para empequeñecerlo y hacer que las luces fueran más potentes que las sombras. Queda trabajo por encarar, no solo a nivel técnico, a nivel humano hay que seguir trabajando, ahondar en mis miserias, destrozar el ego, el orgullo la falta de humildad y forjar algo distinto que sea mejor que cuando llegue a un tatami con 13 años. No sirve intentar ser una buena persona, hay que conseguir que quienes te tratan y/o soportan te consideren como alguien que merece respeto y ser querido, alguien a quien quieren tener cerca pues es más lo que suma que lo que resta.
Cuando entrenas con seriedad, los randoris y los shiai se encadenan acumulándose y dándote experiencia; no hay nada como combatir para sacar a la luz tu naturaleza, en un combate no se puede disimular quien sos; se ve perfectamente. Cuando el corazón galopa desbocado, la mente se nubla por la falta de oxígeno y la presión del compañero es abrumadora, más te vale haber entrenado duro, seguir haciéndolo o jamás superarás esa sensación de impotencia, de frustración.                                                                                                                                            
En cada clase tenes que tomar decisiones que afectan directamente tu desempeño; aprendes a equivocarte y vivir con eso; a ser responsable de dichas decisiones y a tener criterio para decidir esto o aquello.
Y hoy, esta mañana, me posibilitó desarmar la computadora y repararla, llevaba dos semanas rota y mis arcas están temblando; afrontar un gasto extra haciéndola reparar o comprar una nueva me habrían dejado en una situación realmente desesperada.                                                                 ¿Comoooooooooooooooo? ¿Qué tiene que ver con el Judo? Se preguntarán. Convertí mi problema en un Shiai, lo plantee como una mala situación, muy al límite, desesperada en la que ya había perdido; no soy informático, no sé nada de estos bichos, pero tengo un cerebro adiestrado en tomar decisiones, en buscar respuestas rápidamente; el punto suicida viene de fábrica; no es valiente quien se mueve obligado por las circunstancias, solo está desesperado pero aún en esa situación, hay que mantener la cabeza fría y tener criterio; recurrir al Judo, a sus maneras, a su esencia me resulta tan natural como respirar o caminar. En el Judo hay que ser inteligente, un estratega, elegir tácticas, no sirve de nada dejarse abrumar por mal que este la cosa y si es un combate, si vas perdiendo o notas que no hay nada que funcione, no hay que tirar la toalla, hay que seguir buscando algo que te permita capear la situación, hay que perseguir el Ippon con todas tus energías.                                

Recurrí a internet, busque respuestas, vi tutoriales, evalué los riesgos y tome una decisión: lo abriría e intentaría arreglarlo.
El susto era de los grandes, entraba de lleno en territorio hostil, desconocido; solo contaba con un tutorial, poca cosa, aunque fue de una facilidad pasmosa; el tutorial contenía la información precisa, exacta. Empuñando el destornillador, tratando de desentrañar cómo se sacaba la tapa, descubrí que la concentración era máxima, no había nada más en el universo que la computadora y yo; perdería o ganaría y no importaba, lo que quedaría para siempre era que destripaba mi computadora con una convicción firme, decidido a dar lo mejor que tuviera por escaso que fuese. Estaba rota, ya no funcionaba, iba a tener que gastar arreglándola o comprando otra; ya había perdido…salvo que no me entregase, excepto que fuese tan descarado como para intentar arreglarla apoyado en un tutorial y en la convicción de que podía conseguirlo, salvo si actuaba como un Judoka.
La computadora arrancó cuando la enchufe, un milagro inexplicable. Tanto como esos combates que gane y estaban perdidos; como hacerme ambidiestro por sentir que de derecha no era para nada peligroso; como volver una y otra vez a un tatami a regarlo con mi sudor a pesar de todos los obstáculos que se alían para tratar de impedirlo. Cómo escribir y que me lean.


El Judo es una búsqueda permanente de respuestas y de superación…lo he vuelto a constatar, fue un buen Shiai que no olvidaré. 

sábado, 15 de abril de 2017

Deserciones anticipadas.Visitas esperadas.

En los Dojos siempre hay deserciones, y quienes llevan tiempo aprendiendo Judo lo saben, los Senseis simplemente lo sufren.
Estudios, trabajo, una novia, una mudanza, una lesión larga que te desengancha y la lista podría seguir, pero hay una que duele mucho más que ninguna y es la que se produce por cambiar de Dojo. Las razones tienen que ver con la competición y la búsqueda de mejores condiciones para entrenar y generalmente por buscar una cantidad superior de compañeros que puedan ayudarte a mejorar; en el Judo tus logros pueden parecer individuales, pero detrás de ti hay compañeros que te han posibilitado llegar hasta ahí amén del Sensei que dedicó años a formarte y cuando finalmente podría recibir un retorno con tu presencia y aporte en cada clase, te vas.
El hueco que dejas, dejan, pesa en el ánimo de todos, él Sensei finge que todo está bien y se esfuerza por disimular la pérdida, se alegra si conseguís resultados y sufre en silencio cuando no es así; jamás te impedirá ni pondrá obstáculos para que inicies una nueva singladura; característica del Judo y de quienes lo enseñan. 
Suple con ingenio tu ausencia, no es fácil enseñar a los potrillos sin un alumno aventajado que ha explotado y tiene un Judo de calidad que costó años conseguir, está en una edad cercana a los potrillos, es un espejo en el que es fácil, natural, para ellos mirarse. Los cinturones superiores saben lo que pasa y también se esfuerzan por ayudarle a seguir adelante, nadie dice ni media palabra, pero tu sombra planea sobre el tatami; tu ausencia es patente, indisimulable.

Formar un Sho Dan lleva tiempo, pongámosle entre siete y diez años; si además destaca por su calidad humana y técnica, por su mano con los potrillos, entonces la magnitud de la pérdida es inmensa; habrá que seguir trabajando en la formación de los demás con la esperanza de a que alguno llegue a su nivel o si es posible, le supere; de que este, el nivel de la clase no decaiga mermado por las deserciones y probablemente, en determinado momento: ¡también se ira! El Sensei lo sabe y a pesar de eso se vuelca con todos y cada uno como si nunca hubiese perdido a un alumno que al momento de irse es más hijo que otra cosa; si es el primero que pierde no es algo que le agarre desprevenido, hace tiempo que sabe que lo perderá, lo ha visto pasar antes y a pesar de saberlo, no dejó de enseñarle, no le escondió nada, siguió siendo generoso hasta el final pues es un Sensei de Judo.

Si, si, una locura total. Por eso siempre es bienvenida la visita de un Cinturón Negro, siempre. Por esporádica que sea, que la clase pueda disfrutar de otro Cinturón Negro es positivo; haya sido formado en ese Dojo o no. Sensei Firpo me explico en su día que podés o que debes irte a otro Dojo, se puede entender lo que no se puede perdonar es que no vayas a una clase del que fuera tu Dojo, una vez al mes o cada dos si seguís en la ciudad o cada vez que vuelvas a la misma de visita.

-No estas obligado y lo estás, no es negociable, debes hacerlo. -

Contundente, convencido como con todo lo que enseñaba referido al Judo, fuese algo que se entendía de inmediato, algo que te llevaría un rato masticar o una semilla que plantaba para un futuro incierto pero que podía ser y por eso, sembraba.
Así remató aquella lección que hoy reflejo en esta entrada. Entonces, va para treinta años, no termine de entender eso de no obligación y de que no pudiera negociarse, hoy que he visto como sucede cada vez más seguido, se hace normal y norma; llegando a la perversión de que existan gimnasios, no son Dojos que viven de captar Judokas formados por otros; viendo la desolación de los Senseis, entendiendo como pesa la pérdida en la clase por haberlo sufrido como miembro de la misma; comprendo cabalmente lo que intentaba decirme.
Las formas en el Judo se están perdiendo rápidamente, sus códigos, su etiqueta, todo; y también aquella costumbre de visitar el que fuera tu Dojo para aportar con tu sola presencia un sinfín de intangibles que no tienen cómo ser cuantificados ni se les puede poner precio; de paso mimas un poco al Sensei que posibilitó que tuvieras las puertas abiertas de otros Dojos o de esos gimnasios; sin él, no sabrías Judo, no tendría tanta calidad y sin esos compañeros que dejaste atrás, tampoco.

                                                                

domingo, 2 de abril de 2017

Coraje… Lujos y Necesidad.


Por necesidad aguante casi dos años trabajando para Tour Line Express. Necesitaba trabajar tras más de tres años parado; necesitaba volver al mercado tras una situación delicada de salud; necesitaba descubrir si seguía pudiendo encarar el sacar una tarea adelante cada día. Necesitaba ingresos, los sigo necesitando; un trabajador sin trabajo no es nada, no es nadie.                                                                                                    

Me hice mensajero, a puro huevo; constate que podía afrontar la locura diaria de correr contra el segundero y soporte el ninguneo sistemático que Tour Line Express le regala a todos los que tenemos la mala suerte de trabajar con ellos, simulando una aceptación que no era real, fingiendo que soy pusilánime, manejable y que se me puede extorsionar con la sempiterna amenaza de irte a la calle.

Recurrí al Judo para contrarrestar lo negativo de la jornada laboral; enfocándome en lo importante: trabajar, generar ingresos y estar activo. Estacione lo demás en un segundo plano, la necesidad es mala cosa y cuando estás en situación precaria, lo mejor bajo mi punto de vista es no darle vueltas, no desperdiciar energías que no te sobran.                 

Durante siete meses no pude ir a Judo, terminaba sobre las 2130 y llegaba a mi casa a las 2200, habiendo salido a las 0550; fueron los peores meses, dormía poco, descansaba mal y me entraba mucho sueño cuando volvía por la autovía y anochecía; no podía darme el lujo de pensar en los riesgos que asumía ni en el ninguneo sistemático del que entonces era el jefe y de Tour Line Express.

La necesidad tiene eso, te condiciona llevándote a situaciones con demasiada carga negativa y riesgos para la salud que en mi caso ya era precaria; muchas veces sentí ganas de mandarles a freír espárragos, pero no lo hice, necesitaba seguir trabajando y no salía nada mejor. Aguante siendo perfectamente consciente de lo que me jugaba, la necesidad es muy mala.
La cosa mejoro cuando pude volver a Judo y a medida que fui haciéndome con la maldita ruta que tenía asignada pude ganar una hora para comer y descansar al mediodía. Mejoro, sí, pero se mantuvo lejos de parecerse a algo normal; siguieron tratándome peor que a un perro y yo seguí fingiendo que no me afectaba, poniéndole freno a mi carácter, dominándome para no mandarles a la mierda. 
Sigo necesitando trabajar y me he dado el lujo de dejar de hacerlo pues para esa empresa no pienso volver a trabajar bajo ninguna modalidad, no me merecen ni yo merezco ser ninguneado y tratado como un esclavo. Tengo necesidad, necesidades, pero se ha acumulado el cansancio ante tanta injusticia y falta de respeto.

Hace falta coraje para plantarse y dejar de hocicar; llega un punto de no retorno, es el momento exacto en que dejas de engañarte y aceptas que para esa gente no sos más que un esclavo problemático pues te cuesta agachar la cabeza. ¿Derechos? ¿Eso qué es? Los hemos perdido o nos los han robado, puede que sean ambas.
Por lealtad a quienes tras la huida sin afrontar las deudas del que era nuestro jefe, se han hecho cargo de nosotros, aguante hasta este viernes, momento en el que podía dejarlo sin afectarles negativamente. La Jefa actual siempre me trató con respeto, poco podía hacer para mejorar las condiciones que Tour Line Express nos imponía y jamás, jamás de los jamases me hizo sentir desprotegido; no podía hacer nada, pero no me presiono en absoluto, me dejo a mi libre albedrio, eso le honra.                          

Me he dado el lujo de rechazar dos ofertas de trabajo en la misma tarde, eran trabajando para Tour Line Express; una comiendo en mi casa y llegando a Judo; lo que cualquiera desea: comer en casa cada día y no acepte. Lujo y necesidad no conviven, son antagónicos, excluyentes, ciertamente que sí, a menos que te llames Rafa y te hayan llevado al límite, tanto como para que te hagan dudar de si es digno trabajar o llamar trabajo a algo que te expone sistemáticamente a ser destratado, ninguneado; donde no se te respeta ni siquiera como persona, no ya como trabajador que es una condición posterior.                                                                                                      

¿El Ministerio? Al igual que los sindicatos y el gobierno, duermen la siesta o miran para otro lado, hay tantas cosas más importantes que atender qué hacer cumplir las leyes a la que deberían estar sometidos los trabajadores que no pueden permitirse hacer que se cumplan. Últimamente hay demasiadas cosas más importantes que hacer cumplir las leyes que tanto costó conseguir, es tendencia.   

No se puede vivir con miedo, arrodillado; entiendo que quienes pasen necesidad deban hacerlo y yo mismo lo hice, pero no más tiempo del estrictamente necesario y si tengo que elegir entre no saber si comeré dentro de un mes o si podré pagarme el alquiler o seguir aguantando esas nefastas condiciones de trabajo, doy un paso al costado.
Vivir requiere coraje, igual que ser coherente, consecuente. He debido aceptar el bajo pecio de la necesidad y vivir tragándome las ganas de mandarles a freír espárragos…el tiempo justo que me llevó llegar a sentir que no podía estar más tiempo haciéndolo sin perder la dignidad; corriendo el riesgo de pasar a ser un esclavo completo, resignarme y no reconocerme en el espejo cada madrugada.

Hay lujos que no podés darte por mucha necesidad que tengas, por muchas incertidumbres que se generen que se sumaran a las ya existentes…corría el riesgo de aceptar ser tratado como a un esclavo y verlo normal; de creerme un esclavo, ese sí que es un lujo que no puedo permitirme y no hubo necesidad que pusiera dique ni freno posible a mis ganas de ser libre, de ser, por lo menos sentirme hombre y no esclavo.

domingo, 19 de marzo de 2017

Mensajero Mutante Nivel Diablo.

Es todo aquel mensajero que le pongan donde le pongan, cae de pie y saca la ruta. De esos he tenido a mi lado a varios y a un par ejerciendo de Maestros, enseñándome a manejar el rabo y los cuernos. Hace tiempo se fue Víctor a otra empresa y esta semana, Iván me dejó huérfano; tenerle a mano era una red de seguridad y contar con su ayuda, incluso hasta el último momento, era oxígeno vital, me daba tiempo del que siempre vamos deficitarios.
Cuando empecé y les vi trabajar, me asusté pues lo que hacían era evidentemente complicado, de un grado de exigencia mental muy grande; además había que ser piloto, saber cubicar una furgoneta, ser organizado, responsable y ser capaz de manejar mientras escribís en la agenda electrónica o atendes llamadas a la misma que no entran por bluetooth y estas atento a los mensajes que te llegan al teléfono; incluso escribir la información que te pasen en una llamada mientras pisas el acelerador, se trabaja contra reloj.                                                                        De eso van a cumplirse dos años; en este tiempo me he ido descubriendo copiándoles tácticas y estrategias e incluso, desarrollando nuevas que al comentarlas con alguno de ellos les sorprendió pues no son propias de un novato, son atribuibles a los Mensajeros Mutantes de Nivel Diablo y para redondear, las adoptaron carcajeándose; no hay nada como ayudar a un perejil a convertirse en alguien efectivo, eficaz y si se arrima a ser uno más de la exclusiva categoría de los Diablos, mejor que mejor.
Saberte respetado por esos que despuntan, te ayuda a aguantar todo lo que se debe soportar para llegar a poder sacar adelante una ruta como mensajero: máxime si la que te ha tocado es para que la haga un Diablo y no un novato, más perejil que otra cosa. Ese detalle no se les escapa; solidarios te tienen paciencia y te ayudan, saben que nadas en excrementos y te ven pelearla con coraje desmedido a diario sin entregarte jamás, sin aflojarle ni sacarle el culo a la jeringa. Te observan y saben que no tenes ni idea de que esa ruta que te dieron es para que la encare alguien experimentado tirando a Diablo, ahí empiezan a respetarte las ganas y a darte información vital para poder manejarla; alguno siempre la conoce y te pasa los datos que son fundamentales, te ayuda a cortar camino. O directamente te saca paquetes para que puedas parara a morder algo a mediodía; o hacen todo eso y más.
La tardecita que le mostras un truco tuyo, propio, que nadie te enseño, te lo inventaste, a uno de ellos y percibís que no solo le gusta, lo hace suyo pues es una genialidad propia de un Diablo; caes en la cuenta de que te estas convirtiendo en uno de ellos; cuando el truco es adoptado por todos, sabes que estás en el camino correcto. Kilómetro a kilómetro, entrega a entrega, vas acercándote a ser como ellos y solo es cuestión de tiempo que estés a su altura; percepción que se afirma cuando despidiéndote del ahora amigo, los otros Diablos opinan que ya sos uno de ellos, un Mensajero Mutante de Nivel Diablo.                                                                         
Me falta, me falta, no soy un Diablo, pero lo seré antes o después, no hay ninguna duda, no las tengo; no hay nada como tener buenos Maestros de quienes aprender, así es todo mucho más fácil; además hago trampas, jejejejejejejej, dado que recurro a las enseñanzas obtenidas en el estudio del Judo; las aplico descaradamente en busca de conseguir sacar adelante el trabajo por aquello de que el Judo no empieza ni termina en el tatami, y sus principios son aplicables a cualquier aspecto de la vida. Un Diablo no sigue el camino que le marcan, inventa uno propio; hace lo que le sale de los cuernos pues si sigue los protocolos, la ruta no sale… en ese aspecto ya soy un Diablo.

¡Gracias Iván! ¡Nos vemos en el asfalto!                                                 

sábado, 18 de marzo de 2017

Saber elegir entre Ortodoxia y Efectividad.


El Judo es un Arte Marcial. Lo más cerca que nos ponemos de una situación real, de un combate a muerte son los Shiai, tanto en clase como en campeonatos; es altamente improbable que nos veamos inmersos en una pelea (combate) fuera de los Dojos o de un tatami donde nos enfrentemos a otros Budokas o a Luchadores que no sean Budokas y por axioma básico, no usamos lo que aprendemos en el Dojo fuera de este salvo rigurosas excepciones lo que nos facilita olvidar que estamos aprendiendo a COMBATIR cuando estudiamos Judo, entre otras muchas cosas.
Si, combatir, pelear, luchar, fajarse, etc.
Disfrazamos al Judo de deporte civilizado, tanto que perdemos de vista la fuerza, la efectividad y la capacidad de ser letal que nos proporciona; no pensamos que aprendemos a matar y no sabemos que cada Ippon simboliza la muerte de quien fue proyectado o se rindió. Si, cada vez que te rendiste o fuiste proyectado, moriste simbólicamente, te superaron, te ganaron, te mataron. Y está bien conseguido, espectacularmente conseguido; entiendo que es una de las mejores cosas que posee el Judo, puede pasar por ser dócil, civilizado e inocuo; algo muy positivo de cara a formar a los jóvenes que para cuando saben el poder que han adquirido, han absorbido el marco filosófico para administrarlo y eso es absolutamente genial.
Para transmitir, enseñar adecuadamente, se debe ser ortodoxo e insistimos tanto en eso que llevamos a quienes practican a creer, pensar que siempre deben ejecutar las técnicas de esa manera, pero al hacerlo les limitamos pues no siempre resulta adecuado, estando inmersos en un combate.         
¿Cuántas veces nos han superado pues han agarrado sutilmente diferente? ¿O radicalmente? ¿O sencillamente nos hicieron algo que no está en ningún lado reflejado? Yo puedo decir que cientos de veces y que soy uno de esos que guardan la ortodoxia técnica para el examen o para enseñar, trasmitir pues considero que atarse en un combate es condenarse a ser derrotado. La ortodoxia te hace previsible y ese es un lujo que ante un Judoka, Budoka o Luchador de la clase que sea no te podés permitir. Ni siquiera en la clase frente a los compañeros que despuntan, aquellos que están entrenados y van muy finos; los fuertes, rápidos…los técnicos o los veteranos que no parece que tengan nada en sus Judoguis con lo que amenazarte y resulta que son letales cuando les das medio segundo para prepararte la emboscada.
Donde más lo veo en el suelo, en Ne Waza pues muchas veces se les escapa la oportunidad por querer agarrar como si fuera un examen. Cambian la postura, se mueven para hacerlo generando una oportunidad que el compañero aprovecha para escapar e incluso les contra llevándoles a rendirse; pasando de una situación ideal para imponerse a una derrota.                                                    

Resulta complicado hacerles ver la diferencia y la sutileza que esconde; es contradictorio lo que lo hace engorroso. Para alguien con experiencia resulta natural, pasa de un modo al otro sin pensarlo, sin pararse a considerar lo que hace o el motivo, salvo que sabe por experiencia que necesita cambiar para superar al compañero y simplemente lo usa.                        
Cuando estas con un compañero que sabe tanto o más que tú, ganará quien sorprenda; quien más haya trabajado, quien más veces haya repetido el movimiento, la técnica hasta pulirla y hacerla efectiva. Lo hacemos habitualmente, sin pensarlo; buscamos engañarle; recurrimos a amagues, combinaciones y todo tipo de estrategias que solo buscan esconderle el ataque que será definitivo y estacionamos la ortodoxia con alevosía para conseguirlo.

No quiere decir que la ortodoxia no sea efectiva, no; pero cuando solo somos ortodoxos perdemos efectividad al no tener el factor sorpresa-engaño de nuestra parte pues el compañero-adversario sabe perfectamente que vamos a hacer y así es mucho más difícil ganarle.Y lo más importante: primero se aprende la base, la ortodoxia y después se pasa a ser un artista que crea sobre la marcha según necesidades puntuales del momento sea Randori o Shiai.          
Sin Ortodoxia no hay nada que construir, es la base desde la cual nos proyectamos, pero llega un punto en el que debemos abandonarla siempre que sea necesario en harás de ser efectivos; hacer que se entienda lleva tiempo; ni siquiera sé cuándo lo entendí o quien me lo hizo ver; simplemente me descubrí no siendo ortodoxo y nadie me llamó la atención al respecto, me dejaron ser creativo con una sonrisa ladina que recién hoy comprendo cabalmente; esa sonrisa del Sensei que solo suelta cuando ve a un alumno que por fin entiende las enseñanzas dándole esperanzas de que no es estéril tanto trabajo, tantas explicaciones, tantas horas quemadas sin ver resultados pero sin abandonar jamás la convicción respecto a lo que otros le enseñaron y él procura perpetuar.                                                                                             
Créanme si les digo que esa sonrisa no es patrimonio de un solo Sensei, se la he visto a varios en el transcurso de mi periplo aprendiendo Judo; todos apretan con la ortodoxia y todos apuestan a que sepas elegir un día cuando toca usarla y cuando no, fíjate que como mucho te dirán que en un campeonato eso que acabas de hacer no vale pero que es perfectamente válido si hablamos de Judo.

La ortodoxia es efectiva, sin ninguna duda pero se llega a un estadio en el que nos limita, entenderlo, saberlo y actuar en consecuencia nos liberará de ataduras haciéndonos más efectivos que es de lo que se trata estando inmersos en un Randori o ni hablar en un Shiai.

viernes, 17 de marzo de 2017

¿Aprender a caer o hacer pesas?



Desde el momento en el que entras a una clase de Judo por primera vez hasta que dejes de entrenar o mueras, estarás aprendiendo; quemando etapas, superándote de muchas maneras.                                                             
Al principio todo es nuevo y solo aprender a caer se antoja difícil; es la base, saber caer te abre el amplio abanico de técnicas que conforman el Judo; miras a los compañeros de la clase y pensas que no lo conseguirás, hacen cosas que se te antojan imposibles; te resulta evidente la complicación técnica que enraban y no te ves consiguiéndolo. Si ni siquiera les aguantas el calentamiento, la gimnasia previa ya es exigente, demoledora cuando empezas; no atinas ni a meter suficiente oxígeno en los pulmones como para pensar en saltar sobre tres compañeros, volar y hacer una caída.
He notado que, por regla general, cualquier aspirante entiende las normas bastante rápido y las observa, pero también que no suelen escuchar a quienes llevan años de ventaja y tienen experiencia, ya han pasado por esas etapas, han pagado un peaje, han obviado los consejos, han sido cabezones y porfiados; solo quieren evitarte tantos rodeos e intentan aconsejarte, mostrarte el camino, la dirección por la cual deberías ir.                             
Todos hemos pensado que necesitábamos más fuerza cuando empezábamos y veíamos que nos vapuleaban con extremada facilidad; todos caímos en la trampa de creer que se trata de fuerza, la propia pues no teníamos cómo saber qué es la suma de las fuerzas de ambos; fundamento que lleva tiempo asimilar y más todavía llegar a dominar. Se puede resumir así: si tiran de ti, avanza empujando sutilmente, si te empujan, retrocede tirando.                                              

Claro que se escribe fácil y se lee de igual manera, llegar a entenderlo ya no lo es tanto y dominarlo costará años de arduo trabajo pues no es tan simple como lo escribí si bien es un buen resumen. Lo primero que hacemos es meternos en la sala de pesas y trabajar la musculatura, generalmente antes de la clase de Judo con lo cual estamos reventados antes de terminar de calentar y se resiente la calidad del trabajo que hacemos en la clase.
Invariablemente te recomendarán que dejes las pesas y hagas caídas, que las pulas por aburridas e inicuas que te parezcan; te insistirán en eso mucho y generalmente no harás caso; seguirás con las pesas, convencido.         
Es notable que hagamos caso en infinidad de cosas, pero se nos atragante eso de las caídas y nos metamos en la sala de pesas e incluso preparemos en el patio de casa un circuito que nos debería fortalecer para que no nos muevan tan fácilmente en la clase, perdiendo la perspectiva de que quienes lo hacen, llevan mucho tiempo entrenando, han adquirido técnicas, conocimientos que les proporcionan ventaja y algo fundamental: ¡dominan las caídas! Al despreocuparse de ser proyectados pues no es un problema, se enfocan en proyectar; en buscar una combinación que se resiste o simplemente ir practicando diferentes técnicas o variantes ante un desarbolado aspirante que nota con la facilidad que lo llevan de un lado al otro y lo sacan volando o le levantan del tatami siempre que quieren.

Todo sin apretar a fondo el acelerador y cuidándonos, es tan evidente que solo hay que verles cuando se ponen con otros que tienen nivel, entonces te percatas de que contigo están en modo juguetón; esas entradas que les ves hacer son letales y esas caídas tienen que doleeerrrrr; o deberían, pero se levantan de un salto y vuelven a enzarzarse. Alguno incluso ríe abiertamente, disfrutando de ser derribado violentamente pues a todas luces, si te sacan por encima de la cabeza, hay un metro y medio largo hasta el tatami y te impulsan haciéndote ganar velocidad, la caída tiene que ser dura por fuerza por más que parezca que no les pasa nada.
Cuando dejas de ser un aspirante, un Kyu y llegas a Sho Dan, el anhelado Cinturón Negro haces aquellas cosas que se antojaban imposibles y tratas de mostrarles el camino a los que vienen a aprender Judo y ¡te sentís como quienes trataban de hacerte entender que es más importante mejorar las caídas que hacer pesas!   
Bueno, ahora soy yo quien pide que hagan caídas y explica que hacer pesas no es necesario, no en esa etapa, más adelante igual si o no pero nunca antes de ser un experto cayendo; nunca antes de dominarlas perfectamente.                                                                            

Nadie puede recorrer el Camino por nosotros y aunque traten de facilitarnos la tarea, hay etapas insoslayables que debemos atravesar antes de poder avanzar; entenderlo y aceptarlo es necesario siempre que pretendas enseñarle a un aspirante que ser un experto haciendo caídas es anterior a encarar circuitos de pesas para fortalecerte. Hay que tener paciencia, mucha e insistir; tal y como hicieran conmigo en su día.

Por si alguien no entendió: primero caídas, caídas, caídas; saber caer es lo que primero que debemos trabajar.

domingo, 12 de marzo de 2017

Vínculos y daños colaterales.

La niña que llegó con 9 años al gimnasio y se ha plantado en los 13, está enojada con el universo, no le hace caso a nadie y nadie es casi nadie; aparece discutiendo con la madre que viene frenética, completamente sacada y pretende, la adolescente, lo intenta, hacerse la loca conmigo.          
Esgrime argumentos para justificar que deja el Judo, la verdad que subyace es que ha pasado a entrenar con la clase de los adultos cada viernes, preparando el salto que en nada deberá afrontar y en la misma, no hay niñas ni niños, de adolescente para arriba y es mucho más duro. En los campeonatos se topa con adolescentes que le superan en algún apartado, ya no gana fácilmente y eso se le hace cuesta arriba como a todos. La escucho con atención, no voy a darle una sola oportunidad, cuando retruque le desarbolare cada uno de sus argumentos y conseguiré que siga haciendo Judo o que se anote en cualquier deporte, tres veces por semana, dos horas.

Con 9 años me busco para hacer Randori, llegaba temprano al borde del tatami, con el Judogui puesto, preparado y les observaba, aprendía la fortaleza y las debilidades de quienes en el futuro estarían con nosotros en la clase; ganaba tiempo, preparaba estrategias y me iba ganando su confianza y su respeto. Es mi manera de tejer un vínculo poderoso, vinculo en Judo, mucho antes de lo previsto que me proporciona ventaja estratégica, táctica, humana…despreciable actitud a la que no le pongo excusas, es una guerra sucia contra la deserción y el abandono; si se trata de ser creativo y de peleas, las que sean, yo no guardo para mañana, puedo ser derrotado hoy, lo mejor es tener bien atado todo por si eso pasa.      

Cuando un niño o niña quedaba sin pareja para hacer Randori, yo entraba y me ponía con quien había quedado solo. No les dejaba elegir, no habrían aceptado, pero tras probar, todos querían ponerse conmigo, si la entrada que me hacían era buena, yo caía y ellos volaban para todos lados, soportaban caídas dulces, controladas, de esas que no parecen una caída. Esa niña vino a buscarme sería, convencida, le sobraba coraje y no media más de un metro ni pesaba 40 kilos; su padre observaba junto al resto de progenitores que podían estar presentes a pesar de sus obligaciones.

Lleva algo así como 4 años haciendo Randori conmigo, hemos ido subiendo la intensidad; me ha estrangulado, luxado, inmovilizado y proyectado; a cambio ha entregado un coraje y pundonor encomiables; tiene capacidad física, espiritual, emocional, mental y madurez por encima de su edad y es inteligente para captar los trucos, los detalles lo que la hace disfrutar de la ventaja que proporciona ponerse con un Sho Dan tres veces por semana cuando se para frente a la gente de su edad.
Me hace caso, no me falta jamás el respeto, no me deja hablando solo y no me hace llamarla tres veces, sobra con una. Hay un nexo, el vínculo que he generado es profundo con ella y con sus padres que han visto que, a mí, me escucha y obedece, un milagro a tener en cuenta.
- ¿Qué pasa?
- Dejo de entrenar.
- Dejas de venir a Judo, te anotas en cualquier actividad física, tres veces por semana, dos horas. En casa dando guerra no podés estar, necesitas desahogarte, para controlar ese carácter y estas acostumbrada a hacer ejercicios intensos, si te quedas en casa, sufrirás. Para un desarrollo correcto tenes que hacer ejercicio.
- ¿No te importa?
Los ojos como platos, la sorpresa es máxima, esperaba otra respuesta, ya la he sacado de su estrategia, ya es mía, solo hay que jugar duro, aprovechar el vínculo.
- Claro que sí pero primero estas vos y lo que necesitas. Lo que yo quiera o me guste no tiene ningún peso. Nunca lo ha tenido y nunca lo tendrá, lo que importa es tu bienestar y si en Judo no lo conseguís, que sea en otra actividad.
Muda de asombro me observa, algo no le cuadra, algo chirría, jamás de los jamases espero que yo le dijera así de fácil que se lo dejara; se preparó para el combate dialéctico, no sospeso que sería Shiai y olvido a quien se enfrentaría, subestimar al adversario es letal.
- Deja Judo, pero te pones a hacer un deporte, tres veces por semana, dos horas por sesión y entrenando de verdad, buscando los límites. Lo necesitas para desarrollarte en óptimas condiciones y para controlar ese carácter tan jodido que tenes, necesitas desahogarte y los dos lo sabemos. Si te vas, tu lugar vacío me recordara que no fuimos capaces de darte lo que necesitabas. Si es para que te sientas mejor y seas feliz, sos libre de dejar de venir. Ahora ponete el Judogui y hace tu mejor clase; que tus compañeros no noten tus dudas ni que manejas irte y no sueltes lagrimitas, soy inmune. Si hay otra clase después de hoy, búscame para hacer Randori, si tengo que buscarte, será Shiai. Anda a cambiarte, se hace tarde.

En silencio la observamos entrar al vestuario, la madre lloraba mansamente, inevitablemente teníamos un vínculo tan fuerte como el mío con su niña y necesitaba calmarse.
- No se lo va a dejar, hoy no ni por estas razones, quédate tranquila. Voy a cambiarme y pararme junto al tatami, si me pide para hacer Randori sabremos que ha decidido quedarse.  
- Es muy cabezona.
- No más que yo a su edad.
Y es rigurosamente cierto.

Me pidió ese Randori un poco mosca, probablemente empezaba a entender la clase de emboscada que le había tendido, fue agarrarme y notar que algo había cambiado, me miro puro ojos, en los míos leyó que la cosa se ponía un poco más sería y debería esforzarse de verdad. Lo acepto sin más y soportó las caídas estoicamente, ese Randori no encontró la manera de atacarme, solo caía y ocupada en tratar de evitarlo, olvido razones, motivos, excusas y se dejó llenar de Judo.
No fue necesario tener otra charla, ella me buscaba en cada clase y hacíamos Randoris intensos; un lenguaje común que nos permitía expresarnos mejor que con palabras pues estoy cerca de dominarlo o eso espero y ella entendía mejor que los sermones.

Han pasado los años, algo así como 15, sigue haciendo Judo, ya no estoy yo en su clase; no la veo y no importa, lo que importa es que se mantuvo, mantiene, en Judo y capeo el temporal con valentía y coraje sin dejar de estudiar y tratando de ayudar a la madre.
Y ahora es ella la que se para frente a niñas y niños con la responsabilidad de no fallarles y encontrar para cada uno las respuestas que necesitan.

Los padres de la niña rebelde, me saludan con afecto y charlamos unos minutos, cuando nos encontramos; la última vez estaba la niña devenida en hermosa jovencita con varias amigas, le costó venir a abrazarme, como la conozco mucho, solo la mire y espere, vino sola.
- Nunca te di las gracias.
- Cada semana, martes y jueves, a las 17oo, lo haces de la única manera que es adecuada.
- ¿Lo sabías?
- Alguien se ocupó de hacérmelo saber, me dijo que sos una suerte de versión en femenino de mí, disfrutaba mucho al contármelo.
- ¿Eso es malo?
-  Que lo decidan esos niños dentro de 20 años.
- Falta mucho para eso.
- Menos de lo que imaginas. ¿Cómo van los estudios?
- Podrían ir mejor.
- ¿En casa?
- Podría ser mejor.
- ¿Necesitas que te haga reconsiderar tus prioridades?
- No, no gracias.
-  Hace lo que debes, pero ahora por vos misma. Por qué es lo que toca y nada más que por eso.
- Lo intentare.
- No, no me sirve, solo ponete y hacelo, conseguilo. Chau familia, llego tarde, un placer verles.
- No vas a saber si lo hago o no.
- Pero vos sabrás si me fallaste o no. Si te fallaste o no. Yo no te falle nunca.
- Eso no es justo.
-  No, es Judo.
- Eso es todavía menos justo Rafa.
- Nunca te dije que fuera a serlo o parecerlo; nunca te prometí que te trataría diferente por ser una niña y ahora una jovencita. Ya no estoy en tu tatami, ya no soy nadie si queres que no lo sea o soy el mismo de siempre, si queres que lo sea y si es así, es Judo para todo. Mejora los estudios y en casa y déjate de joder, te sobra capacidad. Me tengo que ir.
- Nadie ve al Judo así.
- Error, nadie que tú conozcas, alguien me tuvo que enseñar.
- En la prehistoria.
- Cierto y me he asegurado de que esos dinosaurios vivan en ti. Me dicen que sacas de los niños más de lo que suele ser habitual, que tenes una conexión especial con ellos y que los padres están encantados con tu manera de enseñarles a ser personas de bien.
- ¡Como pasaba contigo!
- ¿Ves que la prehistoria no lo es tanto? Chau linda, hace lo que tu corazón y tu mente acuerden.


Aquella noche pude perderla, pero eso no paso pues tenía al Judo de mi parte y lo use descaradamente, con alevosía y premeditadamente; de paso le proporcione a una adolescente un marco de referencia al que agarrarse, en el que sostenerse.                
Que sea buena enseñando a los enanos va de yapa; que propague aquello que en la prehistoria otros me enseñaron, es un bienvenido daño colateral.