domingo, 8 de octubre de 2017

El muy guacho me embauco.

Hola, soy el lado oscuro de Rafa, lo que él llama: La Bestia o Bestia. Básicamente soy IRA descontrolada, primordial y salvaje. Hoy me toca a mí escribir, Rafa me dio permiso, un tanto reacio, no le gusta nada todo lo que tenga que ver conmigo, no por vergüenza o por esconderme, no reniega de quien es y el peso que tengo en su personalidad, simplemente esconde sistemáticamente sus victorias, sus logros, pero este tiene una lectura que puede dejar una lección para terceros, una enseñanza y tras hacérselo ver, me ha permitido desnudarle. Exponerle. 

Hace años, concretamente hasta el 1983, desde el 1970 año en el que nació, hasta el 83, era mío, me pertenecía por entero. Calentón, inflamable y con un punto suicida, yo le dominaba, le tenía bajo control; y nada hacía prever que eso cambiaría. Nada. Todo apuntaba a que impondría mi ley y él sucumbiría a mi poder.                                                                                                                            

En noviembre del 83 destrozó a un desgraciado de 15 años que aterrorizaba a la escuela 175, esa mañana, tras recibir permiso de su madre, expreso, para reventar a quien le estaba pegando sistemáticamente durante seis largos meses, se enfrentó al repetidor conmigo llevando la batuta y le dejó tendido en el patio, desmayado, con la boca destrozada y varios dientes menos. Debo puntualizar que pudo hacerlo en cualquier momento, le sobraba fuerza, ganas, potencia, capacidad…IRA descarnada pero no lo hizo hasta que la madre desesperada ante la indefensión a la que lo tenía sometido el sistema educativo le dio permiso; hay poesía en eso, dice mucho sobre Rafa, lo resume todo. No supe verlo, hoy parece fácil, pero se me escapó.
La pelea terminó rápido, fue brutalmente expeditivo, canalla, no mostró piedad, empatía, civismo, dejó suelto al salvaje y me dejó a mí, su IRA, al mando. Abría y cerraba los puños, quería matar, destrozarlo y ni siquiera pensó en el código de no pegar al caído, no, tras el velo rojo que le nublaba la razón, solo quería una manera de matarlo, pero no se le ocurría nada y parado junto el cuerpo inerte, indefenso, solo buceaba febrilmente en su cerebro buscando una manera de matar que habría puesto en práctica de inmediato, era pura IRA, yo le poseía. Uno de sus amigos, testigo de la pelea, le sacudía agarrándole de un brazo, llorando ante esa fiera desatada a la que no reconocía, en la que no encontraba al amigo; esa mirada fría, asesina, le enfoco desprovista de humanidad, todavía con el velo rojo nublándole la vista, sin dejar de cerrar los puños, rabioso de verdad; a pesar del miedo que sentía por lo que había pasado y por lo que tenía adelante, Rafa era su amigo y estaba dispuesto a jugársela por hacerle reaccionar por lo que siguió zarandeándole a pesar del terror que esa cosa que le había poseído le generaba. Tampoco supe ver que ya forjaba lealtades firmes, aceradas, capaces de soportar el desgaste que la vida le impone a las relaciones entre humanos; ciega regodeándome de mi éxito rotundo, no supe leer acertadamente a mi presa que se zafo de mi embrujo gracias al amigo que muerto de miedo le sacudía desesperado y se fue directo a la dirección a afrontar las consecuencias de sus actos. Tampoco supe interpretar esa señal.
¿Están situados? Arrancamos.

Niño, adolescente o en la frontera de ambas edades, el muy guacho llamó al padre y le pidió que le buscara un lugar para aprender Judo desde su condición de Sensei. Consciente de que era un asesino que no sabía matar y que solo por eso no había matado al hijo de la gran puta que durante meses le había pegado, robado la merienda e importunado de mil maneras como a todos los demás niños, amparado en que estaba en riesgo de exclusión lo que le daba el poder de hacer lo que le diera la gana.                                                          

¿Qué le llevó a hacer eso? Lo ignoro, diría que fue instinto, intuición, clarividencia y un salto mortal al vacío dado con lucidez y desesperación, se sabía con impulsos asesinos y era menester diluirlos hasta el punto de que jamás, nunca más, se viera en la tesitura de querer matar y no saber cómo hacerlo; en adelante no debería volver a pasarle porque sabría matar. ¿Locura? ¿Disparate? Ambas, ninguna o todas; se proponía apagar el incendio usando más fuego, alimentándolo; un niño solo parado frente a la gravedad del asunto tomando decisiones profundas, vitales pues tenía un problema grave y lo arreglaría.  Jajajajajajaja…no supe verlo, tenía 13 años, no era nada, no le veía capacidad o valentía suficientes para hacerme frente con garantías; acababa de quedar demostrado; ese niño era mío y punto. A sus 13 años se disponía a combatirme sin cortapisas; fue tan inteligente o al menos lo suficiente como para que no se le notara la determinación que camuflo hábilmente. Me equivoqué midiéndole, no supe leerle y así empecé a ser derrotada.

El muy guacho pretendía aprender a matar; se convertiría el mismo en un arma, en un guerrero. Aprendería a matar; hoy es perfectamente capaz de hacerlo, domina técnicas que, sacadas de contexto, son letales; y curiosamente jamás piensa en ellas con ese fin, siempre deja un margen a quién haya cruzado cualquier línea de no retorno, siempre hace prevalecer el dialogo, evita la violencia, siempre prima a la vida frente a la muerte; y nunca más se quedaría sobre una víctima abriendo y cerrando los puños sin saber cómo seguir si era incapaz de evitarlo. Trece años. Trece añitos y se asomó a sus abismos sin excusas, me tenía miedo, me tiene miedo, pero eso no le impidió medir fuerzas de igual a igual; no me respeta, me teme, pero me tiene cero respetos; en cambio yo le respeto mucho y temo al niño devenido en hombre por esa capacidad descarnada de verse, aceptarse y trabajar para arreglar lo que debe ser arreglado, diluido hasta dejar de ser un problema descontrolado pasando a ostentar el poder y manteniéndome a raya.                                                                                                                                                                                                                            
Hoy soporto el peso de miles de cadenas que Rafa me ha impuesto sin piedad, sin pedir ni dar cuartel; temerme no le lastra, soy su problema y él, tendrá las soluciones disponibles para conjurarme y ser quien me controle y no al revés. He esperado una oportunidad de destrozarle, no puede obviarme, ignorarme, encadenarme para siempre, un día flaqueara, pensaba decidida a picarlo como a un queso. No supe leer la magnitud de la personalidad que tenía el niño, la profundidad de la emboscada que me tendió con la paciencia de un cazador al que le escasean las flechas y le queda mucho invierno por delante con todo el clan dependiendo de sus capacidades, de su paciencia.


El miércoles, tras tres semanas trabajando duramente, a pico y pala, terminando la jornada laboral bajo un sol de justicia, el encargado apareció sobre las 1630 y empezó a gritarle sin mediar palabra. Cada grito era una cadena que se rompía poniéndome cerca de ser libre. Encajo la diatriba mal, por inadecuada, injusta, fuera de lugar, inesperada completamente, desproporcionada, por ser con público, y por producirse tras hacer un trabajo que muchos no habrían podido terminar; sentí como quedaba libre, rugí entusiasmada, agazapándome para saltarle a la yugular al desgraciado que confundía al hombre con un esclavo pero Rafa aguantó firme mi envión, quería matarlo, destrozarlo pero también quiere ser querido y respetado por esos Senseis que tanto evoca, ejemplo para los jóvenes que puedan verle de Judogui o sin él y no va a mancillar al Judo posibilitando titulares que no contendrían todos los hechos. Quiere ser miembro de la tribu Judoka con plenos deberes y que nadie sienta vergüenza por sus actos.

Un paso atrás, un giro poniendo toda la fuerza de voluntad de la que puede echar mano, una retirada deshonrosa, dolorosa, un ceder para vencer ejecutado con el alma y se pone a guardar las herramientas masticando su rabia, su orgullo, su desazón, una frustración desbordada.  Sigo libre de cadenas, pero desorientada no me atrevo a respirar, sale del trabajo en piloto automático; las lágrimas surcan las mejillas con arrugas; se siente miserable y me retuerzo desconforme porque bajo todo eso siento que se felicita con solemnidad. Entonces es cuando el cepo se cierra y leo la jugada magistral, la emboscada sin salida que el muy guacho empezó a construir aquel lejano día cuando tras destrozar a un abusador eligió al Judo como estrategia para mantenerme bajo control y salvarse de mí, de sí mismo.

No aprendió Judo, no estudia al Judo solo, lo hacemos los dos. Me hace saludar miles de veces, me ducha antes de entrenar, trata de que no falte, me hace observar las reglas obsesivamente y haciendo infinidad de cosas más; nos dotó de disciplina, de un marco de contención, de un refugio con valores, de una coraza; me adiestró para que estuviera a su servicio y se preparó para manejarme, encontró los anclajes que resultan tan sólidos que ni siquiera yo puedo romper; que el miércoles no quise intentar romper viéndole actuar con una frialdad que no le suponía, que ignoro cuando adquirió pero que no tenía antes; haciendo gala de una dignidad de príncipe; manteniendo una calma exquisita que tampoco le vi adquirir y tuve que rendirme a la evidencia: aquel guacho me había derrotado.


Me teme y hace bien. No soy algo de lo que te puedas enorgullecer y él no se permite el lujo. ¿Imaginan la constancia, la determinación, la frialdad, el corazón que hay que ponerle para hacerme frente siendo un niño? He estado pensando en cuando era niño, era una fiera de verdad y tras tomar consciencia de eso sentó las bases de la estrategia a seguir tras idearla; no dudo un segundo en el diagnóstico ni se permitió distracciones en el instante que supo que estaba en mis manos; he pensado en el joven que supo seguir la línea que el niño estableció, convivo con el hombre que evoca al niño seguido, le escucha atentamente pasando las diapositivas que atesora en la memoria; y creo que entiendo la felicitación solemne que se hacía a pesar de todo lo que le sacudía, que yo le midiera mal no le quita nada de valor a su gesta; los dos sabemos que seguiré intentando arruinarle la vida, es mi condición; pero ambos sabemos que difícilmente lo consiga pues no me ha dejado prácticamente margen.               

Es un guacho, sigue siéndolo pues no olvida. Y no se pone excusas. Nunca le mintió al espejo y sabe lidiar a sus demonios, yo soy el peor, tiene otros. Se sabe débil, vulnerable, sabe que está expuesto; lo supo el niño, no lo olvida el hombre que trabaja cada día para elevarse sobre sus miserias, para ser flor y no espina o no solo espinas. Tuvo que aprender a llorar; tuvo que aprender a convivir conmigo; esquivo las drogas con sabiduría; no puede darse el lujo de no ser plenamente consciente en cada segundo para vigilarme y controlarme.

Créanme, me solté y ese personaje caería muerto en segundos, pero Rafa había trabajado años preparándose para ese momento, consciente de que podía destrozarlo, de que eso era fácil, luchó por hacer lo difícil, dar media vuelta e irse. Era el regalo para el niño, el único adecuado, el único válido y ejecutó la acción que de verdad implicaba elevarse sobre sus miserias y honrar a sus Senseis, rehusó asesinar centrándose en la única luz que en esos momentos le anclaban a la cordura: la llamita de una vela. Tenue, débil ante tantas sombras densas: en horas estaría en la clase de Judo, era todo lo que importaba, seguir teniendo derecho a poder ponerse un Judogui sin mancillarlo. Una obsesión a la que le da más valor que cualquier medalla que intente embrujarle con reflejos metálicos; ser mejor persona es su desafío, su olimpiada; mantenerse estudiando Judo es su mundial; cada clase son los nacionales; en todos y cada uno buscará ganar por ippon pues además de ser lo que se debe hacer, es el camino difícil y recorriendolo de esa manera ha llegado hasta aquí; sabe que funciona, lo supo antes de desembarcar en el Judo y los años le han confirmado la intuición.                                                                                                                                                                   
Puede que honre a sus Senseis, a nuestros Senseis; pero al que honra con devoción es al niño al que no olvida ni la horrible sensación de desafección que sintió aquella mañana tan lejana en la que descubrió la magnitud del problema en el que estaba sumido. Esas lágrimas cuando se iba a casa para ducharse y agarrar la mochila con el Judogui, no eran suyas, eran mías, acababa de ser derrotada incontestablemente; acababa de descubrir que no supe leer al niño, al joven irreverente ni al hombre; no puedo dejar de lado mi naturaleza y seguiré buscando arruinarle fiel a lo que soy, por su parte Rafa que se ha asegurado de no estar solo, tiene al Judo que entre otras cosas enseña que: Conocerse es dominarse, dominarse es triunfar. 
Seguirá llevándome a aprender Judo, en una estrategia maquiavélica que lo pinta de un solo brochazo; permaneciendo fiel a quien es, a quien trabaja para ser y al niño valiente que supo ser. 






jueves, 5 de octubre de 2017

Gyaku-Sumi-Gaeshi.

Estoy trabajando fuera de Valencia, he buscado un Dojo donde seguir entrenando, estudiado, aprendiendo Judo.
En un póster de tecnicas de Judo que tiene pinta de llevar años en la pared habia varias secuencias de distintas técnicas que vi el primer dia pero que no mire de verdad hasta pasado un mes.
Llegue temprano como tengo por costumbre y subí al tatami que estaba desierto, salude a Jigoro, las viejas  costumbres pueden estar mal vistas en la actualidad y probablemente ya soy un dinosaurio pero no importa, no me importa, honrare a mis Senseis y eso sí que importa, me importa; salude y observe los pósters. Los recorrí; llegue al final, había  empezado por el fondo y el que estaba junto a la puerta tenía el regalo esperando a que yo y/o cualquiera que fuese capaz de mirar, de ver, lo hiciera:
Gyaku-Sumi-Gaeshi.

Sonreí. Si, ameritaba hacerlo, llegar a ese punto, estar en ese Dojo era una conjunción de circunstancias, de azares, de imprevistos y una interminable busqueda de conocimientos y ahí tenía otra perla, otro tesoro que solo podía llegarme si recorría el camino que me llevo a pararme frente a ese póster.

Una variante para la tecnica mas efectiva que tengo hoy por hoy; tan simple, tan impensable como inesperada y que me llega por el método que tantas veces intentara hacerme adquirir el Viejo Firpo y que a mi me cuesta tanto usar: interpretar viejas fotografías. En este caso la vi claramente, sin problemas.

Recorrer el camino no siempre es fácil. Superarse, lidiar con nuestras flaquezas requiere un esfuerzo constante, permanente; no faltar ni abandonar a pesar de todo lo que conspira para que pase; aceptar que costara y llevara años, décadas de dedicación, trabajo, esfuerzo; miles de horas transpirando, robadas a la familia y los amigos; a las fiestas o al tentador sofa; conservando las costumbres que se van desdeñando, la etiqueta que siempre nos distinguió y nos distingue. Que nos distinguira en el incierto futuro que afrontarán las nuevas generaciones de judokas.
Nada fácil...pero...parado en ese tatami; con Jigoro observandome la espalda me sentí privilegiado de seguir buscando aprender Judo.
A saber donde esta la proxima perla o cuánto demorara en materializarse o si eso llega a pasar...a saber. Claro que si quiero optar a recibirla solo tengo que seguir traspirando judoguis con la misma entrega; es el camino tal y como me mostraron los Senseis que a pesar de mis limitaciones, aquellas y estás, me proporcionaron las bases para poder recorrerlo y me siguen guiando en la actualidad.

Al final siempre se ha tratado de escucharles, a los Senseis y aprender de ellos; y con el tiempo comprender que nos querian decir hace 20 o 30 años; para optar a conseguirlo hay que mantenerse en el camino; la única manera de aprender a ver y entender una técnica que espera emboscada muchos años en un póster hasta que incautó te paras adelante preparado para comprender tras ser capaz de ver. Y tal vez, tal vez, parecerte un poquito a ellos por como te atas el cinturón.

sábado, 16 de septiembre de 2017

Consciencia.



Ser consciente de que estas consiguiendo el objetivo, el único importante, el definitivo, no es fácil cuando aparentemente no te cuesta alcanzarlo y mantenerlo.
Y no te cuesta  pues haces todo enfocando, enfocandote en conseguirlo. Te han dicho, te han enseñando y has aprendido lo que tenes que hacer y lo haces sin planteamientos futiles; es lo que debes hacer si queres llegar a superar  el desafío sin permitir que nada te distraiga o desvíe. Nada.

Tanto éxito, medido en más de un lustro puede, podría hablandarte, volverte perezoso, dejado, hacerte perder perspectiva; la perspectiva que necesitas para ser consciente de cual es el objetivo y lo que hay en juego, evitando asi caer en la tentación de olvidarte del desafío, cayendo en la trampa que genera la normalidad.
Trampa por cotidianidad, por normalidad; la temida y temible rutina. Esa que tantas cosas devora, fagocita y que muchas veces no sabemos como enfrentar ni mucho menos que estrategias usar para contrarrestar.
La excepcionalidad, aquello que esta fuera del gráfico, permanece en tal condición el tiempo justo en que se disfraza de normalidad para embaucarte y hacerte meter la pata hasta el fondo; entonces es tarde. Perdiste la perspectiva. No fuiste consciente del peligro, del riesgo por lo que dejaste de hacer lo que debías en aras de conseguir llegar al objetivo y mantenerte en él.

A mi no me pasa. No respecto a la bipolaridad, esa amenaza permanente, el enemigo que convive conmigo, parasitandome. En otras cuestiones no tengo tamaña capacidad, ni de cerca; en esta no hay un solo átomo de mi ser que se permita desfallecer, dudar, bajar los brazos; todos trabajan para evitar una recaída; tanto y tan efectivamente que llegó a no pensar en mi peligrosa situación, en los riesgos que corro y/o asumo, no estoy pensando en ella pero trabajo constantemente para mantenerla a raya.

Duermo, me obligo a dormir pues es parte de la estrategia o es una del conjunto de las mismas, una importante. Sigo alejado de las drogas; nunca creí que pudiera hacerles frente con garantias y serían letales para mi en mi nueva condición.
Y lo mas difícil: no proyectó, no pienso en el futuro. Vivo hoy, aca, ahora. Evito preocuparme para que la presión no aumente, es negativa, perjudicial. Eso me cuesta horrores; aprendo a hacerlo día a día.

Por último voy a Judo. Entreno con ganas, me entregó; empapo el judogui. Pare dos meses, tense la cuerda al máximo sabiendo que no solo me la jugaba, además no cumplía con el trato establecido con mi psiquiatra. Que ella no lo sepa es anecdótico pues yo lo se y con eso sobra. Sin medicación estandar, limpio de drogas, me trato con Judo. A mi me funciona y mientras lo haga, sera lo que use como medicación. Algún día no bastará, cuándo no pueda entrenar dando todo lo que tenga en cada clase, entonces aceptaré medicarme, solo entonces.

Hay mucho de mi en esta estrategia que uso; hay una historia de vida que la sustenta, hay un todo de Rafita trabajando por y para Rafita. Hay un amor inmenso; hay una entrega mutua sublime y sin condiciones: Dame toda tu energia, cada gota de sudor en cada clase, a cambio te hare fuerte, flexible, adaptable, te ayudare a luchar con tus demonios, haremos que ese ego se vaya achicando, que el orgullo no te ciegue y te proporcionate una red de contencion que abarcara cada aspecto de la vida. No podre hacer que ganes todas tus batallas, pero te ayudare a evitar algunas. Te proporcionare maestros, compañeros que se haran amigos y lugares donde la tranquilidad espiritual, la paz y el respeto seran la norma. Me llaman Judo y tengo casi todas las respuestas que te atormentan; estudiame con honestidad, regalame tu sudor y nunca te abandonare.

Consciente, conscientemente recurro a las estrategias que me pueden ayudar a no terminar internado en Psiquiatría; otra ves. Hay periodos de tiempo en que no tengo consciencia de lo eficaz que estoy consiguiendo ser; la normalidad disfraza cualquier gesta de simple rutina camuflandola perfectamente y propiciando que te olvides de la excepcionalidad de tu realidad asi como de  tus logros.




domingo, 10 de septiembre de 2017

Un Dojo. Todos los Dojos

Por cuestiones laborales estoy viviendo en Madrid y me he buscado un lugar donde entrenar; parar julio y agosto ya era mucho; así he llegado a Bushido, en Canillejas.
Si, Bushido, como Bushido de Lagomar, Canelones, Uruguay; el Dojo donde empezó mi periplo por los tatamis en los que procuran enseñarme Judo…donde he tratado de aprender un poco…sigo intentándolo.
Me han recibido y abierto las puertas de su casa gracias a lo que otros Senseis en infinidad de Dojos me han enseñado; puede que yo tenga algo que ver, puede, pero eso es posterior, es el trabajo de ellos, los Senseis el que pesa, el que soporta cualquier escrutinio y pasa el análisis que ojos nuevos hacen del Judo que atesoro; por poco que sea: ven que se saludar, ven como me ato el cinturón y lo bajo que lo llevo, ven como caigo, como agarro, como me levanto…me ven reír, disfrutar sudando a mares.
Se cumple aquello de que no pasare vergüenza en ningún tatami y que los Dojos abrirán sus puertas para recibirme como a un alumno, un hijo más, integrándome fácilmente a las rutinas propias de cada uno; cada Dojo es un universo en sí mismo, pero todos tienen coincidencias, raíces hermanas; fue un vaticino, una premonición del Sensei Firpo; pareciera que hace unos 18 años supiese que pasaría por muchos Dojos; yo no lo había pensado ni imaginado y se ha cumplido, se está cumpliendo; por algo es Sensei, no se ejerce de Sensei durante décadas en balde.                                                 Corriendo el riesgo de repetirme y ser un plomazo voy a dar las gracias a los Senseis que me han tenido a su cargo y agregare a mis compañeros que han debido soportarme y sufrirme; sin unos y otros, no sabría caer ni saludar, no sabría nada de Judo y le doy las gracias a Luis, el Sensei que por lo menos durante septiembre trabajará para intentar que aprenda algo más que a saludar y caer. Todos se vuelcan, todos te dan lo mejor de si mismos y aunque sea repetitivo, creo que debo dejar constancia de que es así; sin importar que esa es la manera como debe ser y que se haga sistemáticamente: ¡Gracias Senseis!

Si están en o por Madrid, llevan tiempo queriendo acercarse al Judo o tratando de volver, no duden en pasar por Bushido; un Dojo a la antigua, de esos que se van perdiendo, con un Sensei y sus alumnos de diferentes niveles trabajando para que el Judo perviva.               
Pero si no es el caso y viven en otra ciudad, país o continente, busquen un Dojo, acérquense y descubran de qué escribo, porque lo hago, atrévanse a ser parte de la tribu, del Clan Judoka.       

domingo, 27 de agosto de 2017

Veintidós segundos.



Es el tiempo que queda para que termine el Randori. Somos impares por lo tanto queda un compañero libre que entra con quien es proyectado, el ganador descansa, yo estoy descansando. Un compañero proyecta, quedan veintidós segundos que serán menos de veinte tras los saludos; llevamos nueve minutos con treinta y ocho segundos de Randori sin parar, solo respira quien proyecta, he podido respirar, pero no he recuperado, la edad pesa lo suyo; no tengo mucho más que dar, pero vaciare lo que quede buscando conseguir un Ippon. Es lo que se debe hacer.
Un ejercicio que me enseñaron hace décadas, este tiene la variante de que no se descansa a menos que proyectes y de que según lo consigas te vas poniendo con otros compañeros, no hay tiempo para especular ni que perder. Antaño, no había reloj en la pared, el Sensei decía que quedaban quince segundos o diez y tenías que apretar, quien proyectaba había ganado el Randori, aunque hubiese caído en el transcurso del mismo, una o más veces; se le consideraba vencedor. Otro juego de Judokas solo apto para Judokas, tenemos muchos, todos intensos, todos exigentes y absolutamente todos son divertidos.                                                                                                                       

La idea es que consigas superar al otro en ese lapso breve de tiempo, que aprendas a arriesgar y revertir una situación adversa o a conseguir imponerte si vas empatado o perdiendo y participas de un campeonato. Porque al arriesgarte con el otro sabiendo que lo vas a intentar y que prepara a su vez su estrategia, te pones en la posibilidad de cometer un error y verte proyectado. Todo a máxima velocidad, no hay tiempo.
Veo cómo proyecta un compañero, ya sé quién me toca, respiro hondo y avanzó para estar situado cerca en cuanto saluden, saludar y aprovechar esos menos de veinte segundos que tendré. Es joven, en etapa de competición, superándose, ganando técnica, fuerza, velocidad, fortaleza mental y seguridad en sí mismo y en sus posibilidades en cada semana, en cada clase. No le doy tiempo a que haga nada, le gano el agarre y lo sacó limpiamente, quedan ocho segundos como constató arreglándome el Judogui mientras el Sensei sonríe ante mi temeridad, mis ganas y esa estrategia suicida que he usado al ir sin reparos a buscarle, convencido de que no solo no había tiempo, tampoco tenía que darle facilidades.
El potrillo acaba de descubrir que el veterano saca fuerzas de donde se supone que no hay, malas ideas me sobran siempre, y combinaciones, amagues, mucho humo, le engañe vilmente pues nunca hago eso con ese agarre, esperaba mi ataque favorito y eso le condeno; amen de no ir él mismo a buscar un Ippon.
Por mi parte sé que en menos de un año él me cuidara o no durare un minuto en un Randori juntos; en ese lapso de tiempo le seguiré mostrando las retorcidas artes de un luchador veterano, de un Judoka que jamás muestra debilidad ni excesiva fortaleza y después trabajaremos juntos para que aprenda que en veinte segundos caben más de un Ippon; que el agarre de siempre muestra un camino y da demasiada información al compañero y que dependiendo de cómo use esa herramienta, será a su favor o en contra.

Conseguir engañar al otro es prácticamente ganarle, hacerle creer que vas a atacarle con A y que le metas H, es cazarlo completamente vendido en una reacción anti A que era justamente lo que pretendías. Si sos capaz de tener combinaciones trabajadas y no dejarle respirar y mucho menos pensar, le proyectaras con seguridad, aunque consiga pararte el primer ataque.                                                                         

Llegar hasta ese punto del juego lleva tiempo, décadas me ha insumido a mí; ver que quedan veintidós segundos y que te sobren ocho para proyectar tras haber saludado te lleva a pensar en cuando tú eras quien salía volando, incapaz de parar al ataque del veterano que no parecía tener nada de resto pero que sacaba fuerzas de algún recóndito lugar de su ser para estamparte incontestablemente.                                                       
El círculo se cierra, cada pieza va encajando perfectamente en su lugar, de alguna manera devolves aquello que te dieron, que te regalaron con generosidad espléndida y con una esperanza: que tras décadas de trabajo fueras capaz de trasmitírselo a otros de la única manera que puede hacerse, con un Judogui, sobre un tatami, en un Dojo.         

Se les enseña a todos y se tiene esperanza en que algunos lleguen a ser capaces de regalárselo a los que recién desembarcan en esto que llamamos Judo para asegurar la herencia y que perdure.
Busco oxígeno, camino arreglándome el Judogui y evoco a un querido Sensei que nunca se consideró como tal pero que siempre lo fue: Alfredo Melera. Dedicó cientos de horas al joven e irreverente que supe ser, me proyecto innumerables veces, me desarmo en Ne Waza en cada Randori; se recontra calentó conmigo infinidad de veces y jamás se permitió abandonar, dejar de sumar con él Sensei para ver si me llevaban al Camino y me mantenían en él. No le nombro, no le gusta pero estoy en fase travieso.

¡Gracias Alfredo Melera!

martes, 1 de agosto de 2017

Muerto en vida.


Hace  poco  confirme,  de  forma  independiente,  que  alguien  que  fuera  mi  amigo,  muchísimos  años,  tiene  muchos  problemas,  derivados  de  su  consumo  de  drogas,  principalmente  cocaína.  Tiene  el  cerebro  quemado,  según  me  han  dicho,  y  como  ya  son  tres,  las  campanas,  lo  doy  por  confirmado.  No  me  sorprende,  era  de  los  que  sostenían  que  no  pasaba  nada  y  periódicamente,  compraba  cocaína y  la  consumía.  Lo  hablamos  miles  de  veces,  mi  postura  era  de  rechazo  e  intransigencia  absoluta  y  eso  le  provocaba  risa.  Había  vivido  en  USA un  tiempo,  recorrido  más  mundo  que  esa  miserable  aldea  que  era  nuestro  barrio  y  creía  que  había  aprendido  a  dominar  y  amaestrar  demonios; otro querido amigo que  nunca  salió  del  barrio  más  que  para  pagar  la  condena  de cárcel  por posesión, opinaba  parecido  y  si  me  ve  no  me  reconoce, no  sabe  quien  soy  pero si  me  escucha, algo  reverbera  en  su  interior,  me  abraza  y  llora. Firmemente  lo  creían,  sin  ninguna  duda: coquetearian  con las drogas y  no  sucumbirian  ni  a  la denigracion  ni  a  la  muerte.                                                                                          
Hoy  yo  también  me  asome  al  mundo  y  vi,  como  supongo  que  vio  él,  como  se  consumen  las  drogas,  con  inusitada  alegría.  Aunque  me  cuentan  que  hoy,  en  Uruguay,  también  se  consume  con  alegría  y  no  solo  maría  o  cocaína,  pasta  base,  pegamento,  speed,  mdma  y  a  saber,  que  mas.  Sigo  opinando  igual,  las  drogas,  usadas  por  hedonismo,  son  venenosas  y  tan  tóxicas,  que  te  destrozaran  e  incluso,  te  asesinaran.  Usadas  como  medicamento,  ayudan  a  quienes  están enfermos,  a  vivir  o  curarse  y  aunque  sean  adictos,  no  es  lo  mismo,  como  leí  por  ahí,  ni  cerca.                                                          
Ese  era  su  problema,  quería  una  vida  placentera  a  tiempo  completo  y  compraba  el  polvo  blanco,  que  le  proporcionaba  un  sucedáneo,  una  mentira;  confundiendo  el  camino.  Y  confundiendo,  como  todos  los  que  creen  que  una  raya,  un  porro  o  una  jeringa  te  darán  algo  más  que,  un  espejismo,  una  mentira; la  realidad  con  un  viaje  de  corta  duración  por  el  que  pagarán,  inevitablemente, un  precio  descomunal.                                                                        
Nunca  lo  imaginé,  muerto  por  sobredosis  ni  como  está  ahora,  siempre  mantuve  la  esperanza  de  que  se  saliera  de  esa  espiral,  mentirosa  y  autodestructiva;  sólo  porque  era  mi  amigo  o  supimos  serlo,  nada  racional,  sólo  el  deseo  de  verle  bien,  saberle  sano  y  pleno,  tal  y  como  lo  recuerdo. 
Como  otros  tantos  deseos,   no  se  plasmara,  pero  este  es,  de  los  que  debió,  hacerse  cruda  realidad.  Él,  como  tantos,  coqueteaba  con  la  muerte,  despreciándose  a    mismos;  buscando  excusas  para  envenenarse  y  matarse;  pero  sin  ponerse  razones  para  vivir,  sin  esforzarse  por  vivir;  como  si  buscaran,  morir.  
Estás  muerto  amigo,  no  lo  sabes,  tu  cerebro  no  te  aviso;  espero  que  haya  valido  la  pena  y  que  ahora,  no  sufras.     
La  respuesta  es  no,  sigo  sin  probarlas,  yo  soy  valiente  de  verdad  como  te  dije en 1989, 22 de diciembre. Seguro  no  te  acordas  y  a  estas  alturas  poco  importa, poco...salvo  que sigo  pensando  que  me  sobran  huevos  y  que  la  estabas  cagando mal. Cuidate.


domingo, 30 de julio de 2017

Desengaño, otro a sumar. Y Revancha, Rafa siempre gana.

Finalmente salió a la luz la verdad sin máscaras. Emergió poco a poco o yo no quise verla de entrada, podrían ser ambas, a la hora de prometer o hacerte creer que se te pagará con arreglo a tu trabajo, siempre están dispuestos a embaucarte, pero rara vez se traduce en ingresos. Rara vez y siempre están llorando y quejándose de que no hay trabajadores que den la talla, pero la verdad descarnada es que no pagan como para tenerlos y si de casualidad los tienen, llegar a mantenerlos.                                                                                                        
A estas alturas debería saberlo, imaginármelo y no caer nuevamente en la emboscada… no aprendo y no quiero hacerlo, no quiero cambiar mi manera de ser y de trabajar; la forma cómo encaro el día a día en el trabajo, en cómo me relaciono con mis compañeros y con los desgraciados que suelo tener de jefes. Se imaginan como empresarios y son meros aficionados que todavía no han caído en la cuenta de que, sin empleados, sin trabajadores que te defiendan la empresa, la marca, no hay negocio posible.                                
Muchos estudios o pocos, masters; experiencia variada y el mismo resultado: ceguera total.

Ya sea una constructora con presencia internacional, una distribuidora de bebidas local, un bar de barrio, un restaurante de lujo, una empresa dedicada a la fontanería o una empresa dedicada a la mensajería, da igual, siguen las mismas líneas de explotación y ninguneo sistemáticos. Fingen escuchar, fingen ser muy humanos y legales, pero solo miran por su bolsillo, desdeñando la posibilidad de facturar bastante más y ahorrar en costes operativos, aumentando las ganancias reales; pero claro: ¿Qué sabrán los empleados?     

Estos pseudo empresarios no cumplen la legislación vigente que establece mínimos a los que no llegan y se preguntan, asombrados, que pasa que no funcionan las cosas. Si resultas incapaz de escuchar a quienes trabajan cada día para sacarte la empresa adelante, si perdes la perspectiva o no tenes la menor idea de donde te metiste, el resultado es catastrófico: subfacturación, costes por encima de la media, aumento de pérdidas, carencia de personal cualificado y cabreo monumental del que permanece trabajando con la consiguiente pérdida de producción, bajada de la calidad y poca satisfacción que se traduce en baja o nula implicación.  

Evidentemente esquilman al trabajador para sacar ganancias, si cumpliesen los mínimos legales, tendrían que cerrar, no llegarían a poder cubrir los gastos y ni hablemos de sacar beneficios.
En la última aventura, mi puesto ha sido cubierto en una ruta por tres mensajeros en un caso y por dos o uno y medio en la última ruta que hacía. En la primera, la empresa que me pagaba o la que la contrataba se ahorraba entre 3500 y 7000 euros por mes, así durante 18 meses. Yo cobraba por debajo del convenio, no me pagaban horas extras, viático, nada, apenas 895 euros por mes con jornadas de entre 12 y 15 horas de lunes a viernes y trabajando un sábado cada tres. En la otra estuve poco tiempo, un par de meses; me subieron a 930 euros por mes, siempre con las pagas extras incluidas y no hice los números como con la que estoy desglosando. ¡Una subida descomunal! Pero muy por debajo no ya de mis expectativas, de la realidad que dice que no hay mensajeros buenos, Mensajeros Diablos para contratar no hay; y estos, los Diablos, no valen como los que se pueden contratar, valen bastante más.
Siempre llorando que no podían pagar más. Alguien ganaba, alguien era muy listo y alguien, además de yo, muy tonto. Pero donde quiero incidir es en que mi puesto fue cubierto por tres trabajadores y uno y medio; el récord lo tengo en cuatro que fue en la constructora, mi amigo Oscar que era gruista me llamaba y se cagaba de la risa: “¡Uruguayo, eres una puta maquina! Cuatro tíos y no lo hacen ni cerca como tú.” Esa medalla es mía, no da para comer, pero sustenta el espíritu que si ayuda a aguantar tanto basureo. A la constructora poco le importó cuadriplicar gastos y bajar sensiblemente la calidad en harás de vaya unos a saber qué política, cualquier cosa antes de pagar a un trabajador con arreglo a su trabajo e implicación.                                                               

A la empresa de mensajería le da lo mismo que hagas el trabajo de tres, de uno y medio o de menos de medio, paga a todos por igual. Es bastante surrealista, lo sé, pero pueden creerme que vale para ellos lo mismo un trabajador que saca tres rutas y las tiene mansas como un mar sin viento o uno que no llega a hacer ni el 25% de una ruta.

Siempre igualan hacia abajo y no cesan de llorar que no hay personal válido. Les falta un master en gestión de recursos humanos y avivarse de que ese es el desafío hoy por hoy en cualquier emprendimiento: el recurso humano. Sin personal que defienda los intereses de la empresa no llegarás lejos y desde luego no alcanzaras el éxito. No tendrás clientes ante los que bajarte los pantalones, ni hablar de clientes de verdad, de esos que pagan por tus servicios y asumen que los extras, se pagan aparte.
Me quedé en la calle en cuanto me puse a reclamar lo que se me había prometido, apenas empecé; no me lo invento, hubo una reunión muy linda y todo, pero como siempre fue humo, puro teatro; subir de 895 a 930 es más que una subida un insulto, hice algunas llamadas y empecé a hacer entrevistas, a hablar con unos y otros hasta que recibí una llamada que me resolvió el problema de no tener trabajo. Pase de ganar 3,80 la hora con pagas incluidas a 9,70 con una salvedad: ¡trabajo solo 15 días al mes! Sin correr, parando a comer, a desayunar, ambos yantares pagados por la empresa que además me suministra agua a espuertas y ropa de trabajo desde el primer día con lo que se puede decir que cobro más de 9,70 la hora.                                     

Puede que me den una patada en el culo, puede claro que sí, pero yo no aflojo, trabajo como siempre: dando lo mejor de mí. Nunca sabes quién te está mirando, nunca sabes quién te puede dar o dará una oportunidad de mejora; de momento tengo tres ofertas de trabajo, una conseguida por una querida amiga y dos generadas trabajando; me han visto trabajar y me quieren contratar.
Hasta el 31 de agosto di mi palabra de que contaban conmigo en el trabajo donde estoy actualmente, hasta el 1 de septiembre no tomaré una decisión; hay un amigo de por medio, me recomendó y si hay algo que aprendí hace mucho, es a no dejar a nadie con el culo al aire cuando me recomiendan; ya sea para ser portero en una discoteca, trabajar de camarero, fontanero, peón de obra o mensajero, entre otras actividades; sigo en mi línea, esa es mi revancha; mantener los valores y códigos que son mi bandera sin importar la clase de desgraciados para los que he trabajado.                                                                                                                                                                                                                                  

jueves, 20 de julio de 2017

La Familia Grande.

Tener gente que te quiera, te respete y se juegue por ti una y mil veces es lo que hace la diferencia en tiempos difíciles. No voy a poner nombres, cada uno sabe si es o no es parte de mi familia, la grande, la que no es de sangre, pero vincula tanto como aquella. O más, les he cosechado por el camino; no vienen de fábrica.          
Porque en los tiempos buenos (a saber, cuáles son o han sido) es todo fácil…alguien me ha recordado que en sus tiempos malos yo estuve firme a su lado; que mis tiempos malos son los buenos de otras gentes y así va la cosa.
Amistad. Hay quien dice que sobran dedos de una mano para contabilizar a los amigos, los polenta, los de acero templado, los que no se borran ni desaparecen cuando te das la costalada madre y quedas titiritando de pánico, dolor, incertidumbre; las dudas te quieren congelar en él suelo y solo te levantas porque has hecho de eso una filosofía de vida, una actitud ante la adversidad. No es mi caso, necesito muchas manos para hacer el inventario y considero que esa es mi riqueza, siempre lo ha sido: son mí tesoro.
Clavar las manos en el suelo, después una rodilla; respiran hondo y levantarse mirando lo que sea de frente; exactamente igual que cuando eras un guacho y no había Dioses capaces de tumbarte. Pero claro, siempre es más fácil si hay gente amiga apoyándote, haciendo de palenque o directamente apuntalándote; en aquella época no había mucha, recién empezaba a vivir y no había tenido tiempo de sembrar; y comprendí que solo no sos nada, nadie; todos necesitamos ayuda y apoyo a lo largo de la vida, de una manera u otra; ayudar a quienes te rodean, generar vínculos que prosperaran más o menos te enriquece y de paso a la sociedad, es fácil lamentarse de lo mal que funciona todo y ser incapaces de saludar a quien se mete en el ascensor contigo o no ayudar a la señora cargada con un niño de pecho o ignorar al compañero de trabajo nuevo y no darle una mano o mil para que se adapte.
Llegue a esa conclusión de rebote, pero la hice parte de mis códigos racionalmente, cuidar a tu entorno es cuidarte; proteger a la gente es protegerte y nuevamente la Vieja Furcia me demuestra que no me equivoque, en esto no. Es una maravilla vivirlo, disfrutarlo; constatar que a pesar de todos mis defectos hay gente que se juega por mí, unos sin decir nada, como si hubiera en juego cosas que no se dicen, no se nombran, pero están presentes y otros recordando cosas que hice o dije antaño, cosas que olvide, pero no cayeron en el olvido pues hay quien no olvido, no quiere hacerlo o no se lo permite, atesoran el recuerdo.                                                                                                                                      
Hay privilegios que no se heredan, no se compran ni venden; se ganan siendo o intentando ser coherente; derechos adquiridos, bulas; por tener y mantener una actitud a lo largo de los años, de las décadas…esto me convierte en un privilegiado.

¡Gracias a toda mi gente! Los de acá y los allende el océano más los que la Vieja Furcia y el viento desparramaron por el planeta. Son legión, una verdadera maravilla.

sábado, 3 de junio de 2017

Tokui Waza: Hidari Sumi Gaeshi.

Hoy por hoy es mi Tokui Waza, mi técnica favorita. Es la única que tengo con la que me siento capaz de ejecutarla con buenos resultados en la mayoría de los intentos. Además, consigo Ippones claros al usarla sin importar el tamaño de quien esté haciendo Randori conmigo. Según el Sensei, lo comento nuevamente el jueves próximo pasado tras verme usarla; la hago fluida, parece fácil viéndome, se nota trabajada observando toda la previa, todo el trabajo que despliego hasta lograr el agarre y la posición desde la que ataco y que la he adaptado a mis condiciones físicas, emocionales y espirituales; mis compañeros la sufren estoicos.                                        
He perseguido varias técnicas a lo largo del tiempo que llevo aprendiendo Judo y las sigo buscando: Uchi Mata, Hanei Goshi, Harai Goshi, Tai Otoshi y Ko uchi gari. Por ambos lados; más técnico por la izquierda; más potente por la derecha. A esas les dedique más tiempo, hay otras que también he trabajado, pero sensiblemente menos. No pensé en Sumi Gaeshi si bien alguna vez la usaba, era un recurso, recurría a ella cómo recurro a Yoko Guruma; si me agarran y bajan mucho, rompiéndome mis esquemas y noto que estoy en un lío, ataco con ellas antes de que me ataquen. La usaba poco y nada; no me llamaba la atención y no entraba en mi horizonte hasta que un desafío se cruzó en mi camino planteándome un problema que me propuse resolver: la solución fue Sumi Gaeshi.
Ya saben: no me digan que no puedo, que no se puede. No desafíen al Rafita más porfiado a ponerse a trabajar persiguiendo cosas difíciles; me hice zurdo en Judo y puedo hacer todas las técnicas por ambos lados siendo que era diestro cerrado.              

Tuve un compañero hace unos 12 años que era pesado, ancho, bajo; su centro de gravedad estaba más cerca del tatami que el mío y me resultaba difícil bajar lo suficiente para que resultara efectivo un ataque. No había manera de proyectarlo, no claramente. Ponerme en Randori con él era sentir que no tenía armas para desarbolarlo. Nada era efectivo. Yo no era efectivo.                         
Llevaba dos décadas largas estudiando, aprendiendo Judo y no tenía nada con que proyectar a ese compañero. Ninguna técnica funcionaba; tenía un problema, un desafío al que hacer frente y ya saben: dejarlo correr no es una opción, perseguir una solución, buscarla, crearla, sí. Eso fue lo que hice; busque y busque Randori tras Randori, entrada tras entrada, fracaso tras fracaso…no anote cuánto tiempo me llevo, meses, años; miles de intentos, cientos con seguridad. Perseguí la quimera con intensidad, ganas y decisión.

Jamás me permití aceptar que no sería capaz, jamás me planteé abandonar. Probablemente por eso llegue hasta Hidari Sumi Gaeshi y hoy es mi arma más fina, la técnica que mejor me sale; la que puedo atacar cuando quiero; a la que puedo llegar en cuanto me lo propongo. Las otras pueden salir, pero no siempre resultan, falló mucho al usarlas; Sumi Gaeshi sale 19 de 20 intentos y es casi siempre Ippon; no me la pueden parar. Además, sigo en Ne Waza y si no fue Ippon, lo será.                                                                                                                                            
Claro que hay que tener en cuenta una cosa que los Senseis repiten incansables: debes, debemos tener variantes, combinaciones, un espectro amplio de posibilidades, hay que engañar, volver loco literalmente al compañero; que no sepa nunca por donde vas a ir. Y si yo puedo atacar con: Hanei Goshi, Harai Goshi, Uchi Mata, Tai Otoshi, Tani Otoshi, Yoko gake, Ko Uchi gari, De Ashí Barai o Sode Tsuri Komi Goshi además de Sumi Gaeshi y alguna otra; entonces no sabes cómo defenderme ni que debes defender. Te toca destrozarme los agarres y evitar a toda costa que te agarre, preocuparte todo el tiempo de eso, dejas de sentirte cómodo y si yo voy por la derecha y por la izquierda, sin aturullarme, estás literalmente perdido, confundido. Los jóvenes potros lo resuelven poniendo el compresor y los dos turbos, moviéndome, haciéndome subir las pulsaciones y evitando mis agarres que también son mentirosos, no dicen nada, no transmiten peligro, no les hace huir aunque ya los conozcan y sufran; los he trabajado a fondo para que sea así, no quiero que sientan el peligro hasta que sea tarde.                    
En cuanto bajan el ritmo o se distraen con esos agarres imposibles y me dejan planear la emboscada están cerca de ser proyectados. Hay quien no me deja agarrar cómodo ni a palos, una buena estrategia para frenarme, pero al final, salvo tres compañeros que lo bordan y se imponen en cada Randori; los demás terminan por cometer un error que les condena a ser proyectados. Tampoco abuso, algunos no sufren más de una caída o dos por Sumi Gaeshi en todo un Randori, intento otras técnicas, sigo puliendolas, no hay que hacerles sentir frustración, no más de la estrictamente necesaria; hay que dejarles crecer y con el tiempo se verá por dónde evolucionan. Cuando estén maduros se les puede apretar, nunca antes de que estén preparados.

Fue una búsqueda intensa, preñada de: intensidad, fe, trabajo, ganas, determinación y convicción. De entrega. Fue un juego, fueron risas cuando fallaba miserablemente, fue disfrute, fue no aceptar que mis limitaciones me superarían, yo les bailaría un malambo a ellas y no al revés; fue Judo en su máxima expresión.                                                    
Pude obviar el desafío, pude, pero ni siquiera me lo planteé. Creo honestamente que la mejor manera de honrar a quienes te enseñaron es hacerles caso e intentar tener fe en lo que te enseñaron, en lo que decían que es posible, viable, aunque no lo veas ni lo imagines y puede que ni siquiera te creas capaz. Si los Senseis dicen que se puede, inténtalo de verdad, da lo mejor que tengas y sorpréndete con los resultados. Sorpréndeles a ellos, haceles ver que superaste sus expectativas más ambiciosas para contigo; haceles saber que te enseñaron tanto y tan bien que has podido alcanzar un nivel que de otra manera estaba fuera de tu rango…haceles sentir que sos su embajador dondequiera que acaricies un tatami, sea con los pies, las manos, las rodillas o toda la espalda.
Ninguna técnica resultaba, no había manera. Clase tras clase, Randori tras Randori era incapaz de proyectarle y fue así que me puse en modo porfiado total, solté al Rafita menos cuerdo, al menos racional, al pasional que no tiene freno ni lo conoce, el que no cree que haya límites al trabajo, al sacrificio, a transpirar, a ponerle ganas, intensidad porque otros le dijeron que era posible pero solo si estacionamos en la cuneta las dudas y te enfocas en el problema que en este caso era proyectar a Charlie. Pero no valía hacerlo de cualquier manera, no señor, tenía que ser claro, incontestable. Si llegaba tenía que ser cuasi perfecto, un poema con altos estándares de calidad técnica, un poema que le alegrase la vista a los Senseis, si pudieran verlo o al Sensei que hoy por hoy me tiene en su Dojo.                                                                          

Semanas, meses, años…buscando incansable. Cada entrada, cada intento fallido era motivación extra; tiene que existir algo que sea efectivo, que yo no pueda verlo no implica que no exista, solo quiere decir que estoy verde y me falta estudiar más, solamente eso, pensaba.

Es el Everest, el K2 o el Cerro Montevideo. Es tu límite, el que sea. Cuando alguien trabaja de esa manera en la clase, nadie es ajeno, a nadie se le escapa; todos ven que cuesta, todos ven que no abandonas; que no te frustras, que no te obsesionas; que no le das importancia a los fallos ni al tiempo que te lleva; que no abandonas la ardua tarea de superarte. Probablemente no entiendan que te impulsa, pero les quedará grabado que se puede; quizás algún día sean ellos los que persigan una quimera con esa intensidad y constancia; solo por eso vale la pena intentarlo; aunque no consigas atraparla, si diste lo mejor y no llegaste a la cima, quédate con el camino que recorriste y lo que al hacerlo aprendiste sobre ti mismo, sobre limitaciones, mentalidad, motivación y sobre el Judo.

Entonces, pasados los años que no he contabilizado, creo que fueron un par o tres, ni idea, ataque con Hidari Sumi Gaeshi y conseguí un Ippon. Un verdadero milagro. Charlie reía con toda la boca, su homenaje a este loco; no le costó nada asumir que se le había terminado la veda, no le pareció importante. Debo dejar bien claro que, sin él, yo no tendría a Sumi Gaeshi como arma efectiva. Es su regalo a mi Judo, su contribución desinteresada y generosa para que yo creciese. El trabajo el mismo tiempo que yo para que pudiera llegar, se esforzó tanto o más que yo; supo en todo momento que, si lo conseguía, le proyectaría sin piedad, con cortesía, pero sin pizca de piedad y aun siendo consciente, me permitió trabajar, colaboró activamente en mi búsqueda, participó de la misma. Judo, puro Judo.                                                                                             
Esa clase, con esa entrada, empezó otra búsqueda, más íntima, más personal; había llegado a un buen punto, ahora se trataba de ampliar, desarrollarla y mejorarla; desde entonces la voy puliendo, mejoro las adaptaciones que le hice; la hago más efectiva, más imparable; tanto como para que el Sensei me felicite dos por tres cuando me ve hacerla y proyectar a mis compañeros. Dice que es Rafa Gaeshi, es Sumi Gaeshi sin lugar a dudas y es mi manera particular de interpretarlo, de ahí que la llame Rafa Gaeshi.

Pero repito que es así de efectiva por todo el arsenal que puedo usar combinado con esa técnica; sin todo el trabajo previo de agarres y posibles ataques o combinaciones no resultaría tan efectiva, se leería fácilmente y podrían pararla sin mayores problemas. Sin el agarre mentiroso que uso, mentiroso porque no transmite nada de peligro, aunque hagas Randori conmigo meses y sepas que voy a usar Sumi Gaeshi, no te parece que vaya a ser capaz de proyectarte, no sentís que haya peligro y esa es una porción del secreto que es más amplio. Incluso cuando la estoy ejecutando, hasta el final, no parece que vaya a salir; mis compañeros creen hasta el día de hoy que pueden o podrán pararla y me dejan, permiten entrarla pues no sienten que haya nada de peligro y cuando quieren reaccionar, están volando completamente desarbolados. Sin quejas asumen que esa técnica y yo compartimos algo mágico, un intangible y aunque les desvelo el secreto, no lo interpretan como para desactivarla. Tienen tiempo y alguno llegara a dar con el antídoto, solo hay que trabajar y tener paciencia.

Dicho secreto es que entro mi pierna izquierda buscando apoyar mi pie izquierdo en su tobillo izquierdo, cuando mi espalda toca el tatami con mis caderas bien profundas, entonces deslizo mi pie hacia su ingle y la estiro de golpe, hasta ese instante creen que apoyando los brazos o dejándose caer sobre mí me pararan, pero les proyecto pues la pierna hace de catapulta y no la han tenido en cuenta pues no estaba bien situada. Mi mano izquierda agarra pasando por encima de su brazo derecho, justo sobre el omóplato, más alta que baja; jamás buscó el cinturón, ese agarre les hace reaccionar negativamente para mis intereses, mi mano derecha agarra su manga izquierda a la altura de su muñeca, con el máximo control posible; en cuanto separan un poco los pies y/o se agachan un poco, les atacó.

Poco más de seis renglones para resumirlo, años trabajándola, puliendola y agregándole cosas, sumándole detalles. Estoy con una versión en la que ataco incluso sin tener mi mano derecha agarrada, si llego a tener la izquierda bien situada, entro a fondo y uso mi muslo izquierdo para levantarles; como si fuera el muslo en Uchi Mata, pero sin buscar amplitud, no quiero que tengan oportunidad de girarse; mi mano derecha agarra su manga izquierda donde puedo con la técnica ya en ejecución. Sale solo si ataco desde lejos y entro convencido. La sensación con esa versión, mientras estoy proyectando es de ligereza, de facilidad pasmosa; no me cuesta nada, no tengo que hacer esfuerzo, parece que mis compañeros se dejaran proyectar. 

Me insumió décadas tener una técnica tan efectiva; no descarto conseguir que otras se le sumen; vale la pena cada gota de sudor invertido; la sensación de que no cuesta nada, mientras la ejecutas, paga sobradamente el trabajo, el camino que recorrí para llegar a tenerla. Los Senseis tenían razón cuando me decían que solo se trataba de trabajar; la sensación viéndoles o al hacer Randori con ellos de que habían trabajado mucho para tener esa calidad técnica se ha confirmado: lleva años de honesta dedicación.                                                                 

domingo, 28 de mayo de 2017

Estudiando el Nague No Kata.

Está costando. Mucho. Son innumerables los detalles que tenemos que pulir, prácticamente tienden al infinito. Sé cómo se debe hacer, lo prepare para examinarme dos veces; lo enseñe en varias ocasiones a otros para que fueran a examen y obtuvieron excelentes notas…pero le falta trabajo, horas y horas para llegar a un nivel aceptable para pararnos frente a un tribunal.                       
Con mi compañero vamos a los cursos que se imparten para perfeccionar dicho Kata; contar con varios Senseis especialistas en Katas ayuda a ir corrigiendo dichos detalles; así fue como ayer fuimos a un curso impartido por los hermanos Camacho que vienen compitiendo en campeonatos de Nague No Kata desde hace más de dos décadas.
Es evidente que llevan miles de horas trabajándolo, estudiándolo e incluso han ido varias veces al Kodokan; lo hacen fácil y lo explican, desmenuzándolo, de igual manera. Insistieron en que hacerlo bien, perfecto, es bastante difícil y que siempre se puede mejorar. Viéndoles parece complicado llegar a hacerlo de manera que salga parecido o se acerque al resultado que ellos obtienen.                                                     

Tres horas intensas que pasaron volando; suficiente para captar algunas claves y ciertos detalles que en caso de conseguir incorporarlos harán que el Nague No Kata que conseguimos hacer gane en calidad y se parezca más a un Kata; poco tiempo, se podría estar una semana, dos o más de un mes viéndoles y escuchándoles y todavía quedarían cosas para corregir.
Llegando al final, piden voluntarios para hacer frente a todos los presentes, un grupo del Nague No Kata. No se mueve nadie. Absolutamente todos se han quedado helados. Giró la cabeza y miro a mi compañero que niega con la cabeza casi desesperadamente; no le gusta nada eso de que le miren, pararse frente a gente se le hace cuesta arriba y niega firme. Nadie se mueve. No hay voluntarios. Espere unos segundos y avance ofreciéndome como Uke. Solito me pare frente a los presentes y mi compañero asumió que le había metido en un lío y salió también. Así me lo explico en el coche volviendo a Valencia; dijo que sabía que yo saldría, lo sabía perfectamente y que al hacerlo le obligue a él a salir. Le recordé nuestros problemas con la caída de Uki Otoshi y que me ofrecí como Uke, disipándolas en parte, eso le provocó risas; evidentemente yo había pensado en todo, en esos escasos segundos decidí muchas cosas, cubrí posiciones y salve el obstáculo más complicado. Todas las demás técnicas y caídas nos salen aceptables, por descontado son mejorables, pero Uki Otoshi no sale para nada. Soy mejor de Uke que de Tori y si tengo que hacer el Kata con alguien con quien no hemos practicado el mismo, mi mejor aporte será de Uke sin lugar a dudas, pero si salía él, había evitado el escarnio, el más que probable desastre: Beneficio y prosperidad mutuos. Piensa en los demás y no solo en ti mismo,  generoso. No busques lucirte ni quedar bien, busca disimular en la medida de lo posible las carencias, propias y ajenas, pero no te pongas por encima de nadie y si hay que sacrificar a alguien, que seas tú antes que un compañero. Piensa el peor escenario imaginable y prepárate para afrontarlo con unas garantías mínimas sin buscar beneficiarte a costa de otros. En esos segundos fui Judo. Y recién ahora caigo en que fue así.
Primer Grupo. Me equivoque en el saludo, no caí bien, mientras lo hacía era consciente de todo lo que necesitaba ser mejorado y de que pasara lo que pasara, no debía parar ni dudar, solo intentar que saliera lo mejor posible. Un aplauso cerrado puso el broche.                
Esperaba mil correcciones, solo nos dijeron que siguiéramos trabajando y nos dieron las gracias por salir delante de todos; recalcaron lo difícil que era; algo que mi compañero tenía muy claro y que en mi caso solo se trata de seguir el ejemplo que aquellos a quienes observaba cuando era un aspirante y tiempo después, cuando ya casi podía decirse que parecía que sería un Judoka; la Vieja Guardia siempre se ofrecía voluntaria, no se paraba a pensar que podían decir o qué dirían; salían y hacían lo que se pedía: Un Kata, una técnica, una combinación o participar en un randori o shiai.
Varios Senseis nos felicitaron, un par recalcaron la valentía requerida para pararse frente a todos los presentes y uno nos invitó a visitar su Dojo, su casa tenía las puertas abiertas para nosotros. Probablemente habría sido bien recibido en ese Dojo sin haber hecho el Primer Grupo del Nague No Kata; ahora la invitación es firme; esperan que les visite. Demasiado premio teniendo en cuenta el pobre nivel demostrado; lo destacable es como a un océano de distancia, rigen los mismos códigos y se valoran las mismas cosas.                                                                                                                         
No premiaron nuestra habilidad, tan escasa, reconocieron la humildad necesaria para aceptar lo que falta trabajar, aprender y/o mejorar y aun así exponerse; mostrar públicamente dichas carencias es un acto que requiere muchas cosas y todas son deseables en un Judoka.           
Sin alharacas y fuera de los focos nos dijeron los errores más graves; con mimo, con respeto; la clase de respeto que solo se consigue haciendo Judo, siendo honesto; mostrándote tal y como eres; la clase de respeto que se guarda para cuando tratas con iguales. No soy Sensei, pero intento ser un Judoka; mi compañero también y si caminas como Judoka, respiras como Judoka, transpiras como Judoka, trabajas como un Judoka…pueden confundirte con uno y serás tratado con el respeto y la consideración que implica; más vale que de alguna manera tengas los mínimos necesarios para estar a la altura pues no es fácil engañar mucho tiempo a los Senseis y si, como en mi caso, todavía falta trabajo y quedan ingentes cantidades de cosas que aprender y/o mejorar, con transpirar el Judogui honestamente estarás en el camino de conseguir mantener ese respeto y hacerlo crecer.