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sábado, 6 de marzo de 2021

Ritmo frenético, en una vida en líneas generales, sedentaria.

Hace eones me movía caminando o en bici; cortaba leña, jugaba al futbol a cada rato, andaba a caballo, nadaba en la laguna o el mar que no lo es y comía mucho mejor: pocos fritos, mucha verdura, legumbres y fruta, carne, pollo y algo de pescado. Y a los trece años sume el Judo.

Entre la edad, la alimentación y la actividad física tenía un estado físico saludable.

Hoy si tengo que ir a más de un kilometro agarro la camioneta y no voy a la panadería en cuatro ruedas porque me queda más lejos el estacionamiento, de no ser así, lo mismo la agarraba.

El Judo sigue, lo demás no y la alimentación es un verdadero desastre entre lo mal que como y lo rápido que lo hago; es cierto que trabajando me muevo, subir y bajar de la escalera o mantenerse sobre esta en equilibrio, al mismo tiempo que lijo, pinto, rasco, pego papel o lo que sea; mover herramientas, muebles y materiales me hacen sudar y a ratos: mucho.

No es suficiente para compensar y es ahí donde entra el Judo que me ayuda a no engordar más de la cuenta, la edad impone su ley y ese maldito kilo al año que se va sumando a estas edades, es una losa contra la cual luchar, se hace verdaderamente difícil.

Robar esas horas a la locura de horarios, al Dios Tiempo que ha resultado ser un verdadero tirano; llegar a Judo, se convierte en una odisea que me suma más estrés.

Preparar las cosas a la madrugada para acarrearlas e ir del trabajo a Judo, no hay tiempo para pasar por casa por regla general, requiere una especie de convicción, de un coraje suicidas, llegare reventado, en la reserva, me dolerán partes del cuerpo; lo se bien y me propongo ignorarlo, no puede ser sano, no debe serlo y sin embargo…ejecuto el ritual de preparar todo mientras desayuno desganado, me obligo a hacerlo, para sentarme y desayunar tranquilo debería levantarme a las 0500, me suelo dormir tipo: 2330-2400, es inviable robar una hora y pico al sueño, debo dormir ocho horas diarias por prescripción médica, no cumplo de lunes a viernes, recupero los fines de semana, voy jugando en el alambre, así que me adapto. Concilio.

Con la pandemia no nos dejan usar el Dojo, el sensei nos saca al aire libre. Gomas elásticas, los cinturones, sapiencia, formación y su creatividad nos permiten tener una clase de Judo.

No al uso, pero cualquier judoka al pasar y vernos nos reconocería por los movimientos, por el calentamiento, por como animamos al compañero a hacer dos entradas más, cree que no puede, quiere aflojar y lo apretas para que se esfuerce un poquito más y obedece, encima te lo agradece cuándo para. Identificaran la disciplina de los que pierden el pique y hacen lagartijas, refunfuñando, pero las hacen, hacemos; de la pareja que trabaja con ahincó, desparpajo y derroche de energía que alarga la serie simplemente porque se sienten con fuerzas mientras el resto aprovecha para recuperar un poco o esa pareja de abuelos que deberían estar en un sofá que por el contrario se faja con una intensidad que les acerca a los jóvenes, en plenitud, antes que a sus pares que derrotados trasiegan cerveza o vegetan frente a la tv hipnotizados por el futbol.

Los cuádriceps muerden con ferocidad, los gemelos piden tregua, quedan tres piques y toda la clase, el hombro izquierdo gime dolorido y no se decide a soltar esa dentellada asesina que temes hace meses, buscando ignorarla sin éxito permanente dado que en el trabajo no tenes escapatoria y al usar determinadas herramientas, es inevitable que te clave los colmillos con saña; me abstraigo de todo, salvo de hacer lo que el sensei pide, regulando, la mascarilla es una tortura añadida, sintiendo que es una locura efectiva para oponer a la demencia derivada de la vida que llevo o mejor escrito: sus circunstancias; me falta el tatami, el Judogui, hacer lo que más me gusta: randori; randoris encadenados, liberadores al conseguir que desconecte de todo, otorgándome de paso una sensación de plenitud, de paz que no alcanzo en otras actividades; a pesar de que nos falten los randoris, me sumerjo en esta locura que me ayuda a conservar la cordura pues ahí está el sensei, atento a la velocidad de mis piques, me pide que baje un poco; no se le escapa nada y detecto que había acelerado al máximo (Si es persecución y hay que llegar al compañero o evitar que te alcance en una distancia corta, o lo das todo o mejor quédate en el sofá por más que a nadie se le ocurra pedirte que vueles ni siquiera que te plantees conseguir evitar que te alcancen); a la intensidad de las entradas, si tenes que aflojar, hacelo, me dice; más largos los tirones, exige; así Rafa, así, muy bien suelta cuando le obedezco; y los compañeros, el grupo que contienen, colaborando para que se pueda entrenar en un clima especial, del tipo que se genera en un Dojo pues en eso hemos convertido ese pedazo de hormigón, rodeado de campo. Un sensei más alumnos igual a Dojo, no falla.

Ya en la ducha, sintiéndome en paz, extrañamente pleno pues evite al sofá y la hipnosis, al sedentarismos asesino; los gemelos dejan de dar guerra, los cuádriceps se quejan, el hombro no da señales de vida pero si me confió, me lo hará lamentar, así que me impongo no moverlo, pienso en que fue un excelente remate para un viernes y que puede que cuándo nos dejen abrir el Dojo, este razonablemente en forma e incluso haya perdido algún gramo, si llega a ser un kilito sería fantástico y que mañana, hoy, podría reflejarlo en una entrada; las circunstancias son las mismas, no cambian por hacer Judo pero el fin de semana no tiene horarios ni frenesí, es una tregua hasta el lunes que me propongo disfrutar a fondo, lastima que no haya Judo para amenizarlo, sería perfecto.

sábado, 31 de octubre de 2020

Conocerse es dominarse, dominarse es triunfar.

Poder definir cuando empecé a frenarme para dejar trabajar a mis compañeros con arreglo a su edad, peso, nivel técnico, estado físico, capacidad mental, emocional y fortaleza espiritual; me resulta del todo imposible. Los Senseis pedían que dejaran trabajar a los que menos saben, durante un tiempo a mi me dejaron y en algún momento empecé yo a dejar trabajar; ignoro cuándo sucedió. Eso implica bajar la intensidad, dejar apertura en los agarres, resquicios por donde los que menos saben puedan intentar proyectarte; pasa por estacionar algunas técnicas exigentes con quienes son proyectados, todas las que son dudosas en cuanto al dominio técnico en su ejecución y recurrir a las que tengamos controladas como para tener un dominio permanente sobre nuestros compañeros cuando despegan. Es difícil. De lo más exigente a mi entender, no solo no hay que desalentar a los compañeros, hay que motivarles y presionarles para que mejoren sin usar toda la velocidad, capacidad técnica ni recurrir a toda la fuerza física, mental, espiritual y emocional; sin pisar jamás a fondo, a medio acelerador o incluso menos.

Eso ya tiene una dificultad importante. Se multiplica cuando pasas de hacer Randori con un jovencito que recién empieza a un Sho Dan, que no termina de despegar pero que tiene destellos y después te pones con un veterano, él viene a buscarte, que se reengancha después de años sin estudiar Judo. Saber cuanto acelerador meter a cada uno es fundamental, y conseguirlo: un arte que cuesta atesorar.

Las cosas amenazan con irse a la cuneta cuando te toca un competidor que no entiende que le estas dejando trabajar; vas a dejarlo, no sabe que la línea difusa que separa lo que debe hacer de lo que nunca puede intentar existe y que muestra evidentes signos de querer proyectarte como si fuese un Shiai a las primeras de cambio: Agarre y tirón brutal que destroza mi armonía. Es un lapso de tiempo que no sabría graficar, existe, existió, sospese soltar el freno, pisar a fondo y recurrir a una técnica de las que son muy duras para el proyectado; debieron ser segundos, mientras mi mente forcejeaba contra mis impulsos, me desplazaba siguiéndole y aumentando la fuerza y hermetismo de mi agarre que no es gran cosa pero que, a él, le supera ampliamente. Le aguante un par de ataques sin una decisión firme respecto a que hacer, me decante tras el tercer ataque desdibujado, donde fió todo a su fuerza física, despreciando a la técnica.

Le proyectaría con una técnica que no le significase una caída dura, no era necesario aplicar un correctivo drástico, es joven, debe equivocarse para aprender, bastaría con que fuese limpia, imparable. Pasado el destello de furia, acelere y empecé a buscarlo; seguía decidido a proyectarme y en un par de ocasiones por poco no lo consigue; mientras derrochaba energía y fuerzas inútilmente, fútilmente, muy alejado de cualquier cosa parecida al Judo que tratamos de enseñarle y evidentemente: no conseguimos; fui buscando un agarre con ventaja y cuando lo tuve, espere que se equivocase y le proyecte.

En el momento en que le ataque, supimos que sería proyectado, era el momento adecuado, con el desequilibrio justo y una ejecución limpia, mi técnica contra su fuerza que solo me facilitó las cosas. Su gesto de decepción con la espalda en el suelo, fue otra muestra de falta de respeto, no valoró mi esfuerzo y siguió recorriendo el camino equivocado. Lo que quedaba de Randori, lo desperdicio al jugarse a su fuerza física; no hice sangre, era innecesario, me limite no dejarle conseguir una ventaja con su agarre al mismo tiempo buscaba proyectarle, pero no lo conseguí dado que me puse en modo: Ippon precioso a menos de medio acelerador.

Han pasado décadas y sigo teniendo que trabajar sobre mis defectos, hay una leve mejora, leve, demasiado; no tengo excusas, en ningún momento debí permitir que una nimiedad, aunque no lo sea, todo es relativo, me saque de mi eje, destroce mi armonía y me lleve a asomarme a mis abismos.

No importa la excusa, no existe razón suficiente que me de una coartada; poco importa que sea humano o quiera creerlo así, el simple hecho de haber sopesado apretar a fondo es un crimen. Primero que nada, porque es un cinturón inferior y en segundo lugar porque no habla muy bien de mi y mis avances respecto a mis defectos; que me haya dominado y mantenido el control, es anecdótico y sin ninguna duda es gracias al Judo que llevo estudiando que de yapa me da una respuesta adecuada para aplicar y seguir buscando enseñarle a ese joven algo de Judo, reforzando los esfuerzos abnegados del Sensei cuya fe en nosotros, en todos y cada uno, es inhumana; y me permite seguir recorriendo el camino, evitando meterme en la cuneta, hacia la que tengo tendencia a ir.

Es notable que en el Judo cuidar a los demás sea un axioma, y lo es, por lo que te condiciona, por lo mucho que te lima, te templa; tanto como para elevarte sobre tus miserias. Y también lo es la coercitividad: no me gustaría disgustar al Sensei actuando contra las bases del Judo. Ni a ningún Sensei, de entre aquellos que han debido sufrirme como alumno. Por otra parte, sería nefasto perder la confianza de ese joven o de cualquier otro; se hace el nabo y puede permitírselo, porque confía en que le cuidaré; todos tienen fe ciega en que les cuidare, lo que no deja de ser una situación hermosa, por humana y por todo lo que nos permite aprender al afrontarla; sobre nosotros mismos y sobre el Judo y los beneficios que genera su estudio y práctica con el paso de los años.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

Caja de herramientas.


Hace décadas, con trece años, tome decisiones, una destaca: abrace al Judo. Mis circunstancias entonces eran negativas y necesitaba una salida, algo sólido a lo que agarrarme y afrontar aquellas aguas bravas. Resultó: Mantuve la cabeza fuera del agua y nade hacia donde debía, como debía y cuando debía; Jigoro Kano nos dejó una máxima al respecto, les invito-reto a buscarla a quienes no la conozcan y rememorarla a aquellos que la conocen.                                                                                                                 
Han pasado muchas cosas, de las buenas y de las otras; y cuando las circunstancias volvieron a ser adversas, decididamente negativas, solo tuve que desplegar lo aprendido en el Dojo que por poco y/ o escaso que fuese era útil, funcionaba. Con el paso del tiempo, cada revés me encontraba mejor preparado, el Judo trabajando, trabajado, estaba ahí, fiel guardia de corps que no duerme, no se distrae, mora dentro de ti, se camufla desparramado en tu espíritu, tu carácter, tu temperamento, en tus huesos, músculos, tendones y en tu cerebro. Para cada desafío tiene una respuesta y si no la tiene, la inventa en tanto arte, su condición creativa subyace olvidada, ninguneada, despreciada e ignorada por aquellos que solo ven un deporte y se pierden el 95 % de sus capacidades, las del Judo; igual que en medio de un randori o un shiai te saca indemne de una situación muy complicada, haciéndote incluso imponerte por Ippon.

El Judo es: disciplina, cortesía, empatía, superación, constancia, sacrificio, trabajo, puntualidad, pundonor, reglas, códigos, protocolos, amistad, respeto, consideración…etcétera.
Es levantarse y hacerlo siempre, salvo lesión o cansancio extremo; es seguir sin importar la situación en la que estés inmerso ni lo grande y pesado que es el compañero y/o adversario, es encajar los dientes y sin perder jamás el respeto al otro, buscar derrotarle que es conseguir derrotarte, nadie tiene más ganas que yo de abandonar y acostarme a dormir mil años, respirar, solo eso, ya es ganar; el resto es yapa. No podés dejar de observar todo lo que se te exige, no sirve cortar camino ni hacer trampas, debes, si debes, elevarte, ser mejor e intentar e incluso conseguir, sin hacer concesiones, imponerte y por Ippon. Por lo tanto, importan las maneras, son decisivas; tanto en la victoria como en la derrota.

Con trece años no sabía esto, solo tenía una necesidad imperiosa; hoy intuyo que se me escapan cosas, pero hay una certeza: la solidez del Judo me hace sólido. Tengo miedo, el terror aletea acariciándome con fervor, lo hace cada despertar hasta que compruebo que mantengo el control; que estoy bajo control, que sigo eutímico; fallarle a Luna, no llegar a fin de mes, las deudas que se acumulan, las económicas y las que nunca podre pagar, los favores no se pagan, se trocan y aunque quedes a mano, seguirás debiendo; seguiré en deuda.

Las circunstancias vuelven a ser dogal que apreta y apreta, ahorca; las aguas son muy bravas, cuesta mantener la cabeza fuera y evitar llenar los pulmones de agua e irme a pique…salvo que ahora me estoy convirtiendo en un judoka. He transpirado Judoguis, entrene duro y sigo haciéndolo por lo tanto el Judo me ayuda dándome serenidad ante la adversidad, me ayuda a aceptar que las cosas no tienen porque ser como quiero por más que trabaje para conseguirlo y fuerza para seguir intentándolo sin perder las formas. Entrenando aprendí a conocerme y ya saben: conocerse es dominarse, dominarse es triunfar.

Otras decisiones me llevaron a caminos cortados, la de abrazar al Judo ha soportado el examen del tiempo que pone a cada cosa en su lugar y te dice quien es quien. Digamos que el Judo es mi caja de herramientas para hacer frente a la vida, no sabría decir el momento exacto en el que eso pasó a ser así, simplemente ocurrió y quería hacerlo constar dado que las circunstancias vuelven a apretarme, pero no me agarran como a los trece que estaba solito, topan con el Judo que he conseguido aprender, aunque imagino que mis Senseis querrían que fuese más y de mejor calidad; ellos siempre nos tienen una fe desmesurada y creen que seremos capaces de hacerlo mejor.


domingo, 9 de junio de 2019

Recurso prohibido por el actual reglamento.


Enfrascado en un randori, concentrado al máximo, vigilando mi rodilla derecha y consciente de que mi compañero está en una pierna, ya le operaron la rodilla derecha: cruzado y cartílago; busco y busco la manera de proyectarlo sin que ninguno de los dos sufra en el proceso. Le cuido. Me cuida. Nos cuidamos pues somos Judokas, nos sobran carencias y fortaleza; estamos munidos de un espíritu inquebrantable, tanto que con las rodillas en muy mal estado hacemos la clase, lo que podemos de la misma. Saltarnos los randoris está fuera de rango. Tanto o más que hacerlos que es una locura que el Sensei permite, nos permite, en tanto nos hemos ganado el privilegio a base de sudor; igual no nos quita ojo de encima.
Con lesiones de esa importancia hay cosas que no podés afrontar, pero queda mucho arsenal del que tirar y como no podía romper mi agarre recurrió a un recurso que actualmente está prohibido consiguiendo liberarse. Automáticamente se puso a la defensiva, sabía que lo que quedaba de randori usaría todas las técnicas que conozco, permitidas o no en competición. No pude hacerle nada salvo perseguirle por el tatami con malas intenciones sin olvidar esa rodilla suya ni la mía. Lo intente mientras él se reía y disfrutaba.
Cuando me conoció le caí mal, muy mal. Le llevo un tiempo analizarme preguntándose de donde demonios había salido mientras comprendía que le enseñaría todo el judo que se que no es mucho, absolutamente todo; incluso las técnicas con las que me proyecta, si me caza. Hoy es un amigo. Al romper mi agarre de esa manera se deschavo: le he contagiado. Suelo ir al límite del reglamento o me lo salto consciente de que en un campeonato si me ve el árbitro seré amonestado. Si me ve, si sabe lo que hice, solo si es una máquina haciendo Judo pues aprendí de un Sensei que se las sabía todas o así me lo ha parecido siempre; ha dejado de quejarse, de sorprenderse y ahora recurre a esas acciones que resultan inocuas y que jamás debieron prohibirse. Pero al ejecutarla sabía perfectamente que le buscaría con todo, recurriría a todas las técnicas sin perder de vista su rodilla y se permitió hacerme el homenaje juguetón, puro Judo.
Hoy está recuperándose de la operación. Estará unos meses alejado del Dojo y cuando vuelva deberá esforzarse para ponerse a tono, pero cuando lo consiga habrá dado un salto cualitativo en el Judo que domina. Entreno meses en una sola pierna, lastrado, muy condicionado se esforzó no solo por hacer lo que podía, por sumar efectividad parado en una sola pierna. Se recuperará y tendrá a las dos en perfectas condiciones, será complicado pararlo en randori, ha descubierto un espectro de posibilidades que desconocía, ha crecido como Judoka. Es un ser humano mucho más fuerte, se ha superado admirablemente.
Ni una sola queja, ni un solo lamento; acepto que estaba para operar, pero no dejo de ir a clase, se adaptó a lo que podía hacer y siguió estudiándose usando al Judo como vehículo y haciéndolo destrozó sus limitaciones o las que su mente le proponía imponiéndose otras.
Volverá y será infinitamente más efectivo, técnico, sólido, rocoso; mucho más Judoka y la clase se beneficiará de su progreso; todos, incluyéndome saldremos ganando a la manera Judoka.                                                                                                             
“Conocerse es dominarse, dominarse es triunfar.” Jigoro Kano dixit. Superarse depende de cada uno, pero sin compañeros que te ayuden y apoyen no hay conocimiento posible. No hay Judo. Él ha tirado de mi cuando me ha visto flojear y me cuida con mimo y cortesía de judoka siempre; ha cazado perfectamente la idea subyacente en eso de colaborar con los compañeros para ayudarles a crecer, aunque pueda parecer que solo le proporcionas palizas y sin duda para un lego en la materia puede parecerlo.                                                                                                                                             
Si, es una locura fuera de rango entrenar con una rodilla destrozada pero no si sos un Judoka o te propones serlo algún día. Por supuesto que jamás permitimos que un potrillo haga nada parecido, es algo que solo pueden hacer aquellos que se han ganado el privilegio de que el Sensei les deje alcanzando un nivel técnico, físico, mental y emocional que les permita gestionar el dolor, las limitaciones y no empeorar la lesión mientras descubren que el Judo les ha forjado y forja, templándoles admirablemente; fortaleciéndoles para hacerles mejores personas.

sábado, 17 de noviembre de 2018

Sorpresa absoluta.


Algunas cosas tienen que pasar, pasarte para que te percates de que suceden. Nadie te las cuenta, no están escritas ni filmadas; no sabes que son posibles ni que podés trabajar para que ocurran. Y hasta que las vivís, ignoras que existen.
Un compañero me manda un video donde Muneta da una lección de efectividad, oportunidad, capacidad técnica, rapidez mental y de acción, uso de la sorpresa, del desequilibrio, de la fuerza, de la oportunidad y un largo etcétera. Lo habrá visto mil veces, yo lo he visto unas cuantas pues es una maravilla que no te cansa por mucho que la visiones.
Hasta acá, normalidad: Un compañero te pasa un video de Judo, conducta habitual, diaria y sistemática en el chat del Dojo. Y ahí se termina la cotidianidad empezando otra cosa, la sorpresa absoluta.                                                                                                                                    
Hace tres o cuatro años cuando llegue a su Dojo buscando asilo, roto desesperado, buscando cordura en el Judo, única certeza; él entrenaba sin poner toda la carne en el asador, cumplía lo justo; hoy cuándo ve ese video ve que ese agarre lo tengo y cree que soy capaz de hacer esa técnica y me lo manda para que yo también me vea haciéndolo. En el medio, infinidad de clases, randoris, explicaciones, trabajo, sudor, risas y lesiones. Le he ayudado a pulir su Judo, a mejorarlo, a mejorar él como luchador; mientras él me cuidaba y cuida con exquisitez Judoka, me trata con mimo, se cuida mucho de pasarse, aunque sepa exactamente cual es mi límite físico y se quede justo apenas por abajo para ayudarme a seguir creciendo.
Rápido aprendió que soy intenso, exigente y se amoldo. Aprendió, aprende y trabaja, poco a poco se fue implicando, escucha con atención como si yo supiese más de lo que se y obediente transpira buscando conseguir que salgan las cosas.                  
Se ríe cómplice cuando vuelvo locos a los jóvenes pidiéndoles que se aten bien el cinturón, que no hablen, que se sienten bien o cuando se quejan amargamente de lo tramposo que soy cuando empiezan a trabajar conmigo y van descubriendo el arsenal del que dispongo y como ejecuto algunas de las técnicas que se van perdiendo y se ven o sufren poco. Él ya pasó por ese proceso, les lleva ventaja y les entiende perfectamente, no soy un compañero cómodo el tiempo justo en el que descubrís que mi amor por el Judo no me cabe en el pecho, cuando lo sabes, aceptarme y/o tolerarme es hasta fácil. (Llegar a quererme es harina de otro costal.)         
Es la primera vez que quiere aportar algo a mi Judo, ayudarme a mejorar y es una sensación espectacular pues implica que ha dado el salto y está implicado a fondo: vive al Judo. Que al ver a Muneta crea que soy capaz de algo remotamente parecido, que lo vea y que lo piense y además me lo mande es indescriptible. Y es una sorpresa, no lo imagine, no lo esperaba, no sabía que era posible vivir algo así.    
Ayer lo empecé a intentar y le vi sonreír, era mi Uke. ¡Disfrutaba tanto como yo! Ya no le pesa caer, ya no le pesa el cansancio, ya no le pesan los dolores, ya no le lastra el posible fracaso, ya no le importa cuánto pueda costar, se enfoca en conseguirlo o propiciarlo. ¡Propiciar que el compañero crezca, mejore, se supere! Notable.
En el medio me ayudo a conseguir estabilidad, algo de cordura, contribuyó a proporcionarme un lugar donde me siento respetado y querido, apreciado…valorado… al que me fascina ir; al que necesito.
Beneficio y prosperidad mutuos: ¿Les suena?                                                                     
Judo, gente…Judo.

domingo, 16 de septiembre de 2018

Un trabajo técnico perfecto.


Koshi Jime: El martes próximo pasado me tuve que rendir sin poder intentar nada ante esa técnica ejecutada con efectividad y máxima calidad técnica. ¿Qué tiene de especial que haya pasado? Muchas cosas.                                                                                  

Para empezar mi compañero, lo es desde hace tres años meses arriba, meses abajo, ha soportado durante todo este tiempo mi trabajo de Judo sufriendo especialmente en Ne Waza, Judo suelo. Infinidad de Randoris en los que no encontró una grieta; me inmovilizo alguna vez, pero era una magra recompensa para tanto trabajo. Nunca consiguió hasta el martes, una técnica limpia, efectiva y clara pero no dejo de trabajar, escuchar, aprender e intentarlo.
Incluso cuando la nubecita convertida en tormenta le cegaba haciéndole quedar desarbolado con la mente en blanco, persevero. La frustración le socavaba inclemente, la sensación de que yo era imposible de someter amenazaba con llenarle la cabeza haciéndole olvidar que nadie es imbatible llevándole a no poder ver los caminos a seguir.
Mucho trabajo, mucho sudor, muchos Randoris sin guardar ropa, mucha fe y práctica de técnicas variadas, intentos, pruebas…ensayo y error sumados a que perdió peso sensiblemente, se ocupó de ir al Dojo antes de hora y en días que no hay Judo como clase al uso para ponerse en manos del Sensei que va todos los días, consiguiendo de esa manera fortalecerse físicamente lo que le endureció mental y espiritualmente adoquinando el camino que le llevaría el martes a conseguir que me rindiese sin paliativos, le resultó fácil y que conste que yo no me deje. En Tachi Waza, Judo pie hace tiempo que ha mejorado sensiblemente volviéndose difícil y exigente; le faltaba mejorar en Ne Waza y a tenor de lo visto, lo está consiguiendo.

Con lo relatado ya sobra, es más que suficiente. Pero hay algo más que quiero compartir con ustedes. No es que me ganó con facilidad; es que me engaño con habilidad, fue inteligente, práctico; ejecutó una estrategia perfecta pues no me dio una sola oportunidad de escapar cuándo cerró el dogal.   

Al poco de saludar consiguió quedar encima su pecho sobre mí cabeza y en ese instante supo lo que haría y cómo, por primera vez tenía una jugada clara, un camino a seguir y no dudo: agarro mi Judogui con ambas manos, una de cada lado de mi cabeza conmigo boca abajo y pivoto para quedar de mi lado derecho poniendo énfasis en la izquierda para que yo reaccionase flexionando mi pierna izquierda para evitar que me girase sobre mí mismo preparándome para que su derecha pudiese cazarme. Y caí en la trampa. Si me muevo para el otro lado me habría girado e intentado inmovilizarme, pero nunca espere Koshi Jime que solo era factible por el lado que la hizo, la mantuvo escondida hasta que fue tarde para mí; de haberlo intuido me habría puesto en cuatro patas he intentado girar hacia él agarrándole el pantalón para frenarlo. Perfecto.

Un trabajo técnico perfecto. No me dejo opciones, me engaño y consiguió imponerse limpiamente. Es tan importante, tan determinante, como elegir el momento, los desequilibrios, las posturas, los agarres, la velocidad, la coordinación, la intensidad; puesto que si evitas que te adivinen las intenciones o vean venir tenes ganado mucho terreno.

Plasmándolo lo mejor que puedo para compartirlo con ustedes tomo consciencia de otra cuestión que es incluso mucho más importante que el logro personal de mi compañero, a estas alturas amigo y la satisfacción de ambos por su salto cualitativo: es joven, anda por los veinticinco por lo tanto en dos décadas puede ser que este trabajando con los jóvenes, colaborando con el Sensei para enseñarles Judo, ayudándoles a mejorar a cada uno su Judo; para entonces igual yo ya estoy muerto o me será difícil hacer Judo, aguantar las clases aunque el Sensei me deje hacer lo que buenamente pueda, por el contrario, él, estará en plenitud de facultades y podrá transmitir conocimientos a los que vienen por detrás tal y como hicieron conmigo, cerrando así un círculo: colaborando a perpetuar al Judo.

domingo, 19 de agosto de 2018

Compromiso.


En el Judo existe y explicarle a quien es un neófito las razones por las que no se falta a una clase puede resultar complicado, difícil en grado sumo. Vivimos una época en la que saltarse los compromisos es norma, donde nada es relevante ni suficientemente importante y todo es relativo o relativizado. Puede que hasta nos toque justificarnos frente a una novia recién estrenada o incluso con la pareja de años; eso de que el Dojo y el Sensei tengan preferencia pica, pica mucho y más cuando pretenden quitarle importancia desde la ignorancia que no les permite saber donde se juegan las tabas.
Para empezar una clase de Judo no se suspende. Si llega un alumno, hay clase. Y la habrá porque el Sensei no falta y en el caso de que esa extraña circunstancia ocurra, un alumno aventajado le cubrirá; siempre hay un alumno que llegara puesto que no se falta a la clase y las probabilidades de que todos los alumnos aventajados falten el mismo día que lo hace el Sensei están en contra de las estadísticas. Simplemente no pasa. Además de que el Sensei avisara a uno de ellos para asegurarse de que le cubrirán. Eso sin considerar los que no faltan, son fijos y no hace falta avisarles. En cualquier caso, el cinturón superior presente dará la clase o designará a quien considere adecuado para que lo haga, eso resuelve casi todos los supuestos.
El compromiso nace cuando sos nuevo y siempre tenes al Sensei para dar la clase o a un judoka elegido por este. Con el tiempo entendes que tenes que asegurarte de que siempre haya alguien que de la clase a los que lleguen al Dojo a pesar de las inclemencias del tiempo, las circunstancias especiales como paros sorpresivos en el transporte público, huelga en las estaciones de servicio, apagones, inundaciones o que juegue Uruguay, se case un amigo o esa chiquita que te tiene loco perdido te acepte una cita, pero justo en la misma hora de la clase. Primero la clase de Judo, después lo que se pueda compaginar.
A Judo no se falta. Etiqueta del Judo. Como no se falta al trabajo, a la escuela o al liceo; nuestras madres eran tiránicas con eso, titanicas. Puede que haya cambiado y no me extrañaría, pero a Judo no se falta. (Aunque también esta cambiando, si, si, también)
Se trata del compromiso que adquirimos con los demás, en el Judo no se avanza solo, se necesita un grupo y solo si lo tenemos podremos mejorar y superarnos. Sin compañeros no hay Judo; es lógico que nos aseguremos de que siempre haya alumnos para que todos podamos seguir aprendiendo y esa es la manera de conseguirlo.
Lo anterior vale por si mismo. Súmenle las historias de cada uno, piensen en la mía: el Judo es mi terapia, mi medicación y necesito poder entrenar. Piensen en quienes combaten trabajos alienantes o realidades toxicas con la practica del Judo. Piensen en quienes persiguen ser mejores, no combatiendo, que también, aquellos que persiguen ser mejores personas. Piensen en las razones por las que ustedes van a aprender Judo o deberían ir. Piensen en lo complicado que es fijar un movimiento, hacerlo reflejo, si faltas jamás conseguirás tener nada remotamente parecido a una técnica de Judo efectiva y quienes entrenamos hace años sabemos lo que cuesta conseguir cierta habilidad y lo fácil que la perdes cuando faltas por vago, lesión, problemas familiares o trabajo. Faltas dos semanas y cuando volves te queres morir, no aguantas ni el calentamiento, no te sale nada: NADA. Eso refuerza que no queramos faltar ni muertos e incluso vayamos tocados o con lesiones que en otras actividades resulta impensable; eso nos forja, nos hace duros, sufridos, con mucho aguante; también vamos a trabajar tocados, no somos duros solo en el Dojo, sobre el tatami, lo somos siempre.
Compromiso. Puede extrañar en estos tiempos y hacernos parecer raros, y que nos cueste explicarlo, graficarlo. Tanto como que seamos puntuales, tengamos palabra, derrochemos capacidad de superación, cuidemos y protejamos a los débiles, a los jóvenes y a los mayores entre otras tantas cosas.
Por eso no todos estudian y aprenden Judo, si fuese fácil seriamos muchísimos más pero no lo es, en muchas ocasiones ni siquiera explicarle al entorno directo porque no faltamos a Judo lo es.

domingo, 3 de junio de 2018

¿Qué expectativas puede haber tras más de treinta años aprendiendo Judo?



Cada uno acarrea sus circunstancias y estas nos son propias; con ellas llegamos al Dojo y nos subimos al tatami. Con el paso del tiempo cambian, las circunstancias y nosotros, pero el Judo permanece firme para darnos soluciones. El que todavía no conoces ni intuís y el que te hayas preocupado y/o ocupado de tener; buenos cimientos permiten excelentes construcciones que desafiaran cualquier prejuicio anterior; los Senseis saben lo que hacen y fijan en nosotros cosas que pueden dormir hasta que sean necesarias y afloren buscando la luz, dejándote asombrado, completamente maravillado de que seas capaz de ejecutar ese movimiento o aquel…o de que consigas mantener a raya a tus demonios y sigas de pie, porfiándole a la vida que se ceba buscando proyectarte y que sea Ippon. Para ella claro está. Incluso puede que todo eso…y más.
Desde una manta convertida en toldo, pasando por una tapera, una cabaña, una casa, un edificio bajo o un majestuoso rascacielos; sea lo que sea que hayas conseguido construir será solido solo si la base lo es; será tan imponente, tan hermoso como lo permitan esos cimientos. No hay Judo sin saber caer muy bien; no hay Judo sin disciplina, no hay Judo sin puntualidad; no hay Judo sin entrega; no hay Judo sin un largo etcétera. No hay Judo sin años de dedicación y estudio. No hay Judo sin trabajar en las mesas, arbitrar, competir y enseñar a otros el Nague No Kata como para que se les felicite tras su examen; eso para empezar.
Aprendes que no hay que dar por perdido un combate, jamás y bajo ninguna razón hasta que el arbitro lo da por terminado o el Sensei indica el fin. Aprendes que hay que seguir y seguir; intentar y volver a intentar proyectar al compañero sin que el cansancio o las dudas que te constriñen sean un lastre. Enseñanza que se convierte en código, en parte de tu naturaleza, en ley junto con tantas otras que te van moldeando, forjándote templado por el sudor que le regalas a tu Judogui; haciéndote inmune al calor del verano, al frio del invierno, a las gripes y resfríos, a los dolores de las lesiones, al dolor derivado de estar vivo; al ego, al orgullo indebido, a las ganas de abandonar, al temor a fracasar…a lo que cada uno de ustedes quiera agregar.
Sabes que tenes un poder, uno palpable, tangible, pero hasta que despertas en el ala de psiquiatría de un hospital con el cerebro frito por las drogas que intentan salvarte la poca cordura que te queda, no intuís el poder que no se puede medir, que es intangible pero que te llena y ha dormitado todos esos años, creciendo agazapado para cuando la vida te proyectase sin piedad.
Destrozado, convertido en un guiñapo, mera sombra de un humano te mostras respetuoso, educado, cortes y obediente. Obediente y realista a pesar de la nube toxica que te entorpece la mente y conseguís que te respeten todas las enfermeras, que te mimen con especial cuidado; y conseguís que las psiquiatras jefas te den piola arropado por la familia corta y la grande, los amigos que invaden el hospital a cualquier hora, preocupados. Te dicen que se acabo el Judo, no podrás coordinar, con suerte algo de natación, eso te dicen y en eso no obedeces, no obedecí y volví al tatami, a esas alturas entendí que yo hago Judo siempre, a todas horas.
El periplo ha insumido algo así como ocho años. He llorado, he maldecido, he sufrido y he perseverado superando mis limitaciones de todo tipo, tamaño y color. Hace tiempo que conseguí que me sacaran toda la medicación a cambio de ir a Judo, voy a controles periódicos con mi Psiquiatra que me mira como el bichito raro que soy, como el bicho que siempre he sido. Para ella, y me lo recuerda en cada visita, el objetivo vital mío esta conseguido: evitar recaídas y ser internado. Sin darme el lujo de olvidarlo persigo otros igual de quiméricos, como terminar de escribir, de reescribir a Denisse y publicarla, seguir mejorando mis escasas técnicas de Judo, bajar algo de peso, ponerme un poquito más fuerte para no ser un dinosaurio panzón y no empeorar mi salud con sobrepeso y sus complicaciones; estirando todo lo que pueda la practica activa del Judo que hoy por hoy es mi medicación. Escribo en este blog, trabajo si eso puede llamarse trabajar; rio o lloro según me de y trato de disfrutar de estar vivo, de seguir vivo y pongámosle que relativamente cuerdo. Trato de no defraudar a quienes me soportan y de honrar a los Senseis en todo momento.
Podría haberme dejado llevar, podría. Preferí el camino escarpado, el duro, el que requería entrega, compromiso, dedicación y hoy, cuando un compañero de Judo descubre que soy Bipolar y el Sensei le cuenta de los músculos agarrotados, del dolor, de las náuseas, del vértigo y en su carita joven crece la admiración y el respeto, me asomo a esas bases firmes que podrían ser mejores, sin ninguna duda pero que no se resquebrajan a pesar de sus deficiencias…parece que el tiempo las fortalece ensanchándolos, haciéndoles ganar profundidad; lastima lo pobre de la casita que he construido.
Bases que me han permitido esta semana hacer una técnica explicada por el Sensei entrando de rodillas, cosa que hará veinte años o más que no intento en una variante completamente nueva que me gusta mucho y me propongo incorporar a mi arsenal de ataque. Si, sigo sumando técnicas, agarres, combinaciones, encadenamientos; traspirando a mares pues mis circunstancias han cambiado, mi cuerpo ha cambiado y este es el shiai definitivo, los demás combates, solo fueron el prefacio de este dónde no puedo ganar, pero tengo que sacar un empate, mantenerme estable y fuera del ala de psiquiatría del hospital.
Poder seguir eutímico, así le llaman y mientras tanto entrar Ippon Seoi Nague por el lado de la manga, colándome de rodillas es indescriptible; levantarme cada día y tras unos segundos de horror donde efectuó un escaneo mental hasta constatar que sigo siendo consciente de mis actos para salir de la cama dispuesto a mantener la lucha sin dar concesiones ni pedir cuartel con el desparpajo propio de un demente me debe pintar de un solo trazo. Lo mismo que porfiar sobre el tatami como si no supiera rendirme, que se perfectamente y entrenando como si mañana fuese a competir que no esta en los planes a corto plazo, a corto no, a medio y largo sí. Competir es parte del entrenamiento, ni el principio ni el fin, una parte del entrenamiento y por lo tanto me propongo entrenar.
Hasta expirar será sin piedad, a todo o nada donde las expectativas escasean en todos los ámbitos menos en el Dojo, sobre el tatami, en él, seguiré disfrutando, sorprendiéndome, aprendiendo, mejorando; perdiendo velocidad y fuerza que supliré con técnicas; hay tanto que aprender, tanto que mejorar que no me alcanzara lo que me quede de vida para abarcarlo todo, saberlo no implica que no deba esforzarme cada día en conseguir avanzar pues al final soy mi adversario y es a él a quien debo someter sin olvidar nunca que el objetivo último es ser mejor persona cada día, incluso más importante que mantenerme eutímico.