miércoles, 9 de septiembre de 2015

Cosas de Judokas.


 
Lo inesperado, te conmueve por su propia naturaleza: no lo esperas. Puede ser para bien o al contrario, hoy ha sido para bien. Saber que se leen mis artículos en el Dojo de quien fuera mi Sensei y que de alguna manera jamás dejo de serlo, me hizo feliz; saber que es para sus actuales alumnos, para hacerles pensar y aprender, me hizo sentir el peso de la responsabilidad, parecida a aquella de la que tuve que hacer gala en las mesas o arbitrando, donde solo defendía a los competidores, como me enseño otro Sensei que tampoco ha dejado de serlo y empecé  a hacerlo siendo un guacho. Esta noche, al leer el mensaje, me sentí como cuando me puso al frente de los niños del Club Neptuno, una mezcla de terror a fallar, un peso de losa por la responsabilidad y la felicidad inmensa se sentir que estoy en el Camino; que a pesar de todas mis dudas, sigo recordando el Judo que me legaron y aprendiendo, buscando mejorar, siempre buscando pulir lo que necesita ser pulido y sumar nuevos conocimientos; cercenar los defectos y vicios, sabiendo que solo puede hacerse desde el trabajo y el sacrificio, sin esfuerzo no se adelanta.                          

Y es un honor. Inmenso, desproporcionado y completamente inesperado, absolutamente aleatorio, nunca pensé en nada parecido ni lo imagine ni siquiera lo soñé ni pretendí; lo que no impedirá que lo disfrute y paladee. Que vaya a atesorarlo cómo corresponde, es una medalla que pondré junto al recuerdo de su cara cuando aprobé el examen para Sho Dan; no fuimos a ver qué pasaba, fuimos a demostrar lo que sabíamos, sin complejos aunque yo tenía millones de dudas, pero él no, se había asegurado de prepararme a fondo, no esos cuatro meses, no, durante todos esos años previos en los que construyo cimientos generosos, ya saben que una buena base permite un buen edificio sobre esta. Eso lo sé hoy, no entonces.

 Imaginen por un momento que tras casi tres décadas, tu Sensei le da lo que escribís a sus alumnos para que lo lean y comentarlo después. Estuviste ahí, fuiste alumno, seguís siéndolo, lo sabes y lo sabe; y te vuelve a tener como apoyo, como cuando estabas el primero de la fila o arbitrabas o antes trabajabas en las mesas o puede que nunca hayas dejado de serlo y nucas vayas a dejar de serlo; o lo que es lo mismo: simplemente  Judo en su máxima expresión.

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