viernes, 12 de junio de 2015

Certeza.


Hacía mucho tiempo que no me pasaba nada parecido, años. Resulta que con la locura diaria en la que vivo, me deje en casa los documentos, la plata, todo y me fui a trabajar sin nada. Los lunes entro a las 7 de la mañana, suelo llegar con 15 0 10 minutos para adelantar lo que pueda y a las 730 salir con la camioneta con destino a L´Alcudia, primer parada o en su defecto Benimodo. En cualquiera de las dos me meto en un bar y me tomo un café con leche acompañado de algo dulce, mientras preparo los albaranes y la vuelta más inmediata. Es cuestión de entre 15 y 20 minutos que ayudan a organizar el día y evitan metidas de pata flagrantes. El lunes cambie de bar, pura casualidad; estacione de manera de ver a la camioneta todo el tiempo y entre. Suelo pedir y pagar de inmediato, por si suena el teléfono y hay que salir perdiendo la ropa, no es algo que pase a cada rato pero es factible y lo mejor es estar convenientemente preparado. Hice el pedido, pregunte que debía y metí la mano en el bolsillo. ¡Me quede frío! Ni la billetera ni el monederito, nada, cero y por delante más de 200 kilómetros y doce horas en las calles y rutas con la policía y la guardia civil vigilando y haciendo controles. Le dije que no pusiera nada que no podía pagarle; no solo no podía hacerlo, tampoco podría comprar nada para tomar o comer hasta que no volviera a casa, unas 13 horas más tarde. Siguió haciéndolo, ya pagaría o no, no le importaba, dijo manipulando la cafetera para sacar el café con leche que me puso delante junto con una magdalena con una pinta bestialmente buena. Le di las gracias, evidentemente, hice los honores, prepare los albaranes y ataque al día, negociando con los Dioses que no me pararan, no ese día, las fuerzas de ley. Trabaje igual que siempre y aguante a base de tomar agua de las fuentes que detectaba; para colmo no tenía una mala botella para llenar. Resulto un día igual a los demás, no fue más pesado y ni siquiera tuve hambre o no la sentí, no se a que achacarlo y aunque lo pienso, sigo sin tener una respuesta; siempre compro morfi y bebidas, no falla, excepto ese lunes, el próximo pasado. El martes a las 807, estacione frente al bar, cerré la camioneta y entre, pedí un café con leche, una magdalena y una botella grande de agua, de paso que me cobraran, lo que debía y lo fiado. El señor comento que no hacía falta ser tan puntual, tenía la certeza de que yo le pagaría, la vida enseñaba a conocer a las personas; atrás de una barra se veía y aprendía mucho, aunque creo que él ha vivido fuera de la barra una enormidad y se aprende incluso más. Actos asi, hacen un mundo mejor, más amable y hospitalario, más solidario y humano. Arriesgo 2 euros o los invirtió, vaya uno a saber. Con ese acto de generosidad desprendida, sin malas caras, sin pensar que lo estaba engañando, encaminaba su mañana; supongo que sabe bien que sentía yo pues le debe haber pasado; esto lo deduzco de su aplomo, la familiaridad con la que me fio sin ponerse a considerar lo que podía perder o ganar, simplemente actuando como una persona amable, mundana, experimentada y comprensiva que empatizo conmigo rápidamente y sin un trato previo. Con esa actitud, cambio mi día que de horrendo, paso a ser distinto; su café con leche y la magdalena fueron todo lo que comí, hasta las 2005 y no me pararon las fuerzas de la ley.

sábado, 23 de mayo de 2015

El Arte de Cuidar al compañero.


Cuidar al compañero es un Arte en si mismo que lleva tiempo dominar, cómo todos los demás aspectos que sumados, llamamos Judo. En las Caídas, Ukemis que les llamamos o llamábamos. Si al proyectar al compañero no le das suficiente velocidad y no le ofreces un punto de agarre firme, su caída no será todo lo suave que debería y se llevara un buen golpe; si lo repetimos cinco veces seguidas en un corto intervalo de tiempo, el compañero probablemente ya no esté en condiciones de seguir la clase con normalidad, estará dolorido. Y dependiendo del grado, la edad y otras variables, puede que deje de querer ponerse contigo o incluso si se repite el tratamiento, deje de venir a aprender Judo. Por eso es tan importante cuidar las tres etapas de una proyección, siendo la última: Kake, la que más incide en este aspecto. No por pretender que sea una caída suave y hacer la técnica inadecuadamente lenta, le proporcionaremos un aterrizaje adecuado, es al contrario, justamente al contrario. Siempre hay que evaluar con quien me he puesto a trabajar. Edad, grado, estado físico, condición espiritual y ganas; sabiendo eso al menos tengo una idea de hasta dónde puedo llegar y lo que hacemos es recortar un poquito, para asegurarnos de no ofrecerle más de lo que puede soportar aunque siempre le iremos llevando hacía estadios superiores, sin forzar y sin que se percate de que lo hacemos, es parte del Arte de cuidar al compañero, ayudarle a crecer y mejorar y si siempre le aflojamos no lo hará, lo que hacemos es regularle, guiarle con paciencia y sin generarle desagrado; mantenerlo en el tatami y colaborar con él para que disfrute, con cada clase, más, de aprender Judo. No importa si es o era fuerte, muy técnico y nos vapuleaba, puede venir de una lesión larga o de años sin entrenar, hay que ayudarle a recuperar todo lo que pueda de aquella época y cuando lo consiga, entonces sí, le cuidaremos un poco menos pero le cuidaremos y lo haremos hasta que nos diga que es suficiente, no hace falta que le cuidemos más y entonces llega lo más difícil: cuidar a quien sabe perfectamente cuando lo estás haciendo y no quiere que le regales nada. Si se da cuenta, se enojara y no queremos que eso pase, hay que evitarlo y conseguirlo es un Arte en si mismo.         Si te ponen con jóvenes, en proceso intensivo de aprendizaje y que todavía les falta mucho para llegar a Sho Dan, la obligación, el deber es mayor y menos permisible obviarlo. Un buen Judoka, trabajara con ellos, jamás les lastimara y podrá llegar a darles verdaderas palizas, proyectarlos veinte veces en 5 minutos, no les generara más que cansancio y conseguirá que siempre le buscaran para entrenar con él, porque las caídas con ser exigentes y fuertes, no son duras ni excesivas para cada caso; notaran que caen cada clase mejor que pierden el miedo y lo mejor: no duelen esas caídas a manos del compañero sádico que al final no lo es tanto, solo les apreta las tuercas para que avancen y cómo lo notan, confían en él para que siga haciéndolo. Las primera vez que vuelan y no lo hacen solos, sienten pavor, aterrorizados piensan por un segundo que se romperán algo, entonces aterrizan, ruedan y se levantan incluso palpándose, no lo pueden creer que no haya nada roto, ni duela ninguna parte del cuerpo. Probablemente en algún momento de la entrada, medí mal el impulso o se movió hacia un lugar inesperado, el jovencito, desarmándome el control que pretendía pero no me inquita lo más mínimo, es hora de que aprenda lo que es un Makikomi bien ejecutado con un compañero que sabe perfectamente lo que hace o que lo recuerde si es un veterano y simplemente me dejo ir hacia el tatami girando, cayéndole al compañero y rodándole por encima, pero levemente pasado del eje de su pecho, para de esa manera evitar caerle en seco sobre el pecho y rodando con mucha rapidez para que la fuerza del impacto se disipe en una superficie amplia y no provoque un impacto concentrado que pueda lesionar o generar dolor. Si hay una mínima duda de que el ataque o la contra no será perfecto, no lo hacemos, simplemente esperamos otra oportunidad, la idea es no poner en riesgo la integridad de los jóvenes o veteranos; si bien siempre hay un factor de riesgo, con ellos no lo asumimos al entender que necesitan tiempo para estar en condiciones de afrontar dichos riesgos y de paso minimizarlos. Esta semana me toco jugar ambos papeles. Cómo veterano en proceso de reenganche, con mínimo estado físico, muchas ganas y poca coordinación          mente-cuerpo y la vigilancia permanente del Sensei enfocada en mi para que no me haga el loco; hice Randori muy suave con un compañero que se me porto con una exquisitez propia de otras épocas. Me proyecto con sumo cuidado haciéndome reír y haciéndolo él, cuando yo esté en un estado aceptable, me proyectara cómo sabe y puede, por ahora me ayuda a recuperar sensaciones. Trabajo a mi nivel, dándome espacio y tiempo, dejándome ir rodando con facilidad. También cómo veterano pero en este caso en el sentido del grado y el tiempo que llevo pisando tatamis y sudando Judoguis, me puse con un compañero veterano que entrena cuando puede y no consigue llegar a un punto optimo; teme especialmente las caídas, al tener en la memoria, malas experiencias. Le prometí que le levantaría y no lo proyectaría, trabajamos un rato así pero en una barrido que le hice, despegamos los dos; mantuve la tensión del brazo que le agarraba sobre el cuello, me salí de debajo de el con una contorsión y en el último instante, tire fuerte hacia mí y hacia arriba. Nos levantamos, le pedí disculpas y me dijo que no se había golpeado, la caída le pareció suave y mientras fueran así de controladas; recalco controladas a pesar de estar yo también en el aire, no había problema. Empezó a trabajar más relajado y por eso no descarto que en algunos meses tenerlo preparado para trabajar con más intensidad, solo hay que hacerle recordar cómo caer y que vuelva a sentirse cómodo haciéndolo.  El Arte de cuidar y mimar y también de que te cuiden y mimen, sin importar edad o grado y especialmente a niños y jóvenes; ganarte la confianza de todos para que sientan que contigo no hay que temer que seas excesivamente duro pues les cuidaras sistemáticamente aunque les exigirás proporcionalmente. Vivir las dos caras de la moneda, en una semana, fue una experiencia gratificante, me hizo sentir un poco cómo cuando era un potro y siempre era el mimado, aunque les regalo la manera que tenían de hacerlo que por otra parte ha demostrado ser la necesaria y consistía en cuidarme y de paso, molerme a proyecciones, estrangulaciones, palancas, inmovilizaciones y cuantas técnicas existan y sean especialmente duras de soportar; si bien jamás me lastimaron al hacerlo. Así solemos cuidar en Judo, protegiendo pero haciéndote subir de nivel al llevarte a esforzarte y trabajar sin que te des ni cuenta de que lo estás haciendo y para cuando te iluminas, ya lo has interiorizado y seguís trabajando, ahora por puro placer y gusto. Es realmente complicado dominar al Judo, cualquiera de sus aspectos y todos son importantes, ninguno debe ser descuidado pero este, el de cuidar siempre al otro, el de ser empático y ayudar al prójimo a crecer, me gusta especialmente. Me gusta ponerme con un niño o un joven que todavía no saben casi nada o prácticamente nada y trabajar con ellos y también que se ponga un veterano de muchas batallas conmigo, a ayudarme a volver y haga conmigo, exactamente lo que yo hago con otros, incluso en la misma clase. Y me parece formidable ver al Sensei que lo observa todo, no se le escapa nada, haciéndome recordar a otros Senseis; este, cómo aquellos, tiene la sabiduría nacida de años de prácticas y enseñanzas. Queda mucho por caminar para saber la mitad de lo que ellos atesoran, para mi tranquilidad y sosiego, sigo en un Dojo, recorriendo el camino, descubriendo los remansos y vericuetos que esconde, cada tanto extasiándome, cuando vivo cosas cómo la de esta semana, donde era mimado y mimaba; no se me había ocurrido pensar que el Arte de Cuidar era de doble sentido y que podía llegar a pasar en la misma clase, en el mismo periodo de tiempo y teniéndome cómo protagonista de las dos vertientes o a cualquier otro Judoka.                                                   

sábado, 16 de mayo de 2015

¿Tengo trabajo?


Lo malo de ser pobre y pasar necesidad es que resultas vulnerable, a casi todo o directamente a todo, lo que puede afectarte negativamente. A título personal, hablo a título personal, aunque sé que somos muchos, miles los que pasamos por situaciones decididamente negativas de forma permanente. Crees que hay instituciones, así te lo han enseñado que se encargan de velar para que  los derechos que te corresponden, me, nos corresponden, se cumplan con firmeza y sin paliativos. Estos días, se aprobó con bombo y platillo una suba del 1% de los sueldos  y cada día se llena la cloaca que tiene por boca el gobierno de turno diciendo que hay más puestos de trabajo y que la calidad de los mismos está garantizada. ¿Es serio, me dicen un 1% y sonríen serios al decirlo, convencidos de haber conseguido un logro? Bueno, no han conseguido un carajo, no cumplieron con su deber y no solo no lo hicieron, además perpetuán situaciones claramente ilegales ante las cuales no hay adonde recurrir para que te defiendan y ayuden. Estamos en manos de quienes nos emplean y somos carne para picar y hacerlo bien finito. No me voy a morir por estar de 12 a 14 horas manejando una camioneta pero las probabilidades de participar en un accidente por cansancio o distracción, aumentan exponencialmente. Solo me quedan unas 5 horas para dormir y eso no es descanso suficiente para recuperar. Algunas camionetas tienen la tecnología para que el teléfono se escuche por los parlantes de la radio y se pueda usar con la voz  a través de la misma, la mía no lo tiene y ninguna permite sincronizar la PDA para cuando la empresa te llama a uno u otra, la radio actué directamente y no tengas que contestar manualmente con la consiguiente distracción aparejada, tengamos en cuenta que estas en la calle y quieren o tienen que pasarte información determinante para el trabajo, hay que contestar por lo tanto, obligatoriamente. ¿Uniforme? Te lo darán, en algún momento del transcurso de este siglo. ¿Lentes de sol para proteger los ojos? Los pone el trabajador o se aguanta el ardor de los ojos ante los reflejos del sol al mediodía castigando todo con dureza, hace dos días tuvimos 44,5 grados oficialmente y el aire quemaba, el promedio es de unos 27 y de las 1200 a las 1600, o usas lentes de sol buenos o vas deslumbrado y medio ciego. Que la empresa decide hacer cambios, perfecto, los pagaran los trabajadores que figuran cómo autónomos pero cumplen horarios establecidos por la empresa a los que deben ceñirse y cobran lo que la empresa les paga sin opción a negociar nada, son por lo tanto falsos autónomos y eso está prohibido pero nadie entre quienes deben verlo, ve nada. Por ejemplo: hay que poner carrocerías de frío, obligado y pagarlas los autónomos o se termino el trabajo; aunque las cambien, seguirán cobrando lo mismo que hasta la fecha, no importa que hayan tenido que hacer una inversión importante que no podrán amortizar de ninguna manera. Negocio redondo para la empresa, bien redondo.  Los contratos son a término, para meses y antes de pasar a ser un contrato sin fecha de caducidad, te mandan a tu casa, le llaman vacaciones y te dicen que te van a llamar en dos semanas pero eso no siempre es así y puede que no vuelvan a llamarte. Eso de las necesidades de la producción es una mentira más, no entran más camionetas a trabajar, son las mismas, solo bajan a quienes las manejan para burlar a la ley que cómo buena furcia, se deja hacer encantada, bueno quienes deben velar por que se cumpla y evitar así, cumplir lo que establece la ley respecto a el tipo de contratos que se deben hacer según lo establecido por la está para cada supuesto. Cómo vengo de estar parado años y la economía tiene más agujeros que una red, léase una necesidad extrema de trabajar y ganar lo que sea, aguanto incluso malos tratos, gritos y faltas constantes de educación; derivadas entiendo de esa percepción de que somos esclavos fácilmente sustituibles por otros, tan baratos e igual de efectivos; no poder parar a comer muchos días y hacerlo mientras manejo de una entrega a otra; aguantar para ir al baño hasta que la vejiga amenaza con reventar y que alguna tarde, pasadas las 1800, cuando ya creo que termino la locura, me hagan dar media vuelta e ir a entregar o recoger algo, lo que significa que a las 2100 estaré subiéndome al coche para ir a mi casa. No está mal, desde las 0630 trabajando a la orden, nada mal. Y comprobarlo, es tan fácil cómo pedir los registros de los GPS de cada vehículo a las empresas, rápidamente se vería las horas que cada uno pasa en la calle, en que zona, donde paro y cuanto tiempo, así que solo hay que tener ganas de hacerlo pero no parece que las autoridades tengan ganas de hacer nada por los trabajadores. Son  miles más los trabajadores soportando cosas igual de aberrantes pero no hay nadie velando para subsanarlo y ponerle remedio. Nos han dejado abandonados en la cuneta y por necesidad, aguantamos cómo buenamente podemos lo que nos cargan a la espalda y de paso, tenemos que sentirnos bien, tenemos trabajo… y otros no lo tienen. ¿Cómo saldré adelante? ¿Cómo esperan que pueda proporcionarle a mi hija las herramientas necesarias para su futuro? ¿Cómo esperan que le de comer y la vista, y hasta, blasfemia, le asegure un techo? Hay una certeza, tengo una certeza y es la de que solo nosotros podremos cambiar esto, el gobierno, las autoridades y por supuesto los empresarios no lo van a cambiar pues están engordando gracias a nuestra miseria y necesidad; claro que para eso tengo que darme cuenta de que si el Real Madrid queda eliminado y su estrella no corre suficiente, eso no me afecta en nada, no me mejora la situación, solo sirve cómo distracción y escape que es buena cosa, siempre que recuerde lo sustancial, las condiciones en las que trabajamos y las necesidades que hay en casa.  Eso de que es lo que hay y repetirlo cómo loros es absurdo, es lo que nos imponen y aceptamos por la necesidad que arrastramos, pero no tiene ni debe ser así y repito que se alargara mientras nos preocupe más que un cuadro fue eliminado del campeonato que la situación económica nefasta que hay en casa, en muchas casas. Soy un esclavo, somos esclavos y esa realidad es incontestable.

sábado, 25 de abril de 2015

Florecerá con fuerza.



El Dojo es a la antigua. Frugal, sin ornamentos, unas pocas fotos de reconocidos Judokas ejecutando sus técnicas más efectivas, además de la de Jigoro Kano. Una concesión a la modernidad es el cronometro instalado en la pared y algún Judogui azul que rompe la armonía. Por cuestiones personales, no estoy entrenando y no lleve el Judogui, solo fui a visitarles y me quede a un costado, mirándoles. Un Judoka que ronda los 50 años, le pide a un compañero que le ayude, se saludan y en una franjita de tatami, empieza a trabajar entradas; va y viene, despacio, calentando músculos, tendones, articulaciones; sintiendo la entrada, paladeándola. La vieja guardia, trabajaba, buscaba la excelencia, vieja y querida quimera, con las ganas del joven y la paciencia sabia del que ya entendio que nunca lo conseguirá pero no por saberlo, deja de intentarlo. Las nuevas hornadas, hablan, juegan o no hacen nada, el veterano aumenta el ritmo, la perfección lleva años, trabajo, dedicación, ganas y dosis inconmensurables de amor, de querer llegar, algún día, a dominar una entrada; una sola, hay muchas. No llega a 15 minutos de trabajo en solitario, su Uke solo trabajo de Uke pero es tan necesario cómo las ganas que le pone el experimentado Judoka; cuando empieza la clase ya traspiran levemente, ha ganado tiempo, al tener a su cuerpo en condiciones de trabajar físicamente sin arriesgar lesiones, se le ve cómodo haciendo gimnasia, sonríe satisfecho, exuda felicidad, paz y recién empieza lo bueno. Ese Judoka fue enseñado en otra época por personas que sabían mucho y tenían claro los conceptos y los objetivos que además no se dejaban ganar por modas o tendencias. Ahora las nuevas generaciones ni siquiera saben saludar correctamente y no se les ocurre pulir nada, mientras esperan que empiece la clase, básicamente  por que ya no se les enseña a hacerlo, cómo no se les enseñan, otras tantas cosas que antes, eran fundamentales.   Por supuesto, el experimentado Judoka, resulta un rival digno, sabe Judo a borbotones y no hay jovencito por entrenado y fuerte que se crea, capaz de hacerle pasar malos ratos o apurarle al límite. Disfrute observándole, he estado haciendo Randori con él y conozco la letalidad de sus técnicas; lo acertado de sus explicaciones, cuando te corrige algo o te enseña una nueva posibilidad a explorar. Evidentemente, pertenecemos a otra época que se fue y difícilmente vuelva pero resulto hermoso verle explicar a un Kyu una entrada, buscando trasmitirle lo que atesora; la paciencia con la que le explica, a cualquiera de los otros jovencitos, no había ido ninguna de las muchachas que andan bastante vagas últimamente, según me cuentan o cómo exige a los más avanzados y la deferencia con la que el Sensei permite y alienta que lo haga, beneficiando así a los alumnos que aprenderán muchísimo más, al nutrirse de más de una fuente. Las nuevas hornadas de Judokas no saben tanto o más que nosotros por un solo motivo: no fuimos capaces de trasmitir ni los conocimientos ni el amor al Judo de la manera adecuada. El fallo no es del Judo en su globalidad o a las distintas Federaciones, incluyéndola a la FIJ; por más que hayan tratado de destrozar al Judo sistemáticamente tomando decisiones que no le han beneficiado en nada. No, hemos sido nosotros, quienes hemos fallado estrepitosamente, a nadie más le compete hacerle llegar a las nuevas generaciones de Judokas, el Judo que en justicia, merecen aprender y conocer. Y me considero tan responsable como cualquier otro, nadie escapa a esa responsabilidad, ningún cinturón negro puede hacerlo, ni siquiera los que sí han trabajado duramente para perpetuar al Judo, pues hemos fallado cómo colectivo. La esperanza anida y late en los pocos Dojos en los que un Judoka pide a un compañero que le ayude y solo, incomprendido por la mayoría que no por todos, practica aquello que quiere mejorar, dando muestras de poseer un Judo firme y sano que en cuanto lo mimemos, florecerá con fuerza, al no estar completamente desaparecido. Mientras un Sensei, trabaje en el anonimato de su Dojo, enseñando y trasmitiendo Judo, alejado de los focos vanidosos, sin dudas, siguiendo el camino legado por los anteriores Senseis y haciéndole su propio aporte, mientras eso ocurra, tendremos la esperanza de que el Judo pueda en algún momento, recuperar la vitalidad y la salud que ha perdido que le hemos robado por no hacer las cosas de la manera correcta sin importar nada más, solo que se hicieran correctamente.     

viernes, 10 de abril de 2015

Ganas.


Trabajar sobre las debilidades propias, no es fácil y además lleva tiempo; y verlas, es el gran desafío, ya saben aquello de que vemos la pajita en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Quienes se encargan de educarnos, los padres y los que no lo son; las detectan con facilidad, la experiencia hija de los años pasados frente a jóvenes o simplemente devenida por la edad, les da esa capacidad y naturalmente, tratan de hacernos cambiar o mejorar conductas que no serán en un futuro, deseables o aceptables. Claro que cuando éramos jóvenes o lo somos, no vemos más lejos que lo que nos ocupa inmediatamente y conseguir que presten atención, trabajen sobre esas deficiencias y las corrijan, es un desafío de unas dimensiones importantes.          En Judo, se trabaja el desafío permanente de ser mejor, haciendo lo que sea, siguiendo el camino del esfuerzo, la superación, la colaboración con los demás y no hablo solo de conocer las técnicas de combate que también, hablo del todo que nos hace ser personas. Y cómo el Judo no empieza ni termina en el tatami, Sensei Firpo dixit; cuando aprendes a enfrentar al miedo en sus muchas variedades, las dudas, la incertidumbre de una manera natural, y pondré dos situaciones cómo ejemplo: 1- Al aceptar que te anoten en la categoría libre de peso por primera vez y te toque un señor de 120 kilos con unos buenos 2 metros de altura, cargado de músculos y experiencia, al que miras desde tus escasos 17 años, 1,70 metros y 70 kilos tratando de manejar todo lo que sentís y hacerlo lo mejor que puedas. Lo mejor, a pesar de todo y 2- Algo más fácil en apariencia pero que les aseguro que no lo es: hacer Randori cada clase con el Sensei. Caes y caes y volves a caer miles de veces; sabes que te cuida, sabes que va despacio, sabes que regula y empezas a entender que esta forjándote, forja al hombre, forja al Judoka. Te prepara para el futuro incierto, ese que transcurre fuera de los tatamis, lejos de tu terruño, en tierras extrañas, donde jamás sos locatario y siempre tenes que rendir exámenes, permanentemente. Te prepara simplemente para la Vida, dondequiera que te empuje el viento; las herramientas están fijadas perfectamente, hay que dar lo mejor que tengas y hacer lo que sea, lo mejor que puedas, dejando cada gramo de tu corazón en el intento, sin dudas ni titubeos y conservando las formas.                                                                           Llevas trabajando tres días, te dan una camioneta, una hoja con direcciones y la orden imperativa de llegar a depositar al banco antes de las 1700, hora de cierre; tenes 19 años, más dudas que certezas y una convicción firme: No solo aceptas el desafío, le pondrás todas tus capacidades para hacerlo y bien. Solo tenes que comprar un mapa, preguntarle a los taxis o a la policía y conservar la calma. Era la prueba de fuego y la supere; sabía manejar la presión, funcionar con ella tratando de ahogarme, en las clases de Judo hay situaciones que te enseñan a ser frio, táctico, contar con una estrategia y a pesar de las pulsaciones, conservar el control en todo momento de la mente, atento a todo lo que debe ser tenido en cuenta y para lo que no hay excusas que valgan nirazones a esgrimir que justifiquen la no observancia de las mismas.    Han pasado muchos años y ha vuelto a pasar. Nuevo, con todo por aprender, me dieron una ruta de reparto que no conocía a las 0802; solo sabía llegar al Dojo que casualmente, queda en esa jurisdicción. Una camioneta cargada de paquetes y sobres, sin mapas y el desafío que se me antojaba abrumador, de entregar todo. Lo intente con el corazón y fui derribado. Perdí el motor número 4 a las 11, en una entrega a las Universidades; el motor 2 a las 1307 en un pueblo cercano y en menos de media hora, al 1. Con un solo motor caía en picado y el encargado me mando auxilio, al enterarse a las 1540 que estaba en esa ruta, solo. Fue inútil, un impacto directo en la cola me derribo al tener que dejar y levantar otro paquete, en una dirección mal escrita, a la que llegue tras bajarme de la camioneta y pedirle a una policía que me orientara, eran las 1657 y quedaban paquetes y sobres que en una hora larga, no entregaría ni en helicóptero. A las 1843 di por finalizada la jornada de reparto, 43 minutos pasado de hora y enfile a la base, por el camino me consolé pensando que no había guardado nada, había sido honesto, pasara lo que pasara, yo me había esforzado al máximo y debía valer, para mi valía, había cumplido. Subí la rampa a las 1918, estacione en el lugar asignado, descargue la camioneta para llevar los paquetes y sobres no entregados a Control de Incidencias, apareció el encargado que me dio la gracias. Dijo que había mirado mis desplazamientos en el GPS de la camioneta y quedaba claro que me había fajado como un diablo, que no me preocupara por lo que no había entregado, solo el hecho de salir a intentarlo le servía y si encima, me esforzaba de esa manera, cuando aprendiera, no se me atragantaría ninguna ruta. Agradecí esas palabras y agradecí todavía más al Judo, a mis Senseis que me dieron esa capacidad de afrontar los desafíos con ganas, tratando de meterles diente, no solo de quedar bien fingiéndolo, no; la capacidad de apretar los dientes, reconducir el miedo, las dudas, la rabia, la frustración y conservando las formas, hacer lo que debes hacer y hacerlo con corrección. Fue un buen combate, era un adversario temible y un desafío imposible, por supuesto, me derribo, naufrague, pero cómo Sensei Firpo dixit: Importa más cómo se pierde o gana, que la derrota o la victoria en sí mismas. Es la manera en la que perdes o ganas, lo que importa; es lo que los demás valoraran. Ganas. Hay que tener ganas y ponerle ganas a todo.