Hacía mucho tiempo que no me pasaba nada
parecido, años. Resulta que con la locura diaria en la que vivo, me deje en
casa los documentos, la plata, todo y me fui a trabajar sin nada. Los lunes
entro a las 7 de la mañana, suelo llegar con 15 0 10 minutos para adelantar lo
que pueda y a las 730 salir con la camioneta con destino a L´Alcudia, primer
parada o en su defecto Benimodo. En cualquiera de las dos me meto en un bar y
me tomo un café con leche acompañado de algo dulce, mientras preparo los albaranes
y la vuelta más inmediata. Es cuestión de entre 15 y 20 minutos que ayudan a
organizar el día y evitan metidas de pata flagrantes. El lunes
cambie de bar, pura casualidad; estacione de manera de ver a la camioneta todo
el tiempo y entre. Suelo pedir y pagar de inmediato, por si suena el teléfono y
hay que salir perdiendo la ropa, no es algo que pase a cada rato pero es
factible y lo mejor es estar convenientemente preparado. Hice el pedido,
pregunte que debía y metí la mano en el bolsillo. ¡Me quede frío! Ni la
billetera ni el monederito, nada, cero y por delante más de 200 kilómetros y
doce horas en las calles y rutas con la policía y la guardia civil vigilando y
haciendo controles. Le dije que no pusiera nada que no podía pagarle; no solo
no podía hacerlo, tampoco podría comprar nada para tomar o comer hasta que no
volviera a casa, unas 13 horas más tarde. Siguió haciéndolo, ya pagaría o no, no le
importaba, dijo manipulando la cafetera para sacar el café con leche que me
puso delante junto con una magdalena con una pinta bestialmente buena. Le di
las gracias, evidentemente, hice los honores, prepare los albaranes y ataque al
día, negociando con los Dioses que no me pararan, no ese día, las fuerzas de
ley. Trabaje igual que siempre y aguante a base de tomar agua de las fuentes
que detectaba; para colmo no tenía una mala botella para llenar. Resulto un día igual a los demás, no fue más
pesado y ni siquiera tuve hambre o no la sentí, no se a que achacarlo y aunque
lo pienso, sigo sin tener una respuesta; siempre compro morfi y bebidas, no
falla, excepto ese lunes, el próximo pasado. El martes a las 807,
estacione frente al bar, cerré la camioneta y entre, pedí un café con leche,
una magdalena y una botella grande de agua, de paso que me cobraran, lo que
debía y lo fiado. El señor comento que no hacía falta ser tan puntual, tenía la
certeza de que yo le pagaría, la vida enseñaba a conocer a las personas; atrás de
una barra se veía y aprendía mucho, aunque creo que él ha vivido fuera de la barra una enormidad y se aprende incluso más. Actos asi, hacen un mundo mejor,
más amable y hospitalario, más solidario y humano. Arriesgo 2 euros o los invirtió,
vaya uno a saber. Con ese acto de generosidad desprendida, sin malas caras, sin
pensar que lo estaba engañando, encaminaba su mañana; supongo que sabe bien que
sentía yo pues le debe haber pasado; esto lo deduzco de su aplomo, la
familiaridad con la que me fio sin ponerse a considerar lo que podía perder o
ganar, simplemente actuando como una persona amable, mundana, experimentada y
comprensiva que empatizo conmigo rápidamente y sin un trato previo. Con esa actitud, cambio mi día que de
horrendo, paso a ser distinto; su café con leche y la magdalena fueron todo lo
que comí, hasta las 2005 y no me pararon las fuerzas de la ley.
viernes, 12 de junio de 2015
sábado, 23 de mayo de 2015
El Arte de Cuidar al compañero.
Cuidar al compañero es un Arte en si mismo
que lleva tiempo dominar, cómo todos los demás aspectos que sumados, llamamos
Judo. En las Caídas, Ukemis que les llamamos o llamábamos. Si al proyectar al
compañero no le das suficiente velocidad y no le ofreces un punto de agarre
firme, su caída no será todo lo suave que debería y se llevara un buen golpe;
si lo repetimos cinco veces seguidas en un corto intervalo de tiempo, el
compañero probablemente ya no esté en condiciones de seguir la clase con
normalidad, estará dolorido. Y dependiendo del grado, la edad y otras
variables, puede que deje de querer ponerse contigo o incluso si se repite el tratamiento,
deje de venir a aprender Judo. Por eso es tan importante cuidar las tres etapas
de una proyección, siendo la última: Kake, la que más incide en este aspecto.
No por pretender que sea una caída suave y hacer la técnica inadecuadamente
lenta, le proporcionaremos un aterrizaje adecuado, es al contrario, justamente
al contrario. Siempre hay que evaluar con quien me he puesto a trabajar. Edad,
grado, estado físico, condición espiritual y ganas; sabiendo eso al menos tengo
una idea de hasta dónde puedo llegar y lo que hacemos es recortar un poquito,
para asegurarnos de no ofrecerle más de lo que puede soportar aunque siempre le
iremos llevando hacía estadios superiores, sin forzar y sin que se percate de
que lo hacemos, es parte del Arte de cuidar al compañero, ayudarle a crecer y
mejorar y si siempre le aflojamos no lo hará, lo que hacemos es regularle,
guiarle con paciencia y sin generarle desagrado; mantenerlo en el tatami y
colaborar con él para que disfrute, con cada clase, más, de aprender Judo. No
importa si es o era fuerte, muy técnico y nos vapuleaba, puede venir de una lesión
larga o de años sin entrenar, hay que ayudarle a recuperar todo lo que pueda de
aquella época y cuando lo consiga, entonces sí, le cuidaremos un poco menos
pero le cuidaremos y lo haremos hasta que nos diga que es suficiente, no hace
falta que le cuidemos más y entonces llega lo más difícil: cuidar a quien sabe
perfectamente cuando lo estás haciendo y no quiere que le regales nada. Si se
da cuenta, se enojara y no queremos que eso pase, hay que evitarlo y
conseguirlo es un Arte en si mismo. Si
te ponen con jóvenes, en proceso intensivo de aprendizaje y que todavía les
falta mucho para llegar a Sho Dan, la obligación, el deber es mayor y menos
permisible obviarlo. Un buen Judoka, trabajara con ellos, jamás les lastimara y
podrá llegar a darles verdaderas palizas, proyectarlos veinte veces en 5
minutos, no les generara más que cansancio y conseguirá que siempre le buscaran
para entrenar con él, porque las caídas con ser exigentes y fuertes, no son
duras ni excesivas para cada caso; notaran que caen cada clase mejor que
pierden el miedo y lo mejor: no duelen esas caídas a manos del compañero sádico
que al final no lo es tanto, solo les apreta las tuercas para que avancen y
cómo lo notan, confían en él para que siga haciéndolo. Las primera vez que
vuelan y no lo hacen solos, sienten pavor, aterrorizados piensan por un segundo
que se romperán algo, entonces aterrizan, ruedan y se levantan incluso palpándose,
no lo pueden creer que no haya nada roto, ni duela ninguna parte del cuerpo.
Probablemente en algún momento de la entrada, medí mal el impulso o se movió
hacia un lugar inesperado, el jovencito, desarmándome el control que pretendía
pero no me inquita lo más mínimo, es hora de que aprenda lo que es un Makikomi
bien ejecutado con un compañero que sabe perfectamente lo que hace o que lo
recuerde si es un veterano y simplemente me dejo ir hacia el tatami girando, cayéndole
al compañero y rodándole por encima, pero levemente pasado del eje de su pecho,
para de esa manera evitar caerle en seco sobre el pecho y rodando con mucha
rapidez para que la fuerza del impacto se disipe en una superficie amplia y no
provoque un impacto concentrado que pueda lesionar o generar dolor. Si hay una mínima
duda de que el ataque o la contra no será perfecto, no lo hacemos, simplemente
esperamos otra oportunidad, la idea es no poner en riesgo la integridad de los jóvenes
o veteranos; si bien siempre hay un factor de riesgo, con ellos no lo asumimos
al entender que necesitan tiempo para estar en condiciones de afrontar dichos
riesgos y de paso minimizarlos. Esta semana me toco jugar ambos papeles. Cómo veterano en proceso de
reenganche, con mínimo estado físico, muchas ganas y poca coordinación mente-cuerpo y la vigilancia
permanente del Sensei enfocada en mi para que no me haga el loco; hice Randori
muy suave con un compañero que se me porto con una exquisitez propia de otras épocas.
Me proyecto con sumo cuidado haciéndome reír y haciéndolo él, cuando yo esté en
un estado aceptable, me proyectara cómo sabe y puede, por ahora me ayuda a
recuperar sensaciones. Trabajo a mi nivel, dándome espacio y tiempo, dejándome
ir rodando con facilidad. También cómo veterano pero en este caso en el sentido
del grado y el tiempo que llevo pisando tatamis y sudando Judoguis, me puse con
un compañero veterano que entrena cuando puede y no consigue llegar a un punto
optimo; teme especialmente las caídas, al tener en la memoria, malas
experiencias. Le prometí que le levantaría y no lo proyectaría, trabajamos un
rato así pero en una barrido que le hice, despegamos los dos; mantuve la tensión
del brazo que le agarraba sobre el cuello, me salí de debajo de el con una contorsión
y en el último instante, tire fuerte hacia mí y hacia arriba. Nos levantamos,
le pedí disculpas y me dijo que no se había golpeado, la caída le pareció suave
y mientras fueran así de controladas; recalco controladas a pesar de estar yo también
en el aire, no había problema. Empezó a trabajar más relajado y por eso no
descarto que en algunos meses tenerlo preparado para trabajar con más
intensidad, solo hay que hacerle recordar cómo caer y que vuelva a sentirse cómodo
haciéndolo. El Arte de cuidar y mimar y también
de que te cuiden y mimen, sin importar edad o grado y especialmente a niños y jóvenes;
ganarte la confianza de todos para que sientan que contigo no hay que temer que
seas excesivamente duro pues les cuidaras sistemáticamente aunque les exigirás
proporcionalmente. Vivir las dos caras de la moneda, en una semana, fue una
experiencia gratificante, me hizo sentir un poco cómo cuando era un potro y
siempre era el mimado, aunque les regalo la manera que tenían de hacerlo que
por otra parte ha demostrado ser la necesaria y consistía en cuidarme y de
paso, molerme a proyecciones, estrangulaciones, palancas, inmovilizaciones y
cuantas técnicas existan y sean especialmente duras de soportar; si bien jamás
me lastimaron al hacerlo. Así solemos cuidar en Judo, protegiendo pero haciéndote
subir de nivel al llevarte a esforzarte y trabajar sin que te des ni cuenta de
que lo estás haciendo y para cuando te iluminas, ya lo has interiorizado y seguís
trabajando, ahora por puro placer y gusto. Es realmente complicado dominar al
Judo, cualquiera de sus aspectos y todos son importantes, ninguno debe ser
descuidado pero este, el de cuidar siempre al otro, el de ser empático y ayudar
al prójimo a crecer, me gusta especialmente. Me gusta ponerme con un niño o un
joven que todavía no saben casi nada o prácticamente nada y trabajar con ellos
y también que se ponga un veterano de muchas batallas conmigo, a ayudarme a
volver y haga conmigo, exactamente lo que yo hago con otros, incluso en la
misma clase. Y me parece formidable ver al Sensei que lo observa todo, no se le
escapa nada, haciéndome recordar a otros Senseis; este, cómo aquellos, tiene la
sabiduría nacida de años de prácticas y enseñanzas. Queda mucho por caminar
para saber la mitad de lo que ellos atesoran, para mi tranquilidad y sosiego,
sigo en un Dojo, recorriendo el camino, descubriendo los remansos y vericuetos
que esconde, cada tanto extasiándome, cuando vivo cosas cómo la de esta semana,
donde era mimado y mimaba; no se me había ocurrido pensar que el Arte de Cuidar
era de doble sentido y que podía llegar a pasar en la misma clase, en el mismo
periodo de tiempo y teniéndome cómo protagonista de las dos vertientes o a
cualquier otro Judoka.
sábado, 16 de mayo de 2015
¿Tengo trabajo?
Lo malo de ser pobre y pasar necesidad es
que resultas vulnerable, a casi todo o directamente a todo, lo que puede
afectarte negativamente. A título personal, hablo a título personal, aunque sé
que somos muchos, miles los que pasamos por situaciones decididamente negativas
de forma permanente. Crees que hay instituciones, así te lo han enseñado que se
encargan de velar para que los derechos
que te corresponden, me, nos corresponden, se cumplan con firmeza y sin
paliativos. Estos días, se aprobó con bombo y platillo una suba del 1% de los
sueldos y cada día se llena la cloaca
que tiene por boca el gobierno de turno diciendo que hay más puestos de trabajo
y que la calidad de los mismos está garantizada. ¿Es serio, me dicen un 1% y sonríen
serios al decirlo, convencidos de haber conseguido un logro? Bueno, no han
conseguido un carajo, no cumplieron con su deber y no solo no lo hicieron, además
perpetuán situaciones claramente ilegales ante las cuales no hay adonde
recurrir para que te defiendan y ayuden. Estamos en manos de quienes nos
emplean y somos carne para picar y hacerlo bien finito. No me voy a morir por estar de 12 a 14 horas manejando una camioneta
pero las probabilidades de participar en un accidente por cansancio o distracción,
aumentan exponencialmente. Solo me quedan unas 5 horas para dormir y eso no es
descanso suficiente para recuperar. Algunas
camionetas tienen la tecnología para que el teléfono se escuche por los
parlantes de la radio y se pueda usar con la voz a través de la misma, la mía no lo tiene y
ninguna permite sincronizar la PDA para cuando la empresa te llama a uno u
otra, la radio actué directamente y no tengas que contestar manualmente con la
consiguiente distracción aparejada, tengamos en cuenta que estas en la calle y
quieren o tienen que pasarte información determinante para el trabajo, hay que
contestar por lo tanto, obligatoriamente. ¿Uniforme? Te lo darán,
en algún momento del transcurso de este siglo. ¿Lentes
de sol para proteger los ojos? Los pone el trabajador o se aguanta el ardor de
los ojos ante los reflejos del sol al mediodía castigando todo con dureza, hace
dos días tuvimos 44,5 grados oficialmente y el aire quemaba, el promedio es de
unos 27 y de las 1200 a las 1600, o usas lentes de sol buenos o vas deslumbrado
y medio ciego. Que
la empresa decide hacer cambios, perfecto, los pagaran los trabajadores que
figuran cómo autónomos pero cumplen horarios establecidos por la empresa a los
que deben ceñirse y cobran lo que la empresa les paga sin opción a negociar
nada, son por lo tanto falsos autónomos y eso está prohibido pero nadie entre
quienes deben verlo, ve nada. Por ejemplo: hay que poner carrocerías de frío,
obligado y pagarlas los autónomos o se termino el trabajo; aunque las cambien, seguirán
cobrando lo mismo que hasta la fecha, no importa que hayan tenido que hacer una
inversión importante que no podrán amortizar de ninguna manera. Negocio redondo
para la empresa, bien redondo. Los contratos son a término,
para meses y antes de pasar a ser un contrato sin fecha de caducidad, te mandan
a tu casa, le llaman vacaciones y te dicen que te van a llamar en dos semanas
pero eso no siempre es así y puede que no vuelvan a llamarte. Eso de las
necesidades de la producción es una mentira más, no entran más camionetas a
trabajar, son las mismas, solo bajan a quienes las manejan para burlar a la ley
que cómo buena furcia, se deja hacer encantada, bueno quienes deben velar por
que se cumpla y evitar así, cumplir lo que establece la ley respecto a el tipo
de contratos que se deben hacer según lo establecido por la está para cada
supuesto. Cómo
vengo de estar parado años y la economía tiene más agujeros que una red, léase
una necesidad extrema de trabajar y ganar lo que sea, aguanto incluso malos
tratos, gritos y faltas constantes de educación; derivadas entiendo de esa percepción
de que somos esclavos fácilmente sustituibles por otros, tan baratos e igual de
efectivos; no poder parar a comer muchos días y hacerlo mientras manejo de una
entrega a otra; aguantar para ir al baño hasta que la vejiga amenaza con
reventar y que alguna tarde, pasadas las 1800, cuando ya creo que termino la
locura, me hagan dar media vuelta e ir a entregar o recoger algo, lo que
significa que a las 2100 estaré subiéndome al coche para ir a mi casa. No está
mal, desde las 0630 trabajando a la orden, nada mal. Y comprobarlo, es tan fácil
cómo pedir los registros de los GPS de cada vehículo a las empresas, rápidamente
se vería las horas que cada uno pasa en la calle, en que zona, donde paro y
cuanto tiempo, así que solo hay que tener ganas de hacerlo pero no parece que
las autoridades tengan ganas de hacer nada por los trabajadores. Son miles
más los trabajadores soportando cosas igual de aberrantes pero no hay nadie velando
para subsanarlo y ponerle remedio. Nos han dejado abandonados en la cuneta y
por necesidad, aguantamos cómo buenamente podemos lo que nos cargan a la
espalda y de paso, tenemos que sentirnos bien, tenemos trabajo… y otros no lo
tienen. ¿Cómo saldré adelante? ¿Cómo esperan que pueda proporcionarle a mi hija
las herramientas necesarias para su futuro? ¿Cómo esperan que le de comer y la
vista, y hasta, blasfemia, le asegure un techo? Hay una certeza,
tengo una certeza y es la de que solo nosotros podremos cambiar esto, el
gobierno, las autoridades y por supuesto los empresarios no lo van a cambiar
pues están engordando gracias a nuestra miseria y necesidad; claro que para eso
tengo que darme cuenta de que si el Real Madrid queda eliminado y su estrella
no corre suficiente, eso no me afecta en nada, no me mejora la situación, solo
sirve cómo distracción y escape que es buena cosa, siempre que recuerde lo
sustancial, las condiciones en las que trabajamos y las necesidades que hay en
casa. Eso de que
es lo que hay y repetirlo cómo loros es absurdo, es lo que nos imponen y
aceptamos por la necesidad que arrastramos, pero no tiene ni debe ser así y
repito que se alargara mientras nos preocupe más que un cuadro fue eliminado
del campeonato que la situación económica nefasta que hay en casa, en muchas
casas. Soy un esclavo, somos esclavos y esa realidad es incontestable.
sábado, 25 de abril de 2015
Florecerá con fuerza.
El Dojo es a la antigua. Frugal, sin
ornamentos, unas pocas fotos de reconocidos Judokas ejecutando sus técnicas más
efectivas, además de la de Jigoro Kano. Una concesión a la modernidad es el cronometro
instalado en la pared y algún Judogui azul que rompe la armonía. Por cuestiones
personales, no estoy entrenando y no lleve el Judogui, solo fui a visitarles y
me quede a un costado, mirándoles. Un Judoka que ronda los 50 años, le pide a
un compañero que le ayude, se saludan y en una franjita de tatami, empieza a
trabajar entradas; va y viene, despacio, calentando músculos, tendones,
articulaciones; sintiendo la entrada, paladeándola. La vieja guardia,
trabajaba, buscaba la excelencia, vieja y querida quimera, con las ganas del
joven y la paciencia sabia del que ya entendio que nunca lo conseguirá pero no
por saberlo, deja de intentarlo. Las nuevas hornadas, hablan, juegan o no hacen
nada, el veterano aumenta el ritmo, la perfección lleva años, trabajo, dedicación,
ganas y dosis inconmensurables de amor, de querer llegar, algún día, a dominar
una entrada; una sola, hay muchas. No llega a 15 minutos de trabajo en solitario,
su Uke solo trabajo de Uke pero es tan necesario cómo las ganas que le pone el
experimentado Judoka; cuando empieza la clase ya traspiran levemente, ha ganado
tiempo, al tener a su cuerpo en condiciones de trabajar físicamente sin
arriesgar lesiones, se le ve cómodo haciendo gimnasia, sonríe satisfecho, exuda
felicidad, paz y recién empieza lo bueno. Ese Judoka fue enseñado en otra época
por personas que sabían mucho y tenían claro los conceptos y los objetivos que además
no se dejaban ganar por modas o tendencias. Ahora las nuevas generaciones ni
siquiera saben saludar correctamente y no se les ocurre pulir nada, mientras
esperan que empiece la clase, básicamente
por que ya no se les enseña a hacerlo, cómo no se les enseñan, otras
tantas cosas que antes, eran fundamentales. Por supuesto,
el experimentado Judoka, resulta un rival digno, sabe Judo a borbotones y no
hay jovencito por entrenado y fuerte que se crea, capaz de hacerle pasar malos
ratos o apurarle al límite. Disfrute observándole, he estado haciendo Randori
con él y conozco la letalidad de sus técnicas; lo acertado de sus
explicaciones, cuando te corrige algo o te enseña una nueva posibilidad a
explorar. Evidentemente,
pertenecemos a otra época que se fue y difícilmente vuelva pero resulto hermoso
verle explicar a un Kyu una entrada, buscando trasmitirle lo que atesora; la paciencia
con la que le explica, a cualquiera de los otros jovencitos, no había ido
ninguna de las muchachas que andan bastante vagas últimamente, según me cuentan
o cómo exige a los más avanzados y la deferencia con la que el Sensei permite y
alienta que lo haga, beneficiando así a los alumnos que aprenderán muchísimo más,
al nutrirse de más de una fuente. Las nuevas hornadas de
Judokas no saben tanto o más que nosotros por un solo motivo: no fuimos capaces
de trasmitir ni los conocimientos ni el amor al Judo de la manera adecuada. El
fallo no es del Judo en su globalidad o a las distintas Federaciones, incluyéndola
a la FIJ; por más que hayan tratado de destrozar al Judo sistemáticamente
tomando decisiones que no le han beneficiado en nada. No, hemos sido nosotros,
quienes hemos fallado estrepitosamente, a nadie más le compete hacerle llegar a
las nuevas generaciones de Judokas, el Judo que en justicia, merecen aprender y
conocer. Y me considero tan responsable como cualquier otro, nadie escapa a esa
responsabilidad, ningún cinturón negro puede hacerlo, ni siquiera los que sí
han trabajado duramente para perpetuar al Judo, pues hemos fallado cómo
colectivo. La esperanza anida y late en los pocos Dojos en los que un Judoka pide a
un compañero que le ayude y solo, incomprendido por la mayoría que no por todos,
practica aquello que quiere mejorar, dando muestras de poseer un Judo firme y
sano que en cuanto lo mimemos, florecerá con
fuerza, al no estar completamente desaparecido. Mientras un Sensei, trabaje en
el anonimato de su Dojo, enseñando y trasmitiendo Judo, alejado de los focos
vanidosos, sin dudas, siguiendo el camino legado por los anteriores Senseis y haciéndole
su propio aporte, mientras eso ocurra, tendremos la esperanza de que el Judo
pueda en algún momento, recuperar la vitalidad y la salud que ha perdido que le
hemos robado por no hacer las cosas de la manera correcta sin importar nada
más, solo que se hicieran correctamente.
viernes, 10 de abril de 2015
Ganas.
Trabajar
sobre las debilidades propias, no es fácil y además lleva tiempo; y
verlas, es el gran desafío, ya saben aquello de que vemos la pajita en el ojo
ajeno y no la viga en el propio. Quienes se encargan de educarnos, los padres y
los que no lo son; las detectan con facilidad, la experiencia hija de los años
pasados frente a jóvenes o simplemente devenida por la edad, les da esa
capacidad y naturalmente, tratan de hacernos cambiar o mejorar conductas que no
serán en un futuro, deseables o aceptables. Claro que cuando éramos jóvenes o
lo somos, no vemos más lejos que lo que nos ocupa inmediatamente y conseguir
que presten atención, trabajen sobre esas deficiencias y las corrijan, es un desafío
de unas dimensiones importantes. En Judo, se trabaja el desafío permanente de ser mejor, haciendo lo que
sea, siguiendo el camino del esfuerzo, la superación, la colaboración con los demás
y no hablo solo de conocer las técnicas de combate que también, hablo del todo
que nos hace ser personas. Y cómo el Judo no empieza ni termina en el tatami,
Sensei Firpo dixit; cuando aprendes a enfrentar al miedo en sus muchas
variedades, las dudas, la incertidumbre de una manera natural, y pondré dos
situaciones cómo ejemplo: 1- Al aceptar que te anoten en la categoría libre de
peso por primera vez y te toque un señor de 120 kilos con unos buenos 2 metros
de altura, cargado de músculos y experiencia, al que miras desde tus escasos 17
años, 1,70 metros y 70 kilos tratando de manejar todo lo que sentís y hacerlo
lo mejor que puedas. Lo mejor, a pesar de todo y 2- Algo más fácil en apariencia pero que les aseguro que no lo es: hacer Randori
cada clase con el Sensei. Caes y caes y volves a caer miles de veces; sabes que
te cuida, sabes que va despacio, sabes que regula y empezas a entender que esta
forjándote, forja al hombre, forja al Judoka. Te prepara para el futuro
incierto, ese que transcurre fuera de los tatamis, lejos de tu terruño, en
tierras extrañas, donde jamás sos locatario y siempre tenes que rendir exámenes,
permanentemente. Te prepara simplemente para la Vida, dondequiera que te empuje
el viento; las herramientas están fijadas perfectamente, hay que dar lo mejor
que tengas y hacer lo que sea, lo mejor que puedas, dejando cada gramo de tu corazón
en el intento, sin dudas ni titubeos y conservando las formas.
Llevas trabajando tres días, te dan una camioneta, una hoja con
direcciones y la orden imperativa de llegar a depositar al banco antes de las
1700, hora de cierre; tenes 19 años, más dudas que certezas y una convicción
firme: No solo aceptas el desafío, le pondrás todas tus capacidades para
hacerlo y bien. Solo tenes que comprar un mapa, preguntarle a los taxis o a la policía
y conservar la calma. Era la prueba de fuego y la supere; sabía manejar la presión,
funcionar con ella tratando de ahogarme, en las clases de Judo hay situaciones
que te enseñan a ser frio, táctico, contar con una estrategia y a pesar de las
pulsaciones, conservar el control en todo momento de la mente, atento a todo lo
que debe ser tenido en cuenta y para lo que no hay excusas que valgan nirazones a esgrimir que justifiquen la no observancia de las mismas. Han pasado muchos años y ha vuelto
a pasar. Nuevo, con todo por aprender, me dieron una ruta de reparto que no
conocía a las 0802; solo sabía llegar al Dojo que casualmente, queda en esa jurisdicción.
Una camioneta cargada de paquetes y sobres, sin mapas y el desafío que se me
antojaba abrumador, de entregar todo. Lo intente con el corazón y fui derribado.
Perdí el motor número 4 a las 11, en una entrega a las Universidades; el motor
2 a las 1307 en un pueblo cercano y en menos de media hora, al 1. Con un solo
motor caía en picado y el encargado me mando auxilio, al enterarse a las 1540
que estaba en esa ruta, solo. Fue inútil, un impacto directo en la cola me
derribo al tener que dejar y levantar otro paquete, en una dirección
mal escrita, a la que llegue tras bajarme de la camioneta y pedirle a una policía
que me orientara, eran las 1657 y quedaban paquetes y sobres que en una hora
larga, no entregaría ni en helicóptero. A
las 1843 di por finalizada la jornada de reparto, 43 minutos pasado de hora y enfile a la base, por el
camino me consolé pensando que no había guardado nada, había sido honesto,
pasara lo que pasara, yo me había esforzado al máximo y debía valer, para mi
valía, había cumplido. Subí la rampa a las 1918, estacione en el lugar
asignado, descargue la camioneta para llevar los paquetes y sobres no
entregados a Control de Incidencias, apareció el encargado que me dio la
gracias. Dijo que había mirado mis desplazamientos en el GPS de la camioneta y
quedaba claro que me había fajado como un diablo, que no me preocupara por lo
que no había entregado, solo el hecho de salir a intentarlo le servía y si
encima, me esforzaba de esa manera, cuando aprendiera, no se me atragantaría
ninguna ruta. Agradecí
esas palabras y agradecí todavía más al Judo, a mis Senseis que me dieron esa
capacidad de afrontar los desafíos con ganas, tratando de meterles diente, no
solo de quedar bien fingiéndolo, no; la capacidad de apretar los dientes,
reconducir el miedo, las dudas, la rabia, la frustración y conservando las
formas, hacer lo que debes hacer y hacerlo con corrección. Fue
un buen combate, era un adversario temible y un desafío imposible, por supuesto,
me derribo, naufrague, pero cómo Sensei Firpo dixit: Importa más cómo se pierde
o gana, que la derrota o la victoria en sí mismas. Es la manera en la que
perdes o ganas, lo que importa; es lo que los demás valoraran. Ganas. Hay que tener ganas y
ponerle ganas a todo.
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